22 abril 2007

EL PAPADO RETRÓGRADO: DOS AÑOS DE BENEDICTO XVI.

Hace dos años atrás, Joseph Ratzinger fue elegido Papa, y pasó a tomar el nombre de Benedicto XVI. En sus dos años de gobierno al frente del Vaticano y la Iglesia Católica, ha liderado un Papado fuertemente retrógrado y falto de sintonía con el mundo moderno. El Ojo de la Eternidad analiza su Papado y su mentalidad, y descifra las claves para el futuro que le espera a la Iglesia Católica.


[IMAGEN SUPERIOR: Joseph Ratzinger, Papa Benedicto XVI, pontificando desde el púlpito. Con Benedicto XVI, el proceso de aniquilación de la obra del Concilio Vaticano II iniciado por Juan Pablo II está llegando hacia su final, con nefastas consecuencias para la Iglesia Católica].

LA IGLESIA CATÓLICA EN EL MUNDO CONTEMPORÁNEO.
A pesar de ser una de las instituciones más tradicionalistas y conservadoras del entero mundo occidental, o a lo mejor por eso mismo, no cabe ninguna duda de que la Iglesia Católica ha atravesado por varias convulsiones a lo largo del siglo XX. Desde el quiebre provocado por la Reforma Protestante del siglo XVI, la Iglesia se ha batido en retirada frente a una serie de nuevos enemigos que han ido surgiendo, como por ejemplo la Ilustración, el secularismo, la ciencia moderna, los problemas sociales, etcétera. El más grande intento de ajuste durante el siglo XX fue, de lejos, el Concilio Vaticano II, convocado por Juan XXIII en 1962, y clausurado oficialmente por Pablo VI en 1965. Pero los grupos más conservadores de la Curia se dedicaron activamente, sea por tradicionalismo, por fanatismo o por la defensa de intereses creados, a socavar la obra de dicho Concilio, suprimiendo ese modelo de Iglesia abierta al mundo, y volviendo a una Iglesia centrada en lo ultraterreno y distante de sus fieles, según el modelo implantado por el Concilio de Trento en 1545-1563.
De esta manera, a la muerte de Juan Pablo II en 2005, la Iglesia Católica presentaba un aspecto bastante lamentable. Ya hemos dicho antes en El Ojo de la Eternidad que el Pontificado de Juan Pablo II fue una verdadera tragedia, porque todo aquello que éste intentó, salió al revés. Podría parecer que bajo su Pontificado, la Iglesia creció y fue más grande que nunca, pero por otra parte, existían fuertes síntomas de descomposición interna, como por ejemplo la pérdida de influencia en una sociedad cada vez más secularizada, su casi nulo papel internacional, su ausencia de grandes temas planetarios como la crisis ecológica o demográfica, por no hablar de la creciente carestía de curas que puedan encargarse de las parroquias repartidas a lo largo y ancho del mundo.
Esta es la Iglesia en la cual Joseph Ratzinger llegó a ser Papa.

EL ASCENSO DE BENEDICTO XVI.
Sobre el ascenso de Benedicto XVI hablamos latamente en un artículo publicado en El Ojo de la Eternidad hace un año atrás, pero no sobra repasar algunos aspectos. Ratzinger nació y se crio en la Alemania de Adolfo Hitler, algo que para bien o para mal, algo debió influir en su personalidad, toda vez que estuvo un año en las Juventudes Hitlerianas. Cuando ingresó a la Iglesia Católica ese especializó en asuntos teológicos, y durante el Concilio Vaticano II defendió posturas progresistas. Sin embargo, grande fue su desencanto con las revueltas de mayo de 1968. Es probable que Ratzinger resultara, a fin de cuentas, un niño rebelde hijito de papá, muy bravo y valiente cuando el problema de la igualdad social es una cuestión abstracta o doctrinal, pero que se acobardara cuando el estallido social llegara a su final lógico. Ratzinger se volvió entonces hacia el conservadurismo, y encumbrado a la Congregación para la Doctrina de la Fe en tiempos de Juan Pablo II, se haya dedicado a perseguir activamente a quienes postularan visiones izquierdistas del Catolicismo, en particular contra la Teología de la Liberación. Luego, la enfermedad de Juan Pablo II le dio ocasión para ir ganando espacios de poder dentro de la Curia, en paricular porque el propio Juan Pablo II le había despejado el camino, reemplazando a los cardenales liberales que iban retirándose o falleciendo, por conservadores que, llegada la hora, probablemente apoyarían a Ratzinger. De ahí que, el 16 de Abril de 2005, fue proclamado Joseph Ratzinger como Papa, quien adoptó el nombre de Benedicto XVI.
Se ha dicho varias veces que Ratzinger no ha exhibido jamás aquellas cualidades que podríamos considerar como "evangélicas". No es un hombre humilde, por descontado, toda vez que se siente un mesías iluminado que, cuando la gente no lo sigue, intenta imponer sus dogmas a golpe de autoridad, como lo demostró con su espectacular voltereta intelectual de 1968. Tampoco es hombre proclive al diálogo, ni una persona razonable que sea capaz de contender intelectualmente sin una serie de peticiones de principios que, por supuesto, él mismo se encarga de definir. Y su Papado es reflejo de todo eso.

LO QUE BENEDICTO XVI ESPERA DE LA IGLESIA CATÓLICA.
La personalidad autoritaria se ancla por definición en dogmas que trata de imponer a los demás por la fuerza si es preciso, porque concibe al mundo como una estructura de poder en la cual alguien debe mandar y alguien debe obedecer. Sumado eso al orgullo intelectual, el resultado es un tipo de personalidad que no escucha a los demás, sino que se cree autorizado, sea porque conoce la verdadera naturaleza de las cosas, sea porque es un iluminado por Dios, para decidir sobre todas las cosas que los demás deben o no hacer, sin que a éstos les quepa otra posibilidad que la obediencia fiel y sumisa. Benedicto XVI encaja a las maravillas con este tipo de personalidad, y más aún, ésta se ha visto reforzada por la corte de acólitos que, para ganar su favor, le alaban continuamente, como ocurre con variados medios de prensa y con la gente a su alrededor que refuerza este autoritarismo hasta convertirlo en la falsa modestia de los iluminados. Juan Pablo II presentaba rasgos de este tipo, pero su fructífera experiencia anterior con el mundo (fue actor y obrero antes de ser sacerdote) le permitió desarrollar dotes negociadoras que le impidieron caer en algunos de los peores extremos de la soberbia intelectual. En cambio Benedicto XVI, hombre de formación académica y con nulo contacto con el mundo, no tiene salvavidas posible. De este modo, Benedicto XVI presentó todos los aspectos psicológicos desfavorables de Juan Pablo II, y ninguno de los favorables.
Esta falsa modestia de los iluminados, lleva a la actitud curiosa de que si nadie los sigue, entonces no sólo se impiden adaptarse o cambiar de actitud, sino que sostienen que es el resto del mundo el que no los merece. He aquí la explicación psicológica para los suicidios rituales de sectas pequeñas. Adolfo Hitler, cuando estaba perdiendo la Segunda Guerra Mundial, incurrió en lo mismo, y dio una orden tan demencial como lo era arrasar Alemania hasta sus cimientos, convencidos de que si los alemanes no eran merecedores de ganar la guerra, tampoco merecían sobrevivir. Benedicto XVI no requiere llegar hasta esos extremos porque la Iglesia Católica le es una plataforma mucho más sólida para sus delirios personales, pero esta clave psicológica permite entender una de las críticas más formidables que se le hacen: su ceguera ante el hecho de que sus políticas están precipitando a la Iglesia Católica hacia el desastre.
En realidad, el futuro de la Iglesia Católica no le preocupa para nada a Benedicto XVI, porque está seguro de que Dios guiará a la Iglesia, y cada crisis y prueba que afronte será una prueba más de su gloria. Y si la Iglesia Católica no consigue superarla, es que ella no se merecía tal cosa, y por descontado que el mundo no se merecía tampoco a la Iglesia Católica. Y si nadie hace las cosas a la manera de Benedicto XVI, no es que éste se encuentre equivocado, según él, sino que el mundo no se merece a alguien como Benedicto. Se ha dicho que Benedicto XVI prefiere una Iglesia Católica pequeña, pero con seguidores férreos y perfectamente alineados, a una Iglesia grande que contribuya al mundo. Esto es exactamente lo que cabe esperar de un alguien que se siente iluminado y con complejos mesiánicos. Y sus obras como Pontífice hablan por sí solas.

EL PAPADO ERRÁTICO DE BENEDICTO XVI.
Para reafirmar el continuismo con Juan Pablo II, Benedicto XVI se presentó a sí mismo como un verdadero rockstar, en el Encuentro de la Juventud organizado en Colonia, durante el mismo año 2005. Allí hizo una serie de declaraciones en contra del mundo, llamando sutilmente a los católicos a apartarse de las corrientes del tiempo (secularismo, ciencia, etcétera), y volverse hacia Dios, identificándolo sin ambages con la Iglesia Católica, reafirmando de ese modo el dogma medieval según el cual fuera de la Iglesia Católica no hay salvación posible (por ende, los que no aceptan la autoridad de Benedicto XVI están condenados al infierno, el cual, por supuesto, es un lugar que existe y es real, y consiste nada menos que en la ausencia eterna de Dios). Es un castigo verdaderamente grave, en particular considerando que las opciones de Dios en ese caso serían ser condenado a seguir a un iluminado matonesco como Benedicto XVI, o condenarse a no ver nunca la bondad divina durante toda la eternidad. Frente a eso, una sutileza como la reciente "abolición del limbo", encargando a las almas imposibilitadas del bautismo a la gracia de Dios, es realmente una nadería.
Su siguiente gran acto fue la encíclica "Deus caritas est", muy alabada por los católicos más recalcitrantes, pero cuyo contenido teológico, y aún meramente lógico, es un verdadero yermo, como lo señalamos oportunamente en El Ojo de la Eternidad. Es también otra muestra del estilo mesiánico de Benedicto XVI: discursiva y pedante, de espíritu pedagógico, pero con muy pocos compromisos por parte de la mismísima Iglesia Católica. En documentos más recientes, Benedicto XVI ha proseguido su política de no transar con el mundo moderno y seguir manteniendo porfiadamente a la Iglesia Católica en su sitio, en una actitud muy similar a la de Adolfo Hitler cuando exigía la defensa a toda costa de Stalingrado.
Para un hombre que se precia de su formación intelectual, resulta desconcertante su espúrea comprensión de lo que es la ciencia moderna. El Discurso de Ratisbona lo deja ver bien en claro, como también lo señalamos en El Ojo de la Eternidad. En éste, señala que la ciencia no es nada si no va acompañada por la fe, lo que en términos lógicos es una estupidez monumental, toda vez que el trabajo de la ciencia es justamente poner a prueba los dogmas y la fe, por medio de su exacto opuesto, la experimentación científica. No es raro que Benedicto XVI le tenga tanto temor a la ciencia y busque ponerle cortapisas, porque ésta podría llegar, más tarde o más temprano, a conclusiones que el egotismo mesiánico de Benedicto no sería capaz de soportar. De hecho, ya lo está haciendo, porque pese a todos sus intentos por conciliar el Darwinismo con el Catolicismo, negando el Creacionismo para dar paso a una especie de teoría de la evolución teísta, la verdad es que como bien señala Richard Dawkins, no hay hasta el minuto ningún indicio de que Dios haya intervenido de alguna manera en la evolución, o en la creación humana.
En ese sentido, es claro que los dos años de Benedicto XVI como Papa han confirmado algunos de los peores presagios que cabían. Con tanto voluntarismo en ir a contracorriente de los tiempos, Benedicto XVI está condenando a la Iglesia Católica a ser, de la más improtante de las religiones mundiales, a una secta más, en medio del crecimiento desorbitado de musulmanes, hinduístas, protestantes, etcétera. Aunque ya conocemos cuál sería la respuesta de Benedicto XVI: si los católicos no se muestran dignos de Dios, entonces no se merecen la supervivencia...

5 comentarios:

ferabt dijo...

No sé si decir de la Iglesia Católica que es conservadora y tradicionalista es una crítica o un elogio. Desde luego quien firma este artículo lo hace con intención despectiva , pero sin darse cuenta de que cualquier institución que tenga ya unas décadas, no digamos siglos o, incluso, milenios, es, por su propia naturaleza tradicional sin afectar eso a la pureza de sus planteamientos.
Sobre los lugares comunes consistentes en alabar a un papa o a una determinada corriente eclesial no diré nada pues es alimentar el insano, y nada inteligente, morbo de las filias y las fobias (puro emocionalismo). Así que puedes preferir a Juan Pablo II (ahora que está en la gloria) o las virtualidades que escondía el concilioVaticanoII, que no cambian las cosas. Ahora la verdad será siempre la verdad la diga Agamenón o su porquero; y decir que si la Iglesia se volcara más hacia los problemas del mundo (como si no lo hiciera y más que nadie) y dejara de mirar a lo ultraterreno sería más popular es no saber de lo que se habla. Si la Iglesia dejara de mirar a lo ultraterreno dejaría de existir en ese preciso momento porque lo que más le preocupa al hombre es precisamente eso. No hombre no, la demografía , la globalización, el cambio climático (aquí me entra la risa), la economía etc. son entretenimientos que el hombre tiene en comparación con el asunto fundamental. Y para esto no hace falta más que llegue el momento en que vemos a la parca para darse cuenta. Y en lo de la pérdida de influencia en una sociedad secularizada no seré yo quien le quite la razón pues es verdad. No es más que un signo de los tiempos del que ya Joseph Ratzinger se percataba hace bastantes años. Cuando un periodista le hacía notar ese gran drama, él respondía con tranquilidad que no importa el número de cristianos verdaderos que lo importante es que los haya. Y es más, creo que vaticinaba que la Iglesia no ha pasado aún su peor momento, pero que finalmente la verdad se impondrá. Esto que no convencerá a mucha gente es lo importante, porque si un barco perdido fuera gobernado democráticamente en vez de por la ciencia del capitán acabaría su viaje rápidamente. Es más, creo que el pasaje es el primer interesado en que eso no ocurra y por eso confía en su patrón.
Lo indigno de este escrito es que esté en un blog que pretende hacer de la "religión un lugar mejor para vivir". Si se parte de la descalificación nada más comenzar un escrito sobre el Papa Benedicto XVI (una mente que difícilmente puede caber en la de este bloguero) en vez de tomarse la molestia de intentar comprender cómo una institución tan vilipendiada, cierto aunque por desconocimiento fundamentalmente, ha podido subsistir y resistir el embate de sus innumerables enemigos, no puede entonces haber un intento de comprensión ni acercamiento a un fenómeno. Sencillamente el autor de esta infumable producción desconoce casi todo sobre el concepto de ciencia, filosofía y la relación entre ciencia y fe.
Vayamos a "Deus caritas est" una encíclica de una claridad y sencilla profundidad que sólo puede venir de la Verdad desde la que está escrita. Este zascandil va y dice que su contenido teológico es un yermo y se queda como la oveja que parió un lobo. pero sabrá este hombre de teología? y me remite a su "ojo de la eternidad" que debe ser ojete por la perspectiva que tiene.Decir que la ciencia no es nada si no está acompañada de la fe no es una afirmación científica sino filosófica, es decir, el conocimiento científico no es nada si el hombre no tiene una perspectiva trascendente lo cual ya lo reconocía Heisenbrg. Pero este aprendiz, del que no veo firma para referirme a él, mezcla niveles diversos de conocimiento sin empacho alguno.

ferabt dijo...

Y finalmente, como no, tiene que salir el evolucionismo. Si un diletante no saca este tema no duerme por indigestión. Y naturalmente seguimos mezclando niveles de conocimiento. Que quede claro que la navaja de Occam servía precisamente para esto para deslindar lo que no se debe mezclar. El creacionismo no está reñido con el evolucionismo, sencillamente son conceptos incomparables. Linneo creyó que desde el principio Dios creó la totalidad de las especies y así siguen desde entonces. Lo de menos es que Dios las creara, pues, tanto si las creó como si existían desde siempre, él sabía que ese era un problema filosófico que no le afectaba. Lo que verdaderamente defendía era el fijismo de las especies, es decir, que no hay transformación o evolución. El evolucionismo o transformismo es por tanto opuesto al creacionismo y no al evolucionismo como tantos profanos, e incluso científicos creen. El problema científico por tanto es entre fijismo y evolucionismo, no entre cracionismo y eternidad que es filosófico. Dos manzanas más tres peras no son cinco "manzaperas".
Así que cuando un creacionista defiende su posición frente a un evolucionista, no puede haber debate sino diálogo de sordos: están condenados a no entenderse. Y como posiblemente "diriman sus diferencias" en un gallinero televisivo los dos recibirán los aplausos de sus respectivos partidarios sin enterarse nadie de nada.
Así que el evolucionismo es perfectamente compatible con el catolicismo por la sencilla razón de que son indiferentes, como es posible ser aficionado al tenis y ser periodista.
Si Dawkins constata que Dios no ha intervenido en la evolución no lo hace por ningún método científico, es simplemente su creencia. Ahora yo le pido al autor de ese escrito que me proporcione una prueba de que el hombre procede del mono. Puede que la haya, pero si así es eso le va a suponer un gran esfuerzo intelectual (puesto que se enfrenta a un problema de verdad). Pero para escribir páginas y páginas descalificatorias o decirnos perogrulladas sólo se necesita tener tiempo.

boanerges dijo...

Para usar los mismos términos del erudito que escribe este blog: le recuerdo que es una "ESTUPIDEZ MONUMENTAL AFIRMAR QUE LA CIENCIA EXPERIMENTAL PUEDE ESTUDIAR O PONER A PRUEBA LOS DOGMAS Y LA FE", dichos temas son patrimonio de la filosofía, teología, antropología, sociología, TODAS ESTAS CIENCIAS SE BASAN EN LAS CREENCIAS SUBJETIVAS (FE - INTUICIÓN - HIPÓTESIS DE LOS INDIVIDUOS)

Herr Straßermann dijo...

Lejos de caer en la escatología, esta publicación me parece crítica y realista. El discurso de Joseph Ratzinger está a menudo repleto de falacias proselitistas, de indicios de una soberbia nada cristiana y de vaticinios más propios de un Gregorio IX que de un Juan XXIII.
Caer en estas retorcidas muestras de "verdad", en dogmas que rechazan la diversidad para hallar un camino único, ¿acaso no suena esto más a Hitler que a Jesucristo? El nuevo catolicismo asusta por su radicalismo tradicionalista, por su ferviente y constante fosilización que rechaza el futuro para enclaustrarse en la neurosis de la sinrazón y de los argumentos ambiguos que no conducen a ninguna parte.

Ramon dijo...

¿De quién hablas: de Benedicto XVI o de la imagen que te has formado de Benedicto XVI a partir de la impresiones de otros y no de las propias experiencias con este Papa?

Es que hablas de él como si hablaras... no sé, de Alejandro VI o alguno de esos Papas que no han dejado bien parada a la Iglesia, pero eso son Papas de un tiempo muy pasado.

Si intentaste mostrar que este Papa es un retrógrada, lograste sólo mostrar que la concepción que tienes del Papa y de la Iglesia es una concepción gestada en el siglo XVII y actualmente muy superada.

Amigo, te quedaste atrás en lo que se refiere a la crítica a la Iglesia. Hoy las críticas van por otro camino; pero bueno, gracias por tu publicación, me hiciste recordar viejos y empolvados argumentos, cosas que hoy pertenencen al museo, a las vitrinas de la arqueología del pensamiento.