05 febrero 2006

BAJO EL IMPERIO DE LA GRAN DIOSA MADRE.

La primera gran divinidad que rigió a la Humanidad no fue un dios, sino una diosa. O mejor dicho, múltiples diosas, adaptada cada una a la idiosincracia de las tribus y pueblos que las adoraban, y que son reflejo de una y misma deidad, extendida a lo largo y ancho de Europa y Asia. Aunque derrocada por los dioses masculinos, la Gran Diosa Madre sigue teniendo una notable, aunque soterrada, presencia incluso hoy en día. El Ojo de la Eternidad cuenta su historia.



[IMAGEN SUPERIOR: Afrodita de Delos, escultura griega tallada alrededor de 100 a.C. Puede verse a tres símbolos eróticos: la diosa Afrodita y el Amor, junto al lascivo dios Pan. Desde antiguo, las diosas fueron acosadas y arrinconadas por los dioses, pero aún siguen estando presentes...].

AL PRINCIPIO FUE LA DIOSA.
"Al principio Dios creó el cielo y la tierra.. La tierra estaba desierta y sin nada. Las tinieblas cubrían los abismos mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas. Dijo Dios: "¡Haya luz!, y hubo luz"... Con estas palabras (Génesis 1:1-4) parte la Biblia, refiriendo la primera historia de todas, la de la Creación. ¿Fue esto así? Licencias poéticas aparte (ahora sabemos que el universo fue obra probablemente de un Big Bang), lo cierto es que la primera entidad creadora del mundo no fue un dios... ¡sino una diosa! El texto bíblico precedente fue escrito en fecha bastante tardía, quizás un par de siglos antes de Cristo, por un sacerdote varón, en tiempos que el masculino Yahveh se había impuesto sin contrapeso sobre las diosas femeninas. Porque lo cierto es que Yahveh alguna vez... ¡estuvo casado! Y más extraño aún... ¡El dios de la Biblia era un MANDADO por su esposa!
Este caso no es único. A lo largo de muchos siglos, incluso de milenios, toda Eurasia desde Inglaterra hasta Japón estuvo bajo el imperio de las diosas. Aunque adoradas bajo diferentes advocaciones (Frigg en Germania, Hera y Afrodita en Grecia, Astarté en Fenicia, Isis en Egipto, Istar en Mesopotamia, Kali en la India, Amaterasu en Japón), todas ellas reunen cualidades comunes que las transforman en grandes creadoras, y que han llevado a los arqueólogos a bautizar su religión como el Culto de la Gran Diosa Madre.

LA VIDA DEL UNIVERSO.
La religión es un invento reciente: no tiene más de 50 o 60 mil años, una insignificancia comparado con el millón de años de evolución biológica humana, o los 20 o 25 millones acumulados por la evolución desde los primeros primates. En dicho tiempo, por razones no bien aclaradas, los seres humanos empezaron a considerar que el universo entero estaba poblado de entes inmateriales que animaban todas las cosas, y que explicaban por qué el sol calentaba, el viento soplaba, etcétera. Rastros de dicha religión existen por todas partes, desde los pillanes adorados por los mapuches, hasta los númina romanos, o los fantasmas y espectros de la Mitología Japonesa.
Después de lo cual, aquellos pueblos se abocaron a la gran pregunta de "¿quién creó todo esto?". ¿Quién era, en efecto, el sostenedor de los ciclos de la naturaleza? La conclusión, la obtuvieron por analogía. Si los seres humanos existían porque una madre los paría, entonces lo mismo debía ser con todas las cosas, que tenían que haber sido paridas por alguna especie de Gran Diosa Madre.
La evidencia de esto, está en el arte rupestre. La máxima muestra de la escultura del período Paleolítico son las llamadas "venus", que no tienen nada que ver con la diosa griega, sino que son estatuillas femeninas que, sintomáticamente, tienen bien reforzados los rasgos propios de la fertilidad femenina: vientre y pechos hinchados, y vulva bien visible, al tiempo que los rasgos secundarios a la fertilidad están apenas delineados (piernas, brazos, etcétera).

LA LLEGADA DE LOS DIOSES.
Los dioses masculinos fueron un resultado secundario de la aparición de la agricultura. Los pueblos agrícolas estaban enfrentados al problema de los ciclos de la naturaleza. Ellos no disponían de explicaciones astronómicas como las nuestras para explicar la existencia de un verano y un invierno, de modo que estaban obligados a llevar a cabo toda clase de rituales mágicos de fertilidad, para evitar que los dioses se encapricharan y sumergieran al mundo en un invierno eterno. La explicación que encontraron, se sintetiza en los llamados Dioses Murientes: deidades masculinas que eran a un tiempo hijos y amantes de la Diosa Madre, que todos los años morían para renacer después. Todos los grandes dioses masculinos comenzaron de esta poco promisoria manera, su carrera religiosa.
El cómo los dioses masculinos se rebelaron y suplantaron a la Diosa Madre, es todavía un misterio, a pesar de que existen múltiples indicios del proceso, tanto en las muestras arqueológicas, como en la mitología. Parece ser que a medida que la población fue creciendo, y las sociedades agrarias se hicieron más complejas (es decir, cuando inventaron la civilización), las mujeres se transformaron en un bien sumamente preciado, una mercancía susceptible de ser vendida "en matrimonio" y dote mediante, ya que tener muchas mujeres que pudieran procrear era una garantía de que se tendrían, a su vez, muchos hijos, los cuales eran una importante base de poder. Surgieron así las sociedades patriarcales, que rápidamente reemplazaron a las antiguas sociedades matriarcales. A la vez, los sacerdotes de los dioses masculinos reforzaron su propio papel, creando mitos que denigraban a las diosas, y exaltaban el papel de los dioses.
Así, las diosas pasaron a ocupar dos papeles bien definidos: el de "engañadora" y el de "caos primigenio". El ejemplo más claro de diosa encarnación del caos primigenio es Tiamat, la gran serpiente babilónica madre de demonios, que es asesinada por el dios masculino Marduk, quien usa su monstruoso cadáver para crear el universo y sus distintas dependencias. El papel de engañadora lo encarna muy bien la diosa egipcia Isis, quien según la Mitología Egipcia, obtiene un poder indebido sobre Ra, engañándole para que éste revele su nombre secreto, con el cual le confiere a la diosa un poder mágico inigualable.
Quizás el caso más extremo de "terrorismo machista religioso", sea el de los sacerdotes bíblicos. En Canaán, la Gran Diosa se llamaba Aserah. Su culto era un trasunto de otras diosas de la fertilidad de la región, como la fenicia Astarté o la mesopotámica Istar, con quienes comparte hasta un nombre similar. Sin embargo, por varias razones largas de explicar aquí (pero que EODLE se guarda para un futuro artículo), su contraparte masculina el dios Yahveh fue imponiéndose de manera lenta e implacable, hasta que los sacerdotes bíblicos consiguieron borrar casi todo rastro de la diosa ("casi", porque aún quedan vestigios de Aserah en la Biblia), y entronizar a Yahveh no sólo como el "dios masculino que manda", sino también como dios único.

LA SUPERVIVENCIA DE LA DIOSA.
A pesar de los denodados intentos por destruir a las diosas, lo cierto es que los dioses masculinos nunca han podido deshacerse de ellas. No podrían hacerlo, ya que después de todo, la mitad del género humano está compuesto por mujeres, y por tanto, en todo panteón religioso que se respete es necesaria una presencia femenina que las represente, a fin de evitar que éstas abandonen la "religión oficial" en beneficio de doctrinas "heréticas" que las representen mejor.
En la Antigua Grecia, por ejemplo, esto era bien visible en el hecho de que, de los doce dioses Olímpicos que lo mandaban todo, la mitad eran diosas. En Egipto, Isis terminó unida en amigable convivencia con su marido Osiris y su hijo Horus. En Japón, la diosa Amaterasu consiguió mantener su puesto incluso contra el brioso dios marino Susano-O, transformándose en progenitora del linaje de los Emperadores. En la India, ni Shiva ni Visnú consiguieron arrumbar el culto a Kali, que siguió bien vivo, aunque en relaciones bastante ambiguas con todo el resto de la mitología (es diosa de muerte, por un lado, pero de nueva vida, por el otro). Incluso el Budismo, que tiene por centro a Buda, ha rescatado desde siempre la fiigura de su madre, la diosa virgen Maya.
Lo que nos lleva al Cristianismo. Supuestamente, el Cristianismo es una religión monoteísta. Y sin embargo, bien enclavado en su interior está el Culto Mariano. En María, la Virgen Madre de Dios (Theotocos, en griego, según el título que se le ha conferido oficialmente desde el Concilio de Efeso en 431), están reunidas todas las características de la Gran Diosa Madre, incluyendo el ser compañera de Dios (en su forma de Padre) y progenitora de un Dios Muriente... y es descendiente lejana de un largo linaje de Diosas Madres que incluye a la diosa hitita Arinna y a la diosa griega Artemisa... una historia demasiado larga para reseñarla aquí, pero que ya estamos desarrollando en un futuro artículo para El Ojo de la Eternidad.

5 comentarios:

Angelita-traviesa dijo...

Notese, la filiacion feminista del autor, en realidad, yo creo que se exagera el hecho de la guerra entre Dios Padre y la Diosa madre, porque en si, Dios creo la tierra (la madre) y se hizo su reino en el cielo, ella pare a los hijos y el a protege a ella y los hijos, la fecunda con semen divino (el agua) y la cuida con amor (el sol) no creo que existiera una lucha desde el inicio, lo dicen los salmos, lo dice job, y en oseas 2:8 se pueden enterar de otros beneficios que dio el Padre a la Madre, pero ella fornico y desato su ira.

ana rita dijo...

Me parece una falta de respeto y de un machismo absoluto el comentario arriba.yo no soy tan sabia como para decir que se a ciencia cierta en que devo creer,pero si despues de tantos milenios el hombre se sigue preguntando quien llego primero ¿el huevo o la gallina?¿COMO PODEMOS DAR POR ECHO QUE LA CREACION ES OBRA DE UN HOMBRE?Agradesco al blogger por sus aclaraciones,seguire buscando respuestas.ANA RITA

orlando dijo...

Excelente articulo, sin duda...la diosa madre es la matriz divina de la creación! Gracias!

Yonseb Juarez dijo...

Haber hijos del primate... Que tienen en la cabeza? Haaa ya se, popo!
Dejense de babosadas y ponganse a estudiar un poco de Teología están diciendo puras babosadas ¿quieren saber si están bien? Mieranse y descubran cual es la verdad.

Yonseb Juarez dijo...

*mueranse