Mostrando las entradas con la etiqueta Islam. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Islam. Mostrar todas las entradas

10 diciembre 2006

BENEDICTO XVI EN TURQUÍA: ENTRE MUSULMANES Y ORTODOXOS.

La semana pasada, Benedicto XVI emprendió una breve gira por Turquía. Como siempre, hubo una buena serie de gestos ceremoniales, en este caso haciendo guiños al ecumenismo. Pero Benedicto XVI ha destacado precisamente por rehuir de las tendencias ecuménicas. ¿Es que acaso el mundo está al revés? El Ojo de la Eternidad ofrece algunos antecedentes que ayudan a explicar lo que acaba de suceder en Turquía... si es que cabe explicar eso de alguna manera.


[IMAGEN SUPERIOR: El Papa Benedicto XVI y el Patriarca Bartolomé I hacen una declaración conjunta, durante el viaje del primero a Turquía].

EL VIAJE DE BENEDICTO XVI A TURQUÍA.
Después de su apoteósica y nazistoide aparición en Alemania, el resto de los viajes apostólicos de Benedicto XVI han pasado casi desapercibidos. Estos fueron un viaje a Polonia, otro a España, y un segundo viaje, esta vez de carácter más privado, a Alemania, concretamente a Baviera. El viaje a Turquía prometía ser otro más, sin demasiada relevancia mediática, pero una serie de sucesos le dieron mayor relevancia.
En primer lugar están las tensas relaciones entre Turquía y el Vaticano. Es sabido que desde hace mucho tiempo se está negociando el ingreso de Turquía a la Unión Europea, operación política que el Vaticano ha resistido con firmeza, bajo el argumento (falaz, por supuesto) de la "raiz cristiana de Europa". Aunque el Vaticano, utilizando la sibilina mezcla de diplomacia y Teología que le es tan característica, no ha aludido directamente a Turquía, es claro que no quiere influencias contaminantes extranjeras en un continente mayoritariamente cristiano, al cual el Vaticano por lo mismo considera como su propio patio trasero.
En segundo lugar, están las tensas relaciones entre Benedicto XVI y los musulmanes. Durante la invasión de Estados Unidos a Irak, Benedicto XVI exigió con firmeza destemplada que se respetara a la minoría cristiana de dicho país (aunque ésta no es católica sino jacobita). Después sobrevino el infortunado discurso de Ratisbona, con el cual consiguió irritar a una buena fracción de musulmanes. Y es que Joseph Ratzinger tenía antecedentes, antes de ser Papa, de intolerancia religiosa, los cuales fueron plenamente confirmados por sus actuaciones posteriores.
En ese sentido, el viaje de Benedicto XVI a Turquía tuvo algunos resultados desconcertantes. En lo político, realizó una serie de actos fraternales hacia Turquía, y pareciera ser que admite ahora la posibilidad de que ésta se incorpore a la Unión Europea. En cuanto a las otras confesiones religiosas, se mostró conciliador hasta un punto que nunca antes había alcanzado: el gesto más espectacular fue, por supuesto, la declaración conjunta que emitió con Bartolomé I, Patriarca de Constantinopla, pero también hubo gestos hacia la Iglesia Armenia, encabezada por el Patriarca Mesrob II, y también hacia los musulmanes. ¿A qué se debe esta espectacular voltereta? ¿O ésta no es tal...?

EL PROBLEMA ECUMÉNICO.
La primera cuestión, y quizás la más trascendente, es el asunto de la separación entre la Iglesia de Oriente y Occidente. La historiografía occidental denomina a esta separación el "Cisma de Oriente", dando a entender que es la Iglesia Ortodoxa la que se habría separado del Papado, y sería por tanto "cismática". Como suele suceder, el asunto no es tan simple. En realidad, en el año 1054 (fecha de la separación) ninguna de las dos iglesias, la de Constantinopla o la de Roma, podía arrogarse la primacía sobre la otra. El cisma se consumó, de hecho, mediante excomuniones mutuas, que era la única manera que tenían de castigarse una a la otra, toda vez que no cabía tomar medidas disciplinarias distintas, ya que no había subordinación jerárquica entre éstas. Desde el ángulo "oriental", incluso, es claro que los cismáticos son los católicos, algo que reafirman con su título oficial de "Iglesia Ortodoxa", o sea, defensora de la ortodoxia, de la verdadera fe.
Por lo tanto, resolver el problema de la separación entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa no es tan simple. Esto implica nada menos que determinar el problema de la primacía: ¿debe predominar Roma sobre Constantinopla, Constantinopla sobre Roma, o ambas deben mantener primacías paralelas? Por supuesto que la tercera solución no soluciona nada en absoluto, porque significa mantener el actual status quo. En cuanto a las otras dos soluciones posibles, implicaría una enorme renuncia para cada una de ellas. Desde luego que la arrogancia de Benedicto XVI no soportaría reducirse al papel de segundón de Constantinopla, pero por la otra, no hay razones ni teológicas ni prácticas por las cuales debería ser Bartolomé I quien diera ese paso.
La consecuencia de esto queda expresada en la Declaración Común que emitieron Benedicto XVI y Bartolomé I, la cual puede ser leída en el sitio del Vaticano (versión en inglés, aquí). Detrás de la retórica pomposa, el único acuerdo que ambos alcanzan es simplemente que ambos desean un acuerdo. Esta señal de unidad puede parecer vigorosa, pero es importante en este discurso lo que no hay presente: no hay renuncias mutuas o unilaterales, no hay definiciones doctrinales o disciplinarias, ni hay bases sólidas para ningún acuerdo. La Declaración Común, por tanto, contiene sólo gestos de buenas intenciones, sin ahondar en las cosas verdaderamente importantes para resolver el dilema.

LOS MUSULMANES FRENTE AL PAPA.
El problema más delicado era, por supuesto, el de los musulmanes. Se llegó a discutir si el Papa debería usar un chaleco antibalas, ante la eventualidad de un atentado, pero éste rechazó usar uno (oficialmente, al menos). Poco después de la llegada de Benedicto XVI a Turquía, hubo hondas manifestaciones en su contra.
Pero el Papa esta vez se cuidó mucho de ofender a los musulmanes. En la propia Turquía siguió el ritual clásico de los visitantes, de hacer una visita al Mausoleo de Atatürk, el fundador de la Turquía moderna.
Una hábil jugada fue defender la libertad religiosa en Turquía. Aunque oficialmente Turquía es un estado laico, en la práctica los musulmanes son la inmensa mayoría, y las leyes están cargadas en su dirección. La protesta de Benedicto XVI le permitió erigirse una vez más como el campeón de la libertad y la tolerancia religiosa (algo que nunca ha sido, pero que trata de aparentar), sin posibilidad de que le contestaran alguna cosa.
El momento clave fue su visita a Santa Sofía. Esta Basílica, inagurada por Justiniano en el año 537 y convertida después en mezquita (en 1453), se convirtió en centro de algunos musulmanes fanáticos que consideraban ofensivo que un cristiano pisase lo que alguna vez fue un templo musulmán (como si ellos no hubieran hecho lo mismo, a la inversa, medio milenio atrás). Pero el Papa rezó con el rostro mirando hacia La Meca, con gestos y actitudes de un musulmán en oración, y con eso limó algunas asperezas.

EN RESUMEN...
¿Hubo resultados prácticos del viaje de Benedicto XVI a Turquía? Probablemente no. Como puede observarse, fue un viaje cargado de gestos simbólicos de toda clase, pero que no hicieron sino tocar puntos tangenciales a los verdaderos problemas. La operación ecuménica no puede tener éxito porque ni el Papa ni el Patriarca cederán en sus respectivos primados, y el acercamiento a los musulmanes tampoco puede tenerlo en tanto Benedicto XVI siga tensando la cuerda como lo hizo en Ratisbona, y calmándola como en Turquía. Por otra parte Turquía, a pesar de ser una nación musulmana en la práctica, tiene un régimen político de inspiración laica, europea y occidental, y por ende, no es una nación musulmana típica.
Entonces, ¿por qué tanto alboroto? Probablemente por el morbo de ver a Benedicto XVI y los musulmanes ajustándose cuentas entre sí, por el Discurso de Ratisbona. Lo que abre una nueva e inquietante pregunta: ¿no habrá el viejo zorro de Ratzinger ofendido intencionalmente a los musulmanes, para generar un escándalo artificial que le diera relevancia mediática a su por entonces inminente viaje a Turquía...?

17 septiembre 2006

EL DISCURSO DE RATISBONA: LOS MUSULMANES CONTRA BENEDICTO XVI.

El pasado 12 de septiembre, en el marco de su segunda gira apostólica por Alemania, Benedicto XVI pronunció un discurso en el Aula Magna de la Universidad de Ratisbona, que a la larga resultaría enormemente polémico e incendiario. No pocos grupos musulmanes han protestado, e incluso alguno ha lanzado amenazas de muerte contra Benedicto XVI. ¿Es realmente para tanto? El Ojo de la Eternidad inspecciona y comenta el contenido del discurso de Benedicto XVI, para explicar el motivo de tanto alboroto.


[IMAGEN SUPERIOR: Benedicto XVI es recibido en Alemania, durante su segunda gira como Papa por dicho país, en Septiembre de 2006].

NOTA: Ya que el contenido de este posteo versa sobre un discurso de Benedicto XVI y sus consecuencias, nuestros lectores podrían querer leerlo de primera mano. Para echarle un vistazo, pueden consultarlo en los siguientes enlaces:
En castellano, aquí.
En inglés, aquí.
En italiano, aquí.
En alemán, aquí.

LA SEGUNDA GIRA DE BENEDICTO XVI A ALEMANIA.
Cuando el anciano Joseph Ratzinger fue entronizado (o, según las malas lenguas, se entronizó él mismo usando palos blancos dentro del Colegio Cardenalicio), muchos se preguntaron sobre si iba a emprender tantas giras como Juan Pablo II en su tiempo. A un año y medio de Papado de Benedicto XVI, la respuesta es clara: sus viajes han sido mucho más medidos, y harto menos mediáticos. Es cierto que su primer viaje, a su Alemania nativa, fue cubierto hasta la saciedad por los medios (no insistiremos en ello, porque le dedicamos en su tiempo un posteo en El Ojo de la Eternidad), pero sus otras giras han pasado bastante desapercibidas. Su viaje a España no estuvo exento de polémica, por algunas declaraciones algo contundentes sobre la familia y la relatividad moral, pero como se trataba de algo más o menos esperable, considerando la vieja tosudez de Benedicto XVI en insistir sobre temas valóricos, a despecho de otra clase de problemas más urgentes como la sobrepoblación mundial o la reforma interna de la Iglesia Católica, el asunto no pasó a mayores.
Pero la nueva gira de Benedicto XVI a Alemania volvería a encender la mecha. A diferencia de su primer viaje, en el cual Benedicto XVI se presentó como un rockstar al más puro estilo Marilyn Manson, o bien el protagonista ficticio del filme "The Wall" de Alan Parker y Pink Floyd, en esta ocasión debía ser un viaje mucho más recogido y menos mediático. Por supuesto que arreciaron las presentaciones públicas y los discursos, pero éstos han sido menos recogidos por los medios, y la organización en general se ha preocupado no tanto de acarrear gente, como de producir hitos simbólicos.
Desde este punto de vista, es toda una sorpresa que el escándalo mayor del segundo viaje de Benedicto XVI a Alemania haya sido producto de un discurso que, en realidad, bien leído, no tiene nada de incendiario. O por lo menos, no es tan explosivo como otros más destemplados que Benedicto ha pronunciado. El objetivo del discurso de Benedicto XVI no tenía nada que ver con la lucha religiosa entre el Islam y el Catolicismo. Y sin embargo, muchos musulmanes se tomaron muy a mal las palabras de Benedicto XVI. Y no sólo grupos integristas islámicos lo hicieron así: incluso el rey de Marruecos llegó al extremo de retirar a su embajador en el Vaticano, en protesta por el discurso. La gran pregunta, considerando que los únicos hispanohablantes que se han dado el trabajo de leer de punta a cabo el discurso de Benedicto XVI son algunos católicos fanáticos, y también la redacción de El Ojo de la Eternidad, es entonces ¿era realmente para tanto?

LO QUE BENEDICTO XVI DIJO EN LA UNIVERSIDAD DE RATISBONA.
El discurso de Benedicto XVI era en esencia bastante pacífico, o al menos mucho más de lo que es habitual en él. El esqueleto estructural en torno al cual gira la disquisición del discurso, es el problema de la relación entre la razón y la fe. Como es un discurso dirigido a estamentos universitarios, y a varios científicos, toca por supuesto el tema de la racionalidad científica y la fe. Y el hilo conductor que eligió para enhebrar todos sus tópicos, es el problema de si la naturaleza de Dios es plenamente racional.
Debe decirse que en este caso, el discurso de Benedicto XVI sigue un zigzag bastante complicado. Después de algunos preliminares a cargo de sus remembranzas de la vida universitaria en Ratisbona, en donde hizo clases décadas atrás, Benedicto XVI entra en un viejo debate, que envolvió a Manuel II Paleólogo, emperador bizantino del siglo XIV, con un erudito persa. La materia del debate es el problema de la legitimidad de la conversión a una religión determinada por medio de la fuerza, en general, y en particular de la guerra santa como método para propagar la fe. La postura defendida por Manuel Paleólogo es que propagar la fe verdadera (cualquiera sea ésta) por medio de la violencia es abiertamente irracional, y por lo tanto, ilegítimo, ya que actuar de un modo no racional es contrario a la naturaleza misma de Dios. Pero, añade citando al autor que recopiló el discurso de Manuel II Paleólogo, el erudito persa podría bien no estar de acuerdo, porque en la tradición cristiana, Dios y la razón se identifican plenamente, mientras que en la tradición musulmana Dios es trascendente e inmanente, y por tanto, Dios trasciende toda posible razón humana.
Aquí es donde recién Benedicto XVI entra en materia. El resto del discurso describe la tensión entre estos dos posibles extremos (un Dios que por ser racional, debería en principio sacrificar su inmanencia, por una parte, y por la otra, un Dios inmanente que no está encadenado a nada, ni siquiera a lo que es bueno, verdadero o racional). El primer camino es el propio del ethos cristiano, según Benedicto. Describe así latamente como la fusión de la tradición filosófica griega y la tradición religiosa bíblica llevaron a la identificación de la Palabra de Dios con el logos griego. Ahora bien, en griego logos tiene una connotación no sólo de palabra, sino también de algo racional (logos es, en griego, lo contrario de pathos, que significa aproximadamente sentimiento o dolor). Durante el resto del discurso, describe como dicha creencia fue puesta en tela de juicio por algunos teólogos medievales, que defendieron el inmanentismo prescindiendo incluso de la idea de un Dios racional, y después por los sucesivos embates de la Reforma y otras corrientes que buscaban "deshelenizar" a la religión, y como parte de su programa, privar a Dios de su aspecto racional.
Los planteamientos de Benedicto XVI son, por supuesto, sumamente discutibles, partiendo por el hecho de que no parece haber manera racional alguna de defender la existencia de Dios, y por tanto, presuponer que Dios es alguien racional es, como mínimo, algo temerario. Pero se ajustan a la más estricta ortodoxia cristiana, toda vez que, como el propio Benedicto se encarga de recordar, la Palabra de Dios que crea el mundo en el Génesis (el Verbo) es identificado con el Logos racional griego. Pero en lo que mira al escándalo, es bien obvio que la idea principal de Benedicto pasa muy de lejos por la crítica contra los musulmanes. La alusión a éstos es bastante parcial, está contextualizada de la cita de un emperador largo tiempo ya muerto, y en realidad está dirigida a un núcleo de catedráticos universitarios a quienes el tópico musulmán deja más bien indiferente, en vez del realmente importante, a saber, cuál es el papel de la religión con respecto a la racionalidad científica en particular, y a la racionalidad en términos amplios, en general. En ese sentido, es claro que los musulmanes, o al menos los musulmanes extremistas que han amenazado con un atentado terrorista contra Benedicto XVI, se han tomado demasiado a pecho afirmaciones de las que, por una vez en la vida al menos, Benedicto XVI parece ser inocente de la intención de injuriar. Y si la inclusión de la historia de Manuel Paleólogo era intencional, para denostar con la sutileza sibilina de los teólogos a la religión musulmana, entonces esta alusión resultó tan etérea que bien los musulmanes podrían haber prescindido perfectamente de ella, sin darse por enterados. Entonces, ¿por qué tanto revuelo a causa un discurso que verdaderamente no lo merece...?

UN NUEVO EPISODIO EN EL HISTORIAL DE DESENCUENTROS.
Cuando hay madera seca suficiente, basta el más miserable de los fósforos para incendiar un bosque. Quizás este discurso en sí mismo sea una nadería, pero es innegable que el revólver estaba cargado desde hacía bastante tiempo. Y aunque Benedicto XVI sea en verdad inocente de la posible mala intención que este discurso pudiera tener hacia los musulmanes, lo cierto es que su arrogancia y prepotencia son las que lo han colocado en un pésimo pie para tratar con el mundo islámico.
La actitud de Benedicto XVI hacia los musulmanes no ha sido condenatoria del todo, es cierto, pero por otra parte ha sido bastante ambivalente. El sello característico de Benedicto XVI, como teólogo primero, y en menor medida como Pontífice después, ha sido un fundamentalismo depredador. Todo aquello que difiere de su santa opinión sobre cualquier tema ético o moral, Benedicto XVI lo califica de relativismo, y lo condena como tal sin más. El verdadero pecado de Benedicto se trasunta bien en su discurso, leyendo entre líneas: quizás no es una condena contra los musulmanes en general, pero hay una sutil identificación entre el Islam y una posición inmanentista que Benedicto descalifica de inmediato como irracional. Una de las conclusiones que pueden extraerse del discurso de Benedicto, es que el Islam es una religión eminentemente irracional, y el Cristianismo, al menos en su versión católica, una eminentemente racional, porque el Cristianismo tiene como herencia el logos griego, y el Islam no. Esto está en concordancia con la actitud displiscente de Benedicto contra todos aquellos quienes no sostienen sus ideas, y que se vertió en la durísima persecusión que emprendió en su época contra la Teología de la Liberación, por ejemplo.
Por otra parte, Benedicto XVI ha actuado ciertamente con hipocresía al condenar la violencia. El mismo ha manifestado un furor paulino en reprimir a aquellos quienes no piensan como él, pero no ha tenido empacho en condenar la violencia del terrorismo religioso. Aunque el terrorismo religioso sea algo malo, no es Benedicto XVI la persona que tiene mayor autoridad moral para atacarlo. Y esto, los musulmanes lo resienten.
Por otra parte, el Cristianismo ha tenido una relación de eterna enemistad hacia los musulmanes. La guerra contra el infiel fue el programa político continuo de la Iglesia Católica durante todos los siglos desde la Héjira hasta el fin de la Edad Media, y aún en el siglo XVIII todavía hacía llamados (vanos, por supuesto) a la Cruzada. En el siglo XX dicha actitud se ha desvanecido, pero uno puede legítimamente preguntarse si esto se debe a un cambio de actitud de la Iglesia Católica, o a que simplemente ha perdido demasiado poder como para permitirse el lujo de convocar a una Cruzada. La Iglesia Católica perdió así históricamente una magnífica oportunidad de enmendar sus errores, y por ende, la autoridad moral para condenar a quienes ahora en la actualidad emplean los mismos métodos terroristas que ella utilizó contra los musulmanes. En ese sentido, Benedicto XVI, perdido en sus ensoñaciones teológicas sobre el logos cristiano y sobre la inmanencia de Dios versus la razón, sigue viviendo de espaldas a la Historia. Y quienes no aprenden del pasado, están condenados a repetirlo...

20 abril 2006

BENEDICTO XVI: AÑO UNO.

El pasado 18 de Abril, Benedicto XVI cumplió su primer año de Pontificado. Por desgracia para la Iglesia Católica, el Panzerkardinal ha heredado algunos pésimos hábitos de su pasado, y ha insistido en una aproximación totalitaria y muy poco caricativa a la religión cristiana. El Ojo de la Eternidad aprovecha la oportunidad de hacer un balance de su primer año a cargo de la Iglesia Católica.

LA LLEGADA DE BENEDICTO XVI AL PODER.
El día 2 de abril de 2005 falleció Juan Pablo II, después de cerca de 26 años y medio de pontificado. Sin embargo, para mucha gente era evidente que Juan Pablo II hacía tiempo que ya no era Papa, o por lo menos, se esforzaba demasiado en serlo, cada vez más acorralado por las enfermedades degenerativas que lo acosaban. Surgieron entonces los inevitables rumores e intrigas por el tema de la sucesión. Los primeros síntomas de que algo raro pasaba, se produjeron cuando hubo orden interna dirigida a todos los cardenales, de no hacer declaraciones a la prensa en ningún sentido.
La elección del año 2005 fue histórica en un amplio sentido. Juan Pablo II había liderado exitosamente un movimiento tendiente a aplastar la obra del Concilio Vaticano II, y su largo pontificado había profundizado una noción autoritaria de lo que debe ser la Iglesia Católica. Pero en ese tiempo, el mundo había cambiado. La sociedad civil le perdía el respeto a la Iglesia de manera cada vez más acelerada. Se publicaban abiertamente libros sobre las diversas intrigas vaticanas, no sólo sobre aquellas de los pasados siglos, sino también sobre investigaciones relativas al oscuro fallecimiento de Juan Pablo I y las vinculaciones de los principales sospechosos a la Banca Vaticana y las finanzas de la alta política italiana. Además, una enorme revolución mediática se había producido. La principal fuente de información en la elección de 1978 había sido el periódico y la televisión. En 2005, había sido Internet. En ese sentido, lo poco transparente de la elección había quedado aún más de manifiesto, no porque ésta en particular lo hubiera sido por sobre las anteriores, sino porque ésta era mucho más visible para el mundo.
A diferencia de elecciones pasadas, la de 2005 no era entre un ala reformista "pro Vaticano II" y una conservadora, sino entre una conservadora moderada y una conservadora radical. En el largo papado de Juan Pablo II, la mayor parte de los cardenales reformistas y adeptos a una interpretación del Catolicismo social y mundana habían sido barridos, reemplazados por un Colegio Cardenalicio conservador, tridentino y ultramundano.
Por otra parte, Joseph Ratzinger había sido el ala derecha de Juan Pablo II durante muchos años. La elección de éste, bien conocido por su fanatismo religioso hasta el punto de haber sido bautizado como "Panzerkardinal" o "Rottweiler de Dios", no debería haber resultado una sorpresa.

LOS ANTECEDENTES DE RATZINGER.
No había nada de tranquilizador en el pasado de Joseph Ratzinger. Había vivido su niñez y juventud en la Alemania Nazi, e incluso había participado en las Juventudes Hitlerianas. Los adeptos de Benedicto XVI lo defienden señalando que dicha participación era obligatoria en aquel tiempo, y además fue de apenas un año, pero cuesta pensar que el virus del autoritarismo no pudo haberse inoculado por la presión social en aquellos años.
En los años siguientes, como sacerdote, Ratzinger era uno de los teólogos liberales, ubicado dentro del ala reformista de la Iglesia Católica durante el Concilio Vaticano II. Sin embargo, andando el tiempo, la observación de las revueltas de 1968 le provocaron vivo asco. ¿Acaso el puritanismo, el espíritu disciplinado, férreo y militar, o el autoritarismo asociados al espíritu germánico, hicieron efecto en él? Como sea, se volvió más conservador que los propios conservadores, y cuando Juan Pablo II le llamó a ser el encargado de controlar la Congregación de la Doctrina y de la Fe, sucesora de la Santa Inquisición, desarrolló una implacable persecusión de todos los elementos disidentes. Irónicamente, el Papa polaco que venía de un país asolado por los nazis, tenía como brazo derecho teológico a un antiguo nazi.

EL PRIMER AÑO DE BENEDICTO XVI.
Tanto el pasado de Benedicto XVI como su manera intrigante de llegar al poder, eran un seguro anticipo de lo que vendría. Y en ese sentido, el pontificado de Benedicto XVI ha sido casi completamente estéril en obras. Para decirlo más claro, Benedicto XVI se ha desgastado haciendo gestos hacia la platea, pero no ha hecho nada que pudiera ser considerado un bien para la Iglesia Católica, sus fieles, la defensa de los valores humanos, o la Humanidad en su conjunto.
Uno de los grandes desafíos que Benedicto XVI heredó de Juan Pablo II, era la modernización de la Iglesia Católica. Juan Pablo II había promovido una Iglesia abierta al mundo, consciente de la importancia creciente de los medios de comunicación, pero al mismo tiempo había reforzado el autoritarismo papal con la promulgación del Código de Derecho Canónico y el Catecismo de la Iglesia Católica. En ese terreno, Benedicto XVI no ha hecho absolutamente nada. Su pontificado ha sido de una inercia pasmosa, y por tanto, la Iglesia Católica sigue yendo hacia el desastre, con la creciente sangría de sacerdotes que vive todos los días.
Por otra parte, en los tiempos actuales conviven por una parte la pluralidad de ideas más grande que ha vivido la Humanidad desde sus comienzos, con el resurgimiento de toda clase de intolerancias y fanatismos de toda clase. En esto, Benedicto XVI también ha dado un paso hacia adelante y uno hacia atrás. Por una parte, ha intentado promover el ecumenismo teniendo conversaciones con representantes de otras religiones y grupos: con los anglicanos, con los lefevristas, con los ortodoxos, con los musulmanes. Sin embargo, éstas han sido meramente protocolares. En lo esencial, Benedicto XVI ataca con fuerza "el relativismo", su bestia negra, que él identifica con todo aquello que no se corresponde con la Iglesia Católica. ¿Qué clase de diálogo ecuménico o interreligioso puede nacer de aquí?
Tampoco ha sido un pontificado pródigo en grandes gestos. El caballo de batalla fue la reunión de Benedicto XVI con los jóvenes en Colonia. Sin embargo, de ella nada bueno puede salir. El discurso de Benedicto XVI en dichas jornadas fue todo lo fundamentalista que pudo ser, llamándolos a ser buenos y decentes, pero a la vez, dando a entender de manera sutil y ladina que eso era exactamente igual a ser un buen católico (¿acaso el agnóstico Einstein, el agnóstico Darwin o el agnóstico Carl Sagan eran malas personas o con su obra perjudicaron a la Humanidad...?). O sea, si esta reunión genera alguna clase de frutos, no pueden ser otros sino el fundamentalismo y fanatismo, el culto a la personalidad de presentar a Benedicto XVI igual que si fuera un rockstar. No insistiremos más, porque hablamos latamente sobre el particular en un posteo anterior.
Por otro lado está la primera encíclica, en donde pontificó sobre el amor. Sin embargo, la manera de hacerlo fue, cuando menos, curiosa, y en definitiva es un ejercicio de Teología bastante torcida, que dejó bien en claro que una cosa es hablar sobre el amor y la caridad, y por otro lado, ejercerla. También hubo un posteo anterior sobre el particular, así es que no insistiremos.
En definitiva, el primer año de pontificado ha sido todo lo anodino que se puede, lleno de pirotecnia y fuegos artificiales, pero sin ningún fruto concreto. O por lo menos, eso es lo mejor que cabe esperar, porque si surge algún fruto de todo esto, no puede ser otro sino el recrudecimiento del fanatismo religioso de los católicos, algo que no le hace ningún bien ni a ellos, ni al resto de la sociedad que tiene que convivir con ellos.

02 marzo 2006

IRAK AL BORDE DE LA GUERRA CIVIL (OTRA VEZ).

Un antiguo dictador derrrocado. Un ejército de ocupación integrado por "infieles". Un país desgarrado por dos ramas de una misma religión. Una etnia rebelde en las montañas del norte. Y un pasado político y religioso como peón de las grandes potencias asiáticas y europeas. La crisis religiosa de Irak que amenaza desembocar en guerra civil era algo anunciado. Tanto, que El Ojo de la Eternidad ya había reporteado sobre el particular. El Ojo de la Eternidad repasa algunas claves para entender la crisis religiosa que se vive en dicho país.


[IMAGEN SUPERIOR: Mezquita en Samarra, ciudad de Irak. Fue precisamente en dicha ciudad en donde ocurrió el atentado que amenaza con precipitar a Irak en una sangrienta guerra civil de religión].

UNA TRAGEDIA ANUNCIADA.
No es algo para enorgullecerse, el acertar en lo relativo a malos augurios, pero el desastre que significó el atentado contra una mezquita en Samarra, es algo que habíamos anunciado hacía varios meses, en El Ojo de la Eternidad. De hecho, dedicamos al menos dos artículos que tocaban incidentalmente el tema: "El lío religioso que se cocina en Irak", y "Los chiítas: Los rebeldes del Islam". Pero como parece que en Irak nadie lee El Ojo de la Eternidad, no está de más repasar lo que está ocurriendo allá, y que no es sino la desafortunada coincidencia de un cúmulo de problemas históricos y religiosos jamás bien resueltos, y que ahora siguen pasando su trágica factura en costo de vidas humanas y pérdidas materiales.
De partida, la idea tan vaquera de George W. Bush de declarar la guerra a Irak, invadirla, derrocar a su dictador e instalar un ejército de ocupación era, en el mejor de los casos, ingenua. No es que Saddam Hussein fuera un tipo agradable o simpático, pero debido a la complejísima situación geopolítica de Irak, sumado al virulento antioccidentalismo que se vive en el mundo islámico, esa empresa era justamente algo similar a meterse en camisa de once varas. En esa trágica invasión, sobre cuya ilegitimidad nunca se ha insistido lo suficiente (hecha en base a pruebas falsificadas y evidencia insuficiente, y pasando por alto al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas), está la semilla de los grandes males pactuales para el pueblo iraquí.

ESA CURIOSA ENTELEQUIA POLÍTICA LLAMADA "IRAK".
Irak se asienta en lo que antiguamente se llamaba Mesopotamia, una franja de terreno cultivable entre los ríos Tigris y Eufrates que desde antiguo fue presa codiciada para todos sus vecinos, los beduinos del desierto al sur, y los montañeses de las cordilleras al norte. Como resultado, la historia de dicho territorio es una larga y muchas veces monótona seguidilla de invasiones. Una de esas tantas invasiones se produjo cuando los musulmanes irrumpieron en territorios del Imperio Sasánida (un imperio de religión zoroastriana que controlaba lo que actualmente es Persia), y lo hicieron parte de sus dominios. No habían pasado ni una decena de años, cuando los victoriosos musulmanes se dividieron en una sangrienta guerra civil. En ella se enfrentaron dos elementos. Uno de ellos fue un grupo tradicionalista y ultraortodoxo, los chiítas, quienes sostenían que la misión de conservar la palabra del Profeta Mahoma recaía en sus descendientes sanguíneos. Eran por tanto seguidores de Alí, califa que había contraído matrimonio con Fátima, hija de Mahoma. El otro grupo, los sunitas, buscaba adaptar el Islam a la nueva realidad política musulmana, creando para ello la Shariah (la ley islámica paralela al Corán, e inspirada en éste), y se habían amparado en la Casa Omeya. Los chiítas fueron derrotados en toda regla y se convirtieron en un montón de facciones revoltosas minoritarias, mientras que los omeyas sunitas tomaron el control y ya no lo soltaron más. Los chiítas siguieron siendo minoría en todo el mundo islámico hasta que casi un milenio después, en el siglo XVI, un caudillo persa rebelde llamado Ismail Safaví creó un imperio chiíta en Persia, y exterminó a la mayoría sunita en sus dominios por medio de persecusiones y conversiones forzadas.
En el siglo XIX apareció en escena el colonialismo europeo. Irak había caído mientras tanto en manos del Imperio Otomano, el cual, a pesar de estar en estado agónico, era mantenido por el juego político de las superpotencias (concretamente era apoyado por Inglaterra, para impedir que Rusia saliera al Mar Mediterráneo). Pero en la Primera Guerra Mundial, los otomanos apoyaron al Eje, razón por la que los británicos le dieron entusiasta apoyo a un famoso líder llamado Thomas Lawrence, mejor conocido como Lawrence de Arabia, para promover la rebelión. Como consecuencia de todo esto, el Imperio Otomano fue desmembrado, y el antiguo territorio de Mesopotamia, que no había sido en verdad nunca independiente de sus turbulentos vecinos, obtuvo una independencia como estado nacional, cuando en verdad nunca había existido una nación allí. Con lo que empezaron los problemas.
Después de una abigarrada historia política, el poder cayó en manos de un dictador secular llamado Saddam Hussein. A diferencia de la caricatura del líder fundamentalista musulmán vociferando con el Corán en la mano, Hussein intentó crear un estado secular moderno (aunque no democrático). Para ello se apoyó fundamentalmente en la minoría sunita, en desmedro de la mayoría chiíta, fuertemente más fanática, a la que persiguió con saña. Eso, hasta que su caída le dio una nueva oportunidad a la intransigencia chiíta.

¿RECONCILIACIÓN ENTRE CHIÍTAS Y SUNITAS?
La dinámica entre sunitas y chiítas es la propia entre cualquier mayoría moderada y una minoría fanática, debido a su propio historial político y religioso. Como decíamos, los sunitas creen en el Corán, pero también en la llamada "tradición" (Sunnah), la que aparece regulada en la Shariah. Los chiítas, por su parte, son rígidamente apegados al Corán, y consideran a la Sunnah como una tergiversación, incluso una falsificación, del verdadero sentido del Corán. Es la misma diferencia entre los católicos que ponen la Tradición de la Iglesia al lado de la Biblia, y los protestantes que sólo otorgan valor a lo que está en las Sagradas Escrituras. Por otra parte, los sunitas tienen una relación mucho más laxa con la religión (aparte de grupos exaltados, que los hay en todas partes), ya que su principal autoridad religiosa, el Califa, ha dejado de existir hace mucho tiempo atrás, y el liderazgo religioso se ha desplazado a los ulemas, los doctores de la ley, que interpretan el Corán y la Sunnah según un parecer de estudiosos. Los chiítas, por el contrario, consideran que la tradición coránica se ha mantenido a través de los descendientes del Profeta, los llamados imanes. Como hacia el siglo IX el último imán oficial ha desaparecido, los "imanes ocultos" y "mahdies" han florecido después como setas bajo la lluvia, encontrándose por tanto los chiítas repartidos entre múltiples sectas, seguidoras cada una de ellas de un ayatollah distinto, que dice obrar en nombre de algún imán oculto.
En ese contexto, es claro que no puede haber una reconciliación entre chiítas y sunitas. Aunque ambas son facciones musulmanas, lo cierto es que son demasiado diferentes entre sí como para congeniar. Ninguna de ambas ramas del Islam ha sido educada en una tradición democrática, sino en una de respeto a la religión oficial, la que no se entiende como una rama separada y aislada del resto de la vida social, sino como un todo armónico e integrante con la misma. Lo que acarrea el siguiente problema: ¿debemos aplicar de manera rígida y literal el Corán a la vida social (la solución chiíta), o debemos hacerlo de manera armónica con las actuales circunstancias mundiales (la solución sunita)? Es como el problema del aborto y de las células madres en Occidente: si se tiene una postura religiosa al respecto de tipo "aborto es asesinato", es imposible llegar a transar una ley en el libre juego democrático que permita aborto en ciertas condiciones, y en ciertas otras condiciones no.

¿DEMOCRATIZAR IRAK?
Si George W. Bush y sus halcones en la Casa Blanca hubieran tenido a la vista todos estos antecedentes, es claro que se la hubieran pensado dos veces antes de invadir Irak. Odiaban a Saddam Hussein porque necesitaban un fantoche al que calificar de "enemigo del mundo civilizado", pero olvidaron que Hussein era lo único que detenía el avance chiíta en la región, imparable desde que en Irán (la antigua Persia) los chiítas se hicieron con el poder en 1980, depositándolo en las manos del ahora fenecido Ayatollah Jomeini. Al invadir Irak, se crearon una imagen de "enemigos del Islam" que vino muy bien a las facciones radicales de Irán, quienes consiguieron llevar al poder a un primer ministro que se ha entretenido tratando de montar un programa nuclear para Teherán, presentándose como un reivindicador de la tradición musulmana, al tiempo que niega el Holocausto y trata de borrar a Israel para siempre del mapa.
Al mismo tiempo, al derrocar a Saddam Hussein e imponer un ejército de ocupación, han tenido que crear un complejo sistema político en Irak, en donde los equilibrios entre chiítas y sunitas queden cuidados de la mejor manera posible. Y esto quiere decir que nadie está contento en Irak. Los sunitas son una minoría asociada con el odiado régimen de Hussein (odiado por cruel, y odiado por secular) y el sistema no ofrece suficientes garantías para impedir una eventual masacre. Los chiítas sostienen que no hay suficiente democracia, porque si la hubiera, llegarían a las urnas en número abrumador y exterminarían sin problemas a la minoría sunita. Y en medio de todo eso está la etnia kurda, que desde hace una década viene manejándose como quiere en el Kurdistán irakí, y que no está dispuesta a regresar al redil irakí. Algo que no le gusta ni a Estados Unidos, ni a Siria, ni a Turquía, ni a Irán, ya que implica cercenar territorios de estos últimos tres países, y crear un nuevo foco de inestabilidad en la región. Después de todo, los kurdos quieren su propia libertad para exterminar a los irakíes que viven en el Kurdistán.
En medio de todo esto, era cuestión de tiempo antes de que algún exaltado hiciera detonar una bomba en una mezquita de la facción contraria. En estos días, la violencia religiosa ha crecido y crecido, y las bombas se han cobrado cada vez más muertos. Estados Unidos está entrampado en la jaula que ellos mismos se construyeron, y ahora no pueden salir, porque son la única garantía de algo parecido a la paz en el territorio irakí. Por desgracia, esta es la clase de zapato chino que admite sólo una respuesta posible como solución: el derramamiento de sangre a raudales. Lo que por cierto ayudará a consolidar las odiosidades que existen desde siempre entre sunitas y chiítas.

08 febrero 2006

VIÑETAS DE MAHOMA: EL PRIVILEGIO DE SER MUSULMÁN.

La semana pasada, un incidente tan baladí como la publicación de unas viñetas que caricaturizan a un personaje histórico fallecido hace catorce siglos, ha desatado nuevos disturbios religiosos. Los fanáticos musulmanes se han sacado la careta, y han comenzado una serie de protestas, tratando de dar un nuevo paso en la instauración de una dictadura coránica mundial. El Ojo de la Eternidad explora un poco los entresijos de este nuevo choque de sensibilidades religiosas y fanatismo cavernícola mundial.



[IMAGEN SUPERIOR: Las caricaturas de Mahoma que son consideradas ofensivas por los musulmanes, publicadas por el diario noruego Magazinet, el inicio de los grandes males de esta oleada fanática].

LAS CARICATURAS DE LA DISCORDIA.
Todo partió el 30 de septiembre pasado, cuando el diario danés Jyllands-Posten publicó unas caricaturas de Mahoma que la comunidad musulmana consideró ofensivas, incluyendo la más polémica de todas, una en que Mahoma aparece representado con un turbante que es, al mismo tiempo, la mecha de una bomba. El asunto motivó protestas por parte de los musulmanes, ante las cuales el gobierno danés decidió no pedir disculpas.
Hasta ahí todo iba más o menos como se supone que deben marchar en una comunidad democrática. Sin embargo, el 30 de Enero, el diario noruego Magazinet publicó también las viñetas. El resultado de esta "onda expansiva editorial" fue el inmediato estallido de una creacción fanática intolerante por parte de grupos fundamentalistas musulmanes. Empezaron así las protestas... manifestaciones francamente agresivas contra embajadas de países occidentales en el mundo islámico. En Siria, fue incendiada la embajada de Dinamarca. Como ésta compartía edificio con las embajadas de Suecia y Chile, éstas también resultaron incendiadas, a pesar de que ninguno de estos dos países tenía nada que ver en el embrollo.
Por supuesto que numerosos actores internacionales aprovecharon su oportunidad para tener alguna figuración. El Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, que después de los desgraciados eventos en torno a los huracanes que azotaron Nueva Orléans en 2005 está en su punto más bajo de popularidad en todo su reinado, se lanzó una vez más a la política del vaquero mundial, culpando derechamente al gobierno de Damasco por no tomar las medidas de seguridad pertinentes. Más allá de si Bush tiene o no razón, es bien sabido que éste ha presionado desde la caída de Saddam Hussein al gobierno sirio, buscándole las cosquillas por todos los medios, para continuar su cruzada fundamentalista cristiana en Medio Oriente.
El Vaticano aprovechó también de entregar su opinión. Siguiendo su política de "hoy por ti, mañana por mi" (como si los musulmanes fanáticos fueran a respetarla), proclamó la necesidad de respetar las convicciones religiosas fundamentales de las personas. Algo que calza muy bien con la mentalidad fundamentalista de Benedicto XVI, otro fanático religioso que le gustaría ver a toda Europa esclavizada bajo la férula de hierro de la Iglesia Católica (la prueba de su fanatismo religioso emana de la lectura atenta de su primera encíclica, que analizamos ya en EODLE).
Otras reacciones son más pintorescas. Como la de la Liga Arabe-Europea, que optó por publicar una caricatura post coitum de Hitler en la cama con Ana Frank, diciendo: "Escribe esto en tu diario, Ana". Supuestamente, eso debería ser ofensivo (probablemente para algunos europeos lo sea, en particular judíos).

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN VERSUS LA LIBERTAD RELIGIOSA.
Lo que está en juego en toda esta cuestión, es el viejo problema de la "tolerancia de los intolerantes". Formulada en forma de pregunta, sería algo así: ¿de qué manera, en una sociedad democrática y tolerante, podemos ser consecuentes tolerando a aquellos que, de tener la posibilidad, destruirían la democracia y la tolerancia? En términos puramente éticos, la cuestión no tiene manera de ser resuelta. Todos los valores preconizan ser absolutos, pero para armonizar o compatibilizar dos valores fundamentales contrapuestas, no queda más remedio que relativizar, y postular que en algunos casos se debe sacrificar un valor por otro. ¿Cuál es, entonces el valor supremo en este caso?
Este no es sino el enésimo episodio en el cual la libertad de expresión choca con las sensibilidades religiosas. Le pasó a Galileo Galilei, cuando intentó publicar su tratado sobre Astronomía y la Iglesia Católica lo condenó a reclusión domiciliaria. Le pasó a los enciclopedistas del siglo XVIII, cuando intentaron publicar en su Enciclopedia artículos que iban en contra de la Iglesia Católica.
Incluso, desde cierto punto de vista, sigue pasando en la Europa de hoy. A seis décadas de terminada la Segunda Guerra Mundial, existen en varios países, y muy en particular en Alemania, severas leyes que limitan la libertad de expresión en lo que se refiere a hacer apología y propaganda del Nazismo, del Holocausto, o de grupos neonazis. Leyes que son completamente antidemocráticas, pero que buscan proteger la democracia de aquellos que son antidemócratas... En muchos aspectos, el Nazismo es también un movimiento religioso, y por ende, el fanatismo nazi tiene harto en común con el fanatismo religioso. Del otro lado de la trinchera está el fanatismo por el Holocausto, quienes critican todo lo que tienda a hacer bajar a los judíos de un pedestal de "pueblo bendecido por Dios", como lo experimentó la gente que rodó "La caída" ("Der Untergang") o "Münich", sólo porque son un poquito condescendientes con "el otro lado" de la trinchera.
El problema, como puede verse, es viejo, y no tiene trazas de resolverse en un futuro cercano. Si es que alguna vez puede solucionarse.

EL FANATISMO.
La mecánica de todo esto es tan vieja que resulta hasta aburrido explicarla. Se trata de una nueva muestra de fanatismo e intolerancia religiosa, promovida por aquellos grupos cuya mentalidad no ha evolucionado desde la Edad de Piedra. Es el mismo fenómeno que hemos visto en otras religiones, cuando telepredicadores como Pat Robertson demanda en nombre de Dios el asesinato de Hugo Chávez, o como Benedicto XVI pontificando en nombre de verdades sagradas que cree entender muy bien.
En el fondo, lo insultante de la mentalidad del fanático religioso es su sentimiento de superioridad. El fanático religioso se siente tocado de la gracia divina, y por tanto, legitimado para exigir y obligar, por la fuerza y el terror incluso, determinadas conductas y comportamientos. Sintomáticamente, dichos comportamientos siempre son restrictivos en grado sumo de la libertad de las personas, lo que es una manera de mantenerlas amarradas a Dios, lo que es sinónimo de, a su intermediario. O sea, los fanáticos, sean musulmanes o de cualquier otro tipo, en el fondo son almas míseras, que tratan de afirmar su propia identidad, que saben triste y vacía porque nada han hecho con ella, tratando de imponerse como interlocutores válidos de un Dios sobre el cual, sin embargo, no pueden ofrecer la más mínima prueba. Ahora bien, el fanático puede o no seguir sus propias reglas. Si lo hace, siendo éstas restrictivas, entonces se trata de una mentalidad neurótica que trata por todos los medios de construirse una realidad a su amaño, para sentir al menos un dejo de seguridad en el mundo. Si no lo hace, entonces es un psicópata que cree que existen dos juegos de reglas, uno para el resto del mundo y otro para él. En cualquiera de los dos casos, el fanático es una persona con graves disfunciones mentales. En ese sentido, tomar en serio sus reclamos es algo tan ilógico como hacerlo con las pretensiones de un loco cualquiera.
En ese sentido, la supervivencia de la sociedad occidental exige que los fanáticos musulmanes que han perpetrados ataques contra embajadas, en contestación a lo que es el legítimo uso de la libertad de expresión en una democracia occidental, sean castigados con todo el rigor posible, no por ser musulmanes, que dicha religión es tan respetable como cualquiera otra, y en ella, como en todas partes, se encuentran tanto fanáticos como gentes moderadas y de bien, sino por ser fanáticos quienes realizan estos actos, y por tanto, por ser personas psíquicamente enfermas, y quizás irrecuperables para la gran comunidad humana.

04 noviembre 2005

"MUJERES EN MARRUECOS: NUEVAS PREDICADORAS CONTRA EL TERRORISMO".

El siguiente artículo fue publicado en el suplemento Mujer, del diario La Tercera, en Santiago de Chile, el Domingo 09 de Septiembre de 2005, y se había quedado enredado entre los múltiples archivos de El Ojo de la Eternidad. Lo reproducimos aquí debido a lo inusitado de su temática. Generalmente existe la visión de que la mujer en el mundo islámico es una "ciudadana de segunda clase", lo que en los países talibanes por supuesto que es cierto, pero que no se corresponde con la realidad al ciento por ciento. En Marruecos, por lo menos, las cosas podrían ser bastante distintas. Claro que Marruecos es de los países "liberales" dentro del Islam, pero no está de más saber de cosas que se alejan de la clásica caricatura del musulmán fanático. Así es que, sin mayores prolegómanos, acá va.

MUJERES EN MARRUECOS.

NUEVAS PREDICADORAS CONTRA EL TERRORISMO.

El Rey Mohamed VI decidió otorgar un mayor papel religioso a las mujeres y transformarlas en baluarte contra el islamismo radical. En paralelo aprobó un nuevo código de familia que iguala sus derechos a los del hombre. Una verdadera revolución social comienza a despuntar en esta nación del norte de Africa aliada de Occidente.


Un cambio revolucionario, inédito en las sociedades islámicas, se está produciendo en Marruecos. El rey Mohamed VI resolvió otorgar un mayor papel religioso a las mujeres para frenar el auge del terrorismo islámico dentro de sus fronteras.

En la actualidad, una generación de 60 alumnas se está formando en las escuelas de predicadores, un tercio de la promoción total prevista anualmente, y en abril de 2006 podrán comenzar a impartir la enseñanza del Corán, pronunciar sermones y dar consejos espirituales en las mezquitas del país. Lo único que aún está vedado para ellas es convertirse en imanes (sacerdotes) y dirigir la oración de los viernes, día sagrado de los musulmanes.

El gobierno de Rabat, una monarquía constitucional "de derecho divino", confía en que las llamadas moshedat introducirán "sensatez y moderación" en estos convulsos espacios, donde la población marroquí -30 millones de habitantes- está expuesta a recibir interpretaciones torcidas de la doctrina del profeta Mahoma. Un guión cargado de violencia y articulado con el fin de reclutar yihadistas (terroristas suicidas), que libren la "Guerra Santa" contra Occidente, contra su población civil, a la que responsabilizan de las políticas de sus dirigentes (como la invasión a Iraq) por el hecho de haberlos elegido en las urnas.

El embajador de Marruecos en Chile, Abdelhadi Boucetta, explica: "No es que el extremismo haya permeado a todas las capas sociales en Marruecos y que por eso se esté recurriendo a la mujer. Sí hay una minoría que está llamando a una interpretación diferente, extremista, radical del Islam. El suicidio está prohibido por el Corán. La gente que se explota con bombas no va directamente al paraíso como se quiere hacer creer. Eso es totalmente falso". Enfatiza el diplomático: "El correcto mensaje del Islam es moderado per se".

En nombre de la "falsa doctrina" que predica la violencia, los terroristas islámicos golpearon Nueva York y Washington en 2001, Madrid en 2004, Londres en julio de este año y siguen amenazando con nuevos ataques transnacionales. Pero en las naciones islámicas, la muerte y la destrucción también han alcanzado objetivos occidentales. Es el caso de la ola de atentados contra objetivos israelíes, españoles y belgas registrados en la ciudad marroquí de Casablanca en 2003.

Tras esta tragedia, que dejó un saldo de 45 muertos, el rey Mohamed VI -un aliado de Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo-, decidió tomar medidas de largo alcance para blindar al país de la amenaza. Encargó al Ministerio de Asuntos Religiosos la vigilancia de la formación de los predicadores y los imanes que ejercen en las mezquitas del país y dio luz verde a la inclusión de las mujeres como maestras del Corán. Una iniciativa sorprendente en un país de tradición islámica. El joven rey -quien llegó al trono en 1999 tras la muerte de su padre Hassan II, monarca durante 32 años- intenta evitar que "incultos y descarados embaucadores" alienten el radicalismo.

Fatuma el Kebbaj es la primera mujer ulema (doctora del islam) en su país y encarna la otra gran osadía de Mohamed VI, Comendador de los Creyentes, en su afán reformista. En abril de 2004 fue nombrada en el Consejo Supremo de los Ulemas, el órgano que, bajo supervisión del rey, establece la doctrina religiosa y elabora las fatwas o edictos islámicos. El año pasado 35 mujeres accedieron a los consejos regionales de ulemas.

Fatuma el Kebbaj, licenciada en 1957 por la Universidad Islámica Medersa Bou Inania de Fez, declaró al diario español El País: "La mujer puede transmitir mejor, a través de la educación y la predicación, los valores del islam moderado con los que luchamos contra el radicalismo y el terrorismo". Otra característica fundamental según esta ulema, es que la mujer es menos corrupta, lo que inspiraría confianza en los fieles, y tiene una sensibilidad distinta. "Tenemos más cercanía con los problemas de la sociedad, de la familia, y, por tanto, mayor capacidad de diálogo".

Bouchra Boudchiche, esposa del embajador Boucetta, explica que en el año 2000 la tasa de mujeres analfabetas en su país era del 63%, por lo que se pusieron en marcha programas que solucionen este problema. "Antes la sociedad era patriarcal y la mujer, como en todo el mundo, estaba asignada en un rol de madre, de esposa y nada más que eso. Siempre el Corán ha sido interpretado por hombres, entonces las mujeres como no sabían leer ni nada, no lo conocían verdaderamente. El cambio que hay en la sociedad, cuando se habla de las mujeres predicadoras, es que ellas han ido a la universidad, saben mucho, entonces leen directamente el Corán y lo pueden entender. Por lo tanto conocen más y no sólo sus derechos. Entienden el Corán en todos los otros aspectos como los sociales. Pienso que podrán ser un aporte, con su interpretación del Islam", destaca la embajadora, quien cursa en la actualidad un diplomado en el Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile.

Restricciones a la poligamia.

Ante la imposibilidad de prohibir una tradición tan arraigada en el mundo islámico y regulada en el Corán, el nuevo Código de Familia marroquí somete la poligamia a la autorización del juez, bajo estrictas condiciones legales que dificultan su puesta en práctica.

El juez debe asegurarse de que no existe atisbo de iniquidad entre las desposadas y estar convencido de la capacidad del marido de tratar a la segunda esposa y a sus hijos en pie de igual, garantizándoles las mismas condiciones de vida (en la práctica queda claro que difícilmente un esposo puede brindar el mismo trato sentimental a dos, tres o más mujeres).

Hoy la mujer marroquí tiene el derecho a condicionar su casamiento al compromiso del marido a no tomar otras esposas. En ausencia de tal limitación, la primera mujer debe recibir el aviso de que su marido va a tomar una segunda esposa, quien a su vez debe saber que el hombre está casado previamente.

La poligamia deja de ser un hecho consumado, porque la primera desposada puede invocar ante el juez las segundas nupcias de su marido como causal de divorcio por perjuicio recibido.

30 octubre 2005

LOS CHIÍTAS: LOS REBELDES DEL ISLAM.

En los últimos años, los chiítas, shiítas o shiíes, según la traducción que se emplee, han hecho noticia en el panorama mundial. En 1979, el Ayatollah Jomeini instauró en Irán un régimen chiíta de carácter fundamentalista, llamando a Estados Unidos el "Gran Satán". En la actualidad, los chiítas hacen noticia debido a la profunda crisis que se vive en Irak. ¿Quiénes son? ¿En qué creen? ¿Son realmente fundamentalistas? El Ojo de la Eternidad aborda estas cuestiones.


[IMAGEN SUPERIOR: La tumba de Husayn, en la ciudad santa de Kerbala. Pintura de Jean Léon Jerôme (1824-1904)].

LAS MÚLTIPLES CARAS DEL ISLAM.
El Islam y los musulmanes son parte del vasto panorama de nuestra cultura pop. Las películas de Hollywood los usan de villanos, o hacen chistes a costa de ellos, con una irreverencia por la cual recibirían una enorme sanción social si hicieran lo mismo con los cristianos. Se piensa también en las burjas, las pesadas vestimentas con velos que usan las mujeres de (algunos, no todos) los países islámicos. Sin embargo, la palabra "musulmán" no engloba a una religión monolítica y sin fisuras, sino que por el contrario, esconde en su seno una vasta serie de tradiciones religiosas, políticas, artísticas, etcétera, tan disímiles entre sí que muchas veces los propios musulmanes se reconocen entre sí como enemigos, más o menos a la manera de los católicos y protestantes en algunos países, en el seno del Cristianismo.
Una de las sectas más importantes es la de los chiítas. Su propio nombre deriva de la palabra "Sh'ia" o "Ch'ia", que significa "partido", porque nacieron como un cisma de la corriente principal del Islam, el Sunismo, en una época sumamente temprana, apenas pasadas tres décadas desde la muerte de su fundador Mahoma. En la actualidad, considerando la totalidad del enorme mundo islámico, son una minoría, pero una minoría bastante activa y bulliciosa.

EL ORIGEN DE LOS CHIÍTAS.
La crisis entre la Sunnah, la facción mayoritaria del Islam, y la Ch'ia, comenzó por una discordia política. Como suele suceder, cada facción hizo la guerra no confesando sus motivaciones políticas, sino amparándose en interpretaciones diferentes del Islam. Finalmente, la Sunnah se impuso.
Para entender esto, debemos retroceder a la época de Mahoma, el profeta fundador del Islam. Hacia el año 610, éste inició una fulminante predicación en Arabia, un territorio por entonces repartido entre numerosas tribus sin autoridad central. Mahoma tuvo que fugarse de La Meca, corriendo por su vida, el año 622. A este evento, llamado la Hégira, y que es el comienzo del calendario musulmán, siguió la conquista de La Meca en 630, por Mahoma y las fuerzas de la vecina ciudad de Medina. El profeta murió en 632, y se planteó entonces la cuestión de la sucesión, en parte porque el propio Mahoma no había dejado nada establecido al respecto. Muchos jefes tribales defeccionaron, considerando que muerto Mahoma, la alianza se disolvía, pero otros apoyaron a Abu Bakr, suegro de Mahoma, y que se hizo llamar a sí mismo "califa" (esto es, "reemplazante"), porque se entendía que reemplazaba a Mahoma. Después de Abu Bakr hubo otros tres califas, llamados Omar, Otmán y Alí, pero esos tres terminaron todos asesinados, víctimas de las convulsiones e intrigas internas del naciente imperio musulmán.
En los años de estos cuatro califas, los musulmanes conquistaron enormes extensiones de territorio. Abu Bakr ni siquiera toda Arabia, pero sus sucesores llegaron a extender las fronteras hasta Persia, Turquía y Egipto. Esto produjo un cambio en la población del imperio. Ahora, el elemento mayoritario de la misma no eran los árabes seminómades, sino los pueblos conquistados. Esto iba a llevar, por supuesto, a cambios políticos. Como suele suceder en estas circunstancias, una facción intentó hacerse del poder aprovechando la marea, y otra, más conservadora, intentó mantener el status quo. Estos últimos fueron los chiítas.

EL DESTINO DE LA CH'IA.
La Ch'ia cerró filas en torno a Alí, el cuarto califa, mientras que la Sunnah lo hizo en torno a Otmán, el tercer califa. Otmán fue asesinado, pero Alí no pudo gobernar en paz, víctima de la guerra civil que en su contra entabló Mohavia (llamado también Mohaviya o Muhawiya). Alí pereció en combate el año 661, y Mohavia se entronizó califa. Los cuatro califas anteriores habían obtenido su cargo por elección y aclamación de los jefes tribales árabes, pero Mohavia instauró un nuevo régimen de sucesión dinástica: con el comienza el llamado Califato Omeya, porque provenía de la familia de los Umayyas. Es decir, los califas hasta Alí representaban una tradición política tribal, apta para gobernar un grupo de tribus en el desierto, pero no para regir sobre grandes civilizaciones urbanas, mientras que los omeyas enfatizaban más la administración y el gobierno civil y militar, que su título religioso.
Aún así, los chiítas no se rindieron sin dar pelea. Consideraban a Mohavia como un usurpador, porque Alí era pariente de Mahoma (era su yerno, porque había casado con Fátima, hija del Profeta), y Mohavia no. Hassan, el hijo de Alí (y por tanto, nieto de Mahoma) reconoció a Mohavia, pero Husayn, hermano de Hassan, no lo hizo. Husayn se sublevó y puso en graves aprietos a los omeyas. Sin embargo, Husayn pereció en batalla. El movimiento chiíta perdió así mucho de su garra.

LAS CREENCIAS RELIGIOSAS DE LA CH'IA.
Todas estas tensiones políticas cristalizaron en una manera particular de ver el Islam, por supuesto opuesta a la de los sunitas. Mahoma había legado el Corán como Palabra de Dios, y eso ningún musulmán, fuera sunita o chiíta, lo discutía. Pero andando el tiempo, la mayor parte de los musulmanes había ido modificando la interpretación del Corán, agregando así la llamada Sunnah, que es un conjunto de tadiciones en torno a la interpretación coránica. Los sunitas adscribían por descontado a la Sunnah (de ahí el nombre, precisamente), mientras que los chiítas la rechazaban, acusándola de que alteraba la esencia del Islam. Por supuesto que de fondo late la tensión política, ya que de aceptar la Sunnah, los califas legítimos serían los omeyas, mientras que de rechazarla, el califa legítimo habría sido Husayn, como hijo de Alí, y posteriormente sus descendientes. Al cristiano que le parezca todo esto una ridiculez, recordemos que existe también un equivalente en la llamada Tradición de la Iglesia, que de aceptarla, conduce a la aceptación de la autoridad papal, mientras que de negarla, conduce al Protestantismo...
Tanto la Sunnah como la Ch'ia le otorgan un rol importantísimo a Mahoma, como Profeta de Dios. Sin embargo, los chiítas también le dan enorme preeminencia a Alí, y a su hijo Husayn. Se supone que en Mahoma se concentra la Revelación, en Alí la correcta interpretación coránica, y en Husayn la redención. Se ha insistido mucho en el fuerte vínculo entre la Ch'ia y el Cristianismo, en torno a esta idea de un redentor en la Tierra, ya que el sacrificio y redención de Husayn guarda un enorme paralelo con el sacrificio y redención de Cristo. Esto no es casual. Es bien sabido que en las tierras donde el Islam prosperó, y también en las ideas de Mahoma, había un fuerte contenido cristiano. Sin embargo, al abolir la figura del "Hijo de Dios" (los musulmanes consideran a Cristo como profeta, pero humano, sin naturaleza divina), había dejado a los musulmanes sin redentor. Esto sigue siendo así entre los sunitas mayoritarios, pero los chiítas minoritarios han recuperado la figura del redentor en Husayn.
Como la rígida doctrina de la Ch'ia impidió la formación de una tradición complementaria a la revelación, hubo dos consecuencias. En primer lugar, cobró una enorme importancia la figura del iman, el doctor de la ley, que interpreta el Corán sin pasar por la Sunnah. En segundo lugar, debido a no haber una tradición común que amalgamara los ripios de la doctrina coránica, la Ch'ia se subdividió en una enorme cantidad de sectas (zahidíes, imamitas o duodecimales, ismailitas, etcétera). A la vez, dentro de la propia descendencia de Alí surgieron varios que aspiraron al título de califa, lo que agudizó la crisis.
Por su parte Hasan al-Askari, uno de los descendientes de Alí, desapareció sin dejar rastro en el siglo IX. Esto dejó abierta la puerta para interpretar que no había muerto, sino que había desaparecido y regresará al final de los tiempos, para restablecer la justicia sobre la Tierra. Esta creencia en el llamado Mahdi será adoptada también por la mayoría de los chiítas.

LA SUPERVIVENCIA DE LOS CHIÍTAS.
Después del desastre de Kufa en 680, en donde Husayn perdió la vida, los chiítas se vieron impotentes en la acción política, ya que los omeyas, y sus sucesores el Califato Abasida, adscribieron al Sunismo. Esta es la razón por la cual la mayor parte del mundo musulmán es sunita, y no chiíta. Ocasionalmente surgieron algunos califatos rebeldes que, para oponerse a los califas suníes, adoptaron alguna variante del chiísmo, como por ejemplo el Califato Fatimita de Egipto (siglos IX a XIII d.C.), cuyos califas se proclamaron (sin demasiado fundamento, de todas maneras) como descendientes de Fátima, la hija de Mahoma, y esposa de Alí. Pero en general, víctimas de sus propias disensiones internas, los chiítas no tuvieron ninguna importancia política, durante siglos.
Se consolaban de esto en sus creencias particulares. He aquí la enorme importancia que tiene para los chiítas el creer en Husayn o en el Mahdi, verdaderos salvavidas psicológicos para su desmedrada situación, presente, en tanto credo religioso minoritario.
Empero, en el siglo XV, Persia entró en caos. Un invasor mongol llamado Tamerlán invadió Persia, y al retirarse, dejó un vacío de poder que varias tribus intentaron rellenar. Quien tuvo éxito fue Shah Ismail Safaví, primer rey de la dinastía safavida, que gobernaría Persia hasta el siglo XVIII. Ismail Safaví adscribió a la Ch'ia, y persiguió dentro del territorio del Imperio Safavida a todos los sunitas. De este modo, creó una curiosa situación política, ya que en todo el mundo musulmán son más fuertes los sunitas que los chiítas, salvo en lo que actualmente es Irán e Irak, en donde, a consecuencias de las políticas religiosas de Ismail Safaví, son los chiítas quienes predominan. De ahí que sea tan fuerte el régimen de los ayatollahs en Irán, y que los sunitas de Irak, anteriormente en la cumbre gracias al apoyo de Saddam Hussein, estén pasando tantos apuros frente a la mayoría chiíta dentro de su propio país.

13 octubre 2005

ENTREVISTA A SALMAN RUSHDIE SOBRE EL INTEGRISMO ISLÁMICO

La siguiente entrevista fue publicada en el diario La Razón, de España, el día Jueves 13 de Octubre de 2005, y es un extracto traducido del inglés, de la publicada por el director de Global Viewpoint al escritor:


Salman Rushdie (Bombay, 1947) publica el próximo día 21 en España Shalimar, el payaso (Mondadori), que ha salido ya en el mercado anglosajón (Shalimar the clown, editorial Cape). El autor de Los versos satánicos (liberado desde hace años de la condena a muerte dictada por el régimen iraní y afincado en Estados Unidos) y presidente del PEN American Center realizó esta entrevista el pasado día 4 en Berkeley, California.

Pregunta. En este libro, usted ha imaginado lo que hay en la mente de los yihadistas. ¿Existe una motivación común para los diferentes actos terroristas que desencadenan? ¿Está el "absolutismo de la pureza" arremetiendo contra las impurezas híbridas de la cultura cosmopolita, como ha escrito usted frecuentemente?

Respuesta. Para ellos no se trata de algo demasiado teórico o intelectual, con la excepción de algunos en las altas esferas de estas redes terroristas. La característica más esencial de la persona que perpetra atentados de esta clase es la idea de la hombría deshonrada. Intento mostrarlo en mi novela. El personaje de Shalimar no sólo coge la pistola porque tenga el corazón partido, sino porque su orgullo y su honor quedan destruidos al perder a la mujer que ama frente a un hombre sofisticado con más importancia y poder. De algún modo, tiene que reconstruir su sentido de la virilidad. Eso es lo que le lleva a cortarle el cuello a un embajador estadounidense. La cultura judeocristiana trata sobre la culpa y la redención. En las culturas orientales, sin un concepto del pecado original, la idea de la redención no tiene sentido. En cambio, los extremos morales de la cultura tienen que ver con el honor y la vergüenza. La idea del deshonor puede inducir a la gente a cometer actos desesperados. Quienes se ven arrastrados hacia el acto del suicidio son personalidades maleables. Hezbolá, por ejemplo, ha desarrollado un perfil psicológico bastante detallado sobre el tipo de persona a la que se puede convencer para que se convierta en terrorista suicida. Se debe tener una personalidad débil para serlo. Se debe aceptar la abnegación del yo. Si su padre o su hermana necesitan una operación médica, los manipuladores dirán: "Haga esto, y nosotros nos ocuparemos de la operación". Hay toda una serie de ganchos, y pocos guardan relación con la ideología.

P. Bernard-Henri Levy afirma que el centro del radicalismo islámico se está desplazando hacia Oriente, a Asia, donde vive la mayoría de musulmanes. Aduce que "Cachemira es la nueva Palestina". ¿Está usted de acuerdo?

R. Lo dice porque está preocupado por Pakistán. En lo que tiene razón es en que, detrás del general Musharraf, existe la posibilidad de una terrible situación en la que los islamistas radicales tomen el control del armamento nuclear. Si eso ocurre, eclipsaría cualquier otro problema en el mundo. Si Musharraf es asesinado y algún radical del servicio de inteligencia paquistaní se hace con el poder, los talibanes tendrán la bomba.

P. Tras los atentados de Londres, Iqbal Sacranie, jefe del Consejo Musulmán del Reino Unido, condenó los actos de sus "hijos" y dijo que planteaban un "profundo desafío" para los musulmanes locales. Aun así, también profesó simpatía hacia la fetua contra usted, aduciendo que "la muerte tal vez sea demasiado fácil" para el autor de Los versos satánicos. ¿No es precisamente ese doble rasero lo que ha creado un espacio para que los hijos de la comunidad musulmana de Europa cometan actos de terrorismo en su propia patria?

R. Creo que sí. El primer ministro británico Tony Blair está cometiendo un grave error al creer que estas voces ultraconservadoras, ultraortodoxas, no modernizadoras -y no terroristas, para ser justos- como la de Sacranie representan de algún modo a los británicos musulmanes. ¡Blair ha incluido al subjefe de Sacranie, que ha negado públicamente el Holocausto, en cierto comité que supuestamente combate el radicalismo islámico! Lamentablemente, los instintos de Blair, basados en la fe, le han llevado a creer que la solución son otras personas de fe. Uno de los problemas es que no existe ninguna institución verdaderamente representativa para los musulmanes británicos. La mayoría de los musulmanes de Inglaterra no están marginados ni son particularmente musulmanes. Abordan su fe de un modo mucho más desenfadado. Son ciudadanos, en primer lugar, y en segundo, o quizá en decimoséptimo lugar, musulmanes. La idea generalizada del Gobierno de Blair parece ser que todo el mundo es, en primer lugar, musulmán, y debe tratársele partiendo de esa base. La pregunta es cómo convencer a esa mayoría para que se organice.

P. Tariq Ramadan, el controvertido erudito que vive en Ginebra y que es una voz destacada de los musulmanes europeos, dice algo parecido. Afirma que el problema es la intolerante enseñanza del Corán por parte de los imanes de las cerradas comunidades de grandes ciudades europeas y que se han formado en el mundo árabe. Aun así, la mayoría de musulmanes, afirma, participan en una "revolución silenciosa" dirigida en buena medida por mujeres comprometidas con la democracia, la libertad de conciencia y el culto y la diversidad. Son ciudadanos de Occidente y buscan también en el islam el significado de su vida. Esta revolución silenciosa es el verdadero enemigo de los terroristas de Londres, porque se niega a aceptar la idea mundial de "nosotros contra ellos". ¿Usted está de acuerdo con eso?

R. Extrañamente, porque viene de Tariq Ramadan, más o menos coincido. La cuestión esencial aquí es la interpretación, o ityihad. Los musulmanes conservadores dicen que sólo los estudiosos islámicos, los ulemas, pueden interpretar el Corán. La élite religiosa mantiene así el control. Y debido a que su lectura del Corán es literal, nunca se cuestionan principios fundamentales. Por culpa de esta clase de proceso interpretativo se cometen tantas atrocidades. Uno de los motivos por el que mi nombre es Rushdie es que mi padre era admirador de Ibn Rush'd, el filósofo árabe del siglo XII conocido como Averroes en Occidente. En su época, defendía la idea no literalista para la interpretación del Corán. Según Ibn Rush'd, si Dios no utilizaba el lenguaje humano, la redacción del Corán tal y como la recibió la mente humana del ángel Gabriel, es en sí misma un acto de interpretación. El propio texto original es un acto de interpretación. De ser así, otras interpretaciones del Corán basadas en el contexto histórico, no literales, son bastante legítimas. En el siglo XII se rechazó este argumento. Debe volver a plantearse en el siglo XXI. En la actualidad, en gran parte del mundo musulmán ese estudio histórico está prohibido. Por eso, el lugar desde el que comenzar hoy en día es con una nueva erudición islámica. He pedido una Reforma islámica, pero podría implicar connotaciones erróneas, debido a la mentalidad puritana de Martin Lutero. Ilustración podría ser un término más apropiado. La idea es que el islam debe cambiar. La mano muerta del literalismo es la que está dando poder a los conservadores y a los radicales. Si quieres arrebatárselo, debes empezar por la cuestión de la interpretación e insistir en que todas las ideas, incluso las sagradas, deben adaptarse a nuevas realidades. Todas las demás grandes religiones han pasado por este proceso de cuestionamiento, pero siguen en pie. Un cuestionamiento islámico bien podría socavar a los radicales, pero no minará al islam.

P. ¿Qué supondría para unas mejores relaciones entre Occidente y el mundo musulmán que Turquía se incorporara a Europa?

R. No demasiado. Es un error convertirlo en un símbolo tan importante. El laicismo turco también parece un poco incierto ahora mismo, aunque se mantiene. Pero tienen grandes problemas que no han empezado a solucionar, comenzando por un Código Penal que se utiliza contra escritores y editores, 14 o 15 de los cuales están a la espera de juicio. Orhan Pamuk ha sido acusado por el mero hecho de decir que ocurre algo con la masacre otomana de armenios. El poder de los islamistas todavía es demasiado grande. Así que el escepticismo sobre la entrada de Turquía en Europa está fundamentado. Si Turquía quiere unirse a Europa, deberá convertirse en un país europeo, y eso podría llevarle mucho tiempo.


14 septiembre 2005

LA IMPARABLE EXPANSIÓN DE LA SHARIAH

El siguiente artículo ha sido publicado en la edición electrónica española del diario La Razón, el día Miércoles 14 de Septiembre de 2005, y lo reproducimos íntegramente aquí:

La «sharia» ya impone las leyes radicales del islam en Asia y África

Un informe internacional alerta de la llegada del wahabismo a Nigeria, Indonesia y Malasia

Prohibir la práctica de cualquier religión no musulmana y castigar con muerte por lapidación el adulterio. Éstas son sólo dos de las medidas que exige la «sharia» o ley extremista del islam, que se impone en Oriente Medio y ya ha llegado a Asia y África.

José Antonio Méndez

Madrid- La situación comienza a ser «alarmante». Así ha definido un informe internacional, elaborado por el Centro de Libertad Religiosa en el Mundo, la expansión de la «sharia» –una ley basada en la interpretación extremista y radical del islam– por diversos países de Oriente Medio, África y Asia. Su autor, Paul Marshall, jefe del Consejo Directivo de este centro, alerta de que sus preceptos radicales han traspasado las fronteras de Arabia Saudí e Irán para asentarse en países como Siria, Afganistán, Sudán, Nigeria, Paquistán, Indonesia y Malasia. Y lo que es peor, según explica Marshall en «La ley del islam radical», la situación parece que podría agravarse en los próximos años.

Fábrica de terrorismo. La «sharia», tal como explica este informe del prestigioso centro internacional con sede en Washington, es una «interpretación literal y extremista del islam» que pretende imponer una única versión de los textos coránicos, los dichos del profeta Mahoma y la vida de sus primeros seguidores. Pero, además, supone una combinación de materia civil y religiosa al sostener que «la ley fue entregada a Mahoma directamente por Alá, sin ninguna otra mediación humana» y, por tanto, lo que afirma el Corán debe ser observado escrupulosamente sin posibilidad de interpretaciones o debates. Y aplicado, claro está, a todos los ámbitos de la vida, incluida, la justicia y la sociedad civil.
Según Marshall, la «sharia» nació de las influencias del wahabismo saudí (corriente del islam cuyo líder es Ben Laden), el extremismo del ayatolá Jomeini impuesto en Irán a partir de 1979 y como reacción a la secularización paulatina de Turquía. O lo que es lo mismo, que la inclusión de la «sharia» en el Código Civil o Penal de cualquier país convierte ese territorio en una potencial «fábrica de terroristas».
«País tras país, la “sharia” ha tenido implicaciones devastadoras para los Derechos Humanos básicos», afirma en el informe Nina Shea, directora del Centro de Libertad Religiosa. Afirmación que no resulta gratuita a juzgar por los efectos que resultan al aplicar la «sharia».

Mutilaciones, cárcel y muerte. Arabia Saudí e Irán son considerados como la cuna de la interpretación radical y violenta del islam. Dos territorios en los que profesar una religión que no sea el islam es castigado duramente con penas de cárcel o incluso con la muerte. De hecho, está prohibido poseer cualquier literatura u objeto religioso no musulmán, incluso para uso privado; las iglesias son sistemáticamente destruidas; las minorías islámicas sufíes y chiíes, perseguidas; las mujeres vejadas y los misioneros forzados a huir del país bajo peligro de muerte.
Sin embargo, tal y como señala Paul Marshall, la presencia de representantes de Arabia e Irán en otros países de su entorno desde los años 80, ha provocado que en Afganistán los talibanes impusieran el burka a las mujeres; que en Sudán las amputaciones genitales –como la ablación femenina– y los azotes y ejecuciones públicas sean cada vez más frecuentes; o que las leyes paquistaníes –como la «ley de la Blasfemia»– se apoyen en decretos religiosos o «fatwas» para justificar la persecución de minorías, la esclavitud y la destrucción total de aldeas y escuelas. «Las escuelas de Paquistán son un campo de reclutamiento para terroristas», afirma el informe. Y esto, además de todo un rosario de atentados contra las libertades religiosas.

Un futuro incierto y peligroso. Pero este informe también alerta de que la «sharia» puede llegar a penetrar en territorios como Libia, Chad u Omán, y recuerda cómo Indonesia, Malasia y Nigeria ya se ven inmersas en las corrientes del wahabismo, sino a nivel nacional, sí en ciertas regiones. En Nigeria, por ejemplo, desde 1999 la «sharia» ha sustituido paulatinamente al anterior Código Penal en 12 de los 16 estados del Norte del país. Casos como el de Amina Lawall en 2003, condenada a muerte por lapidación tras ser acusada de adulterio, recuerdan, según este informe, el «peligro latente» que supone la «sharia».

A lo anterior, a manera de aclaración, hagamos algunas precisiones sobre la Shariah. Esta es la ley musulmana, tal y como se encuentra contenida en el Corán. Trata sobre toda clase de materias, desde la dieta que debe observar un buen musulmán, hasta cuestiones de familia, matrimonio o hijos.
La principal división de los musulmanes, entre chiítas y sunitas (hay otras, pero son menores), versa entre otros aspectos, sobre la Shariah. Los chiítas, que son más radicales (y desde la Revolución del Ayatollah Jomeini en Persia, se están expandiendo), sólo recurren al Corán, y por tanto, a la Shariah en estado puro. Los sunitas, por el contrario, se apoyan en la Shariah, por un lado, y en la Sunnah, por el otro. La Sunnah es el conjunto de costumbres y tradiciones de los primeros califas sucesores de Mahoma, que en su concepto vienen a complementar lo dicho por la Shariah, por lo que los sunitas tienden a ser menos radicales que los chiítas.

30 agosto 2005

EL LÍO RELIGIOSO QUE SE COCINA EN IRAK.

El asunto de Irak ha perdido bastante fuelle en los últimos meses, ahora que el dominio estadounidense casi no tiene contrapeso alguno en dicho país. Quienes siguen muy preocupados son los estadounidenses, cuyos hijos siguen llegando en bolsas para cadáveres a la patria por el celo fundamentalista del Sumo Sacerdote de la religión del Estadounidismo, el Patriarca George W. Bush, y los irakíes, que cada día tienen que ver como algún pedacito de su país salta en pedazos. Sin embargo, ¿qué se está jugando allá? ¿Por qué es tan problemático el asunto? Y en particular, ¿qué papel juega la religión en todo esto? EODLE cumple con su misión culturizadora, ofreciendo una breve explicación del follón que se ha armado allá, tanto peor por cuanto el elemento religioso está cruzando todo el problema.
Por razones históricas que algún día EODLE explicará latamente, el mundo musulmán está dividido en dos grandes facciones religiosas, llamadas los sunitas y los chiítas. Los sunitas son mayoritarios en casi todos los países del Islam, desde el Atlántico a Indonesia, mientras que los chiítas sólo lo son en Persia e Irak. Esto se explica porque desde el siglo XVI en adelante hubo un gran imperio persa, llamado el Imperio Safavida, que era chiíta, y que promovió la conversión forzada de todos sus súbditos. Aunque los safavidas se hundieron hace siglos, la impronta de su política religiosa sigue rondando la región.
Ahora bien, Irak en realidad no es un país. Es decir, aparece en los mapas y tienen un asiento en las Naciones Unidas, pero desde un punto de vista histórico y geográfico, no es más que el campo de batalla entre dos grandes bastiones geográficos: Persia al este (hogar de los safavidas), y Turquía al oeste (en donde estuvo el Imperio Otomano). Por tanto, Irak siempre ha estado zarandeada de un lado a otro, sin ser una verdadera nación independiente ni mucho menos. Después de la Primera Guerra Mundial, las potencias ganadoras (en particular Inglaterra y Francia) decidieron que en esa región iba a existir un paisucho llamado Irak, para fragmentar al máximo esa región, e impedir que surgiera un nuevo Imperio Otomano que les causara problemas, como había sido entre 1914 y 1918 (de paso, ahí también surgieron Arabia Saudita, Siria, Jordania y Palestina). La historia posterior de Irak fue bastante azarosa, porque como suele ocurrir con los países sin verdadero sentimiento nacional, creados por puro cálculo político, sus habitantes se trenzaron alegremente en luchas tribales y cosas así. Este estado de cosas llegó a su fin, temporalmente al menos, cuando se impuso la mano de hierro de Saddam Hussein.
Ahora bien, Saddam Hussein gobernó con los suníes, que eran minoría, por sobre una mayoría chiíta, lo que le sirvió de maravillas para mantener un estado laico, en contra de las presiones de Irán, el gran bastión de los chiítas. Por eso, cuando Estados Unidos atacó Irak y depuso a Saddam Hussein, los sunitas perdieron bruscamente todo su poder.
La tragedia de Irak es que en ese país se va a imponer la democracia a la fuerza, cuando realmente nadie la desea. En una democracia real, los sunitas quedan en minoría, y por tanto, a merced de la venganza de los chiítas. Cuando un chiíta quiere vengarse, es de temer: basta con recordar lo que pasó en Persia, cuando Shah Reza Pahlevi fue derrocado por el Ayatollah Jomeini en 1980 (el mismo que condenó a muerte de Salman Rushdie). Los chiítas, por su parte, por una cuestión de fanatismo religioso que es parte de su credo religioso, se avienen mal con la democracia. Y Estados Unidos, en tanto, que se disparó en un pie al derrocar a Saddam Hussein y con ello abrirle la puerta a los ayatollahs chiítas de Irak, está al borde mismo de dispararse en el otro, ya que si instaura una democracia de verdad en Irak, el poder caerá inevitablemente en manos chiítas, y con ello, Irak se transformará en un peón del juego político de Teherán, en vísperas de que se sospecha de que los ayatollahs iraníes están desarrollando el arma nuclear.
¿Una reconciliación entre sunitas y chiítas? Imposible. Han sido enemigos mortales desde hace trece siglos, y una fórmula de composición entre ambos credos es imposible.