04 diciembre 2005

DIE SONNENMENSCH!!!: LOS HÉROES SOLARES.

A lo largo de la Historia se repite una y otra vez un prototipo de héroe, que al mismo tiempo es un salvador, un redentor, y un ser humano, pero de calidad superior a la media del género. Este héroe, llamado el "héroe solar" por su vinculación con antiguos rituales campesinos paganos, ha adoptado múltiples formas, desde los míticos Adonis y Tammuz de los babilónicos, hasta los modernos Luke Skywalker y Neo del cine actual. El Ojo de la Eternidad refiere ahora la historia del Sonnenmensch, el héroe solar:


[IMAGEN SUPERIOR: Estela de Naram Sim, en la que éste se representa a sí mismo como un enviado de los dioses. Esta Estela se esculpió para celebrar el triunfo del rey acadio Naram Sim sobre sus enemigos tradicionales, el pueblo de los gutis].

EL HÉROE SOLAR.
Pese a la multiplicidad de culturas y civilizaciones que han existido sobre la Tierra, lo cierto es que por debajo de ellas ha existido siempre una misma conciencia o naturaleza humana. De este modo, entre la exhuberante jungla de mitos creados a lo largo del tiempo, hay algunas historias o patrones que se repiten constantemente. Uno de los patrones más repetidos es el llamado "héroe solar", el Sonnenmensch en alemán, que tiene un notable contenido religioso, y que además, ha permanecido en la cultura popular durante milenios, hasta el punto que las huellas de éstos pueden reconocerse en personajes modernos como Superman, Tarzan, Luke Skywalker, Neo, y un largo etcétera.

La primera gran religión conocida es llamada comúnmente por historiadores y arqueólogos, como el Culto de la Gran Diosa Madre. Se juzgaba que el dios que lo había creado todo tenía que ser por fuerza una mujer, porque ellas eran quienes con sus vientres daban a luz la nueva vida. Por una serie de razones, se impusieron después los dioses masculinos. Sin embargo, la diosa nunca retrocedió por completo, y sigue agazapada en múltiples formas entre nosotros.
Sucedía que entre la Gran Diosa omnipotente y los mortales comunes y corrientes había un poderoso abismo, que de alguna manera tenía que ser rellenado. La respuesta es lo que algunos llaman el "dios muriente", el "dios que muere y resucita". Cuando los seres humanos descubrieron la agricultura, se sabían dependientes de las estaciones del año. Ellos no veían los ciclos de la naturaleza como algo que se mantenía por sí de acuerdo a ciertas leyes físicas, sino como algo que los dioses podían cambiar a capricho. Por tanto, era menester tenerlos tranquilos y apaciguarlos con sacrificios. Se impuso así la idea del sacrificio cíclico, el ritual que debe celebrarse todos los años en determinadas fechas. Crecieron así los mitos en donde el dios muriente se sacrificaba y moría, para después ser resucitado por la gracia divina de la Diosa. El paralelismo con la vida agrícola, en donde la fertilidad de las cosechas "muere" todos los años en el invierno, y "resucita" en el verano siguiente, es evidente, y en este paralelismo descansa la fuerza del mito.
Estos dioses murientes son los antepasados más remotos de los héroes solares.

EL PAPEL DE LOS HÉROES SOLARES.
A medida que la Diosa fue perdiendo poder en beneficio de los dioses masculinos, el papel de los héroes solares cambió un tanto, vinculándose a partir de ahora a los dioses patriarcales. Surgió así la estructura trinitaria propia de todas las grandes religiones, en donde hay un Padre que es Dios, una Madre que es la Diosa (concesión a la antigua religión matriarcal, presente incluso hoy en día), y un Hijo que es el mediador entre los dioses y el ser humano. Este Hijo es el Sonnenmensch. Esta estructura mítica es posible reconocerla en varias tríadas divinas: Osiris-Isis-Horus, Zeus-Latona-Apolo, Zeus-Alcmena-Heracles...
De esta manera, al crecer los mitos relativos a distintos héroes solares, se entronizaron varios "signos de reconocimiento". Es decir, como un Sonnenmensch se reconoce por su papel de redención del ser humano, redención que es posible por su naturaleza a medias divina y a medias humana, todo aquello que contribuya a forjar esta imagen, se convierte en señal de su naturaleza sobrehumana. Esta es la razón por la que las historias de los héroes solares suelen ser terriblemente estereotipadas entre sí.
Entre los héroes solares que presentan las señas de reconocimiento se cuentan varios personajes mitológicos ficticios, pero también muchos personajes históricos a los cuales la admiración de los siglos posteriores fue confiriendo un estatus semidivino, para enfatizar así su naturaleza divina y su rol como maestros morales de la Humanidad. Así, por ejemplo, son héroes solares, o presentan rasgos de éstos, al menos, entre otros: Sargón el Grande, Moisés, Sansón, Ciro, Perseo, Rómulo y Remo, Rama, Krishna, Apolo, Zeus, Hércules, Cristo, Mitra... y más modernamente Frodo, Luke Skywalker, Neo, Superman, Batman, etcétera.
Hay que tener presente que, debido a las características propias de los Sonnenmensch y la cultura en donde son creados, no todos ellos presentan todas las características propias de un héroe solar, o bien, algunos las presentan de manera más bien diluida. Pero no por ello dejan de tener las señales de reconocimiento características que los identifican como héroes solares.

EL RECONOCIMIENTO DE LOS HÉROES SOLARES.
Como decíamos, hay una serie de marcas o detalles que permiten a los seres humanos reconocer a un Sonnenmensch como tal. Todos estos rasgos configuran una especie de "biografía mítica" que se repite a lo largo de varios de estos relatos, y que siempre tienen elementos mágicos y de intervención divina. Recordemos que el Sonnenmensch es al mismo tiempo un ser humano, y alguien bendecido por los dioses. De su condición intermedia, nace una historia que está destinada al mismo tiempo a la desgracia y la grandeza.
En primer lugar está el origen divino, o al menos extrahumano, del Sonnenmensch. A veces es directamente divino, como es el caso de Zeus o Apolo. A veces es divino, pero encarnado en un humano, como Rama, Cristo o Krishna. A veces es un semidios, engendrado por un dios superior, como sucede con Hércules, Perseo, o Rómulo. A veces es hijo de humanos, pero los dioses intervienen para hacerlo nacer, como es el caso de Sansón o Samuel. En pocas ocasiones es un ser humano directamente, aunque hay algunos, como por ejemplo en el caso de Moisés.
En las mitologías modernas más laicas, la explicación de la superioridad del héroe adopta otras formas. Superman, por ejemplo, no es divino, pero viene de un planeta extraterrestre (Kriptón) que está poblado por una especie de "humanidad superior". Batman, por su parte, tiene una gran fortuna personal, que viene de familia, que lo sitúa por encima del resto de los mortales. Neo, de Mátrix, ha sido diseñado como parte de un ciclo más vasto que él, que lo ubica en el papel de "el Elegido" por antonomasia. Y así sucesivamente.
Muchas veces, el origen divino se asocia a un nacimiento virginal. Esto se concreta en su nacimiento a partir de una doncella virgen. En los pueblos antiguos, la esterilidad era considerada una gran maldición, ya que al no existir seguro social, la única manera de alcanzar una ancianidad estable era tener muchos hijos que cuidaran de uno en la vejez. De este modo, el nacimiento por intervención divina era considerada justo lo contrario, una bendición. Así pues, ¿qué mayor prueba de divinidad, que hacer nacer al héroe de una virgen? Ocurrió así con Buda, con Cristo, y con varios semidioses griegos hijos de Zeus (Hércules, Perseo, etcétera).
Para terminar los rasgos de reconocimiento relativos al nacimiento, está la "gran amenaza". El Sonnenmensch se salva de una gran amenaza contra su vida, de una manera tan milagrosa que no puede explicarse de otra manera que por su superioridad semidivina o divina. Zeus, por ejemplo, fue salvado de ser engullido por su padre Cronos. Apolo tuvo que matar a la serpiente Pitón a los tres días de nacido. Moisés fue salvado en una cesta de juncos de la matanza ordenada por Faraón, y otro judío insigne como fue Jesús, fue llevado por su familia a Egipto para ser salvado de la Matanza de los Inocentes ordenada por Herodes. Más modernamente, Superman es salvado de la explosión del planeta Krypton, mientras que Neo consigue sobrevivir al acoso del Agente Smith, en "Mátrix".

LOS "AÑOS OSCUROS" Y EL DESPERTAR.
Generalmente, el héroe pasa por un período de aprendizaje, antes de encontrarse con su destino. Este aprendizaje es, por lo general, en un lugar o ambiente muy distinto a aquél que es propio y le pertenece. Los ejemplos sobreabundan: Zeus es criado en la isla de Creta, Hércules afronta los "doce trabajos", Moisés es educado en la corte del Faraón, Cristo pasa algunos años en Egipto, Superman pasa un tiempo en Kansas, Neo es entrenado por Morfeo y Trinity... En general, en estos años, el héroe no es reconocido como tal, ya que no ha dado mayores muestras de su superioridad, salvo para el pequeño grupo que lo conoce, que es testigo de sus primeras proezas, y que no siempre está seguro de su destino.
El héroe vendrá a manifestarse recién cuando llegue el minuto de enfrentarse a "su misión". Ella se le pone en camino cuando aparece un Gran Mal que le obliga a pasar de una vida contemplativa y más o menos retirada, a la acción directa. En Moisés, este enfrentamiento contra el Gran Mal se produce cuando es testigo de la crueldad egipcia para con los hebreos. En Cristo, cuando Juan Bautista es encarcelado y el Pueblo Elegido se queda sin guía espiritual. Y así sucesivamente. En algunos raros casos es el propio héroe quien toma las armas contra un mal preexistente, como es el caso de Zeus o Superman, pero estas situaciones son más bien raras, debido a que carecen de un componente dramático esencial. La lucha de la justicia por la justicia tiene sin lugar a dudas su idealismo, pero como motivo dramático es muy poco atractivo, ya que no hay un mayor compromiso personal.

LA MUERTE Y LA RESURRECCIÓN.
La lucha puede ser larga o corta, eso no tiene mayor importancia. Lo importante es la secuencia final de la historia, que sigue ciertos pasos estereotipados.
En primer lugar, el héroe cae en las garras del Gran Mal. En algunos casos esto es un accidente, pero en no pocas ocasiones, es el héroe mismo quien elige ir al enfrentamiento directo contra el Mal, aunque esto implica un riesgo enorme para su vida. Luke Skywalker es un estupendo ejemplo: interrumpe su entrenamiento y lo pone todo el riesgo para ir a rescatar a sus amigos de las garras de Darth Vader, en "El Imperio contraataca". Otro ejemplo literario es Frodo, que debe internarse en la tierra del Mal (Mordor) para destruir el Anillo Unico. Entre los ejemplos históricos está Cristo, que emprende una marcha sobre Jerusalén, o Moisés, que viaja a la corte del Faraón.
De este enfrentamiento, el héroe saldrá efectivamente muerto. Esta muerte puede ser simbólica, como en Luke Skywalker (por seguir los ejemplos antedichos), cuyo brazo es cortado por Darth Vader, y que derechamente pierde su inocencia después de enfrentarse a él; algo similar ocurre con Frodo, que no llega a morir físicamente, pero que sufre una intensa agonía en su lucha final con Gollum, antes de echar el Anillo Unico a su destrucción. Pero en otros casos, esta muerte es bien real, como ocurre con grandes deidades antiguas (Cristo, Krishna, etcétera).
Pero, y he aquí toda la ciencia del héroe solar, esta muerte no es definitiva. El héroe solar es tal porque consigue imponerse a la muerte. Los antiguos griegos y romanos llamaban a esto la "apoteosis", en que los dioses cobijaban al héroe muerto en su seno y lo admitían entre sus filas. Cristo en la tradición cristiana, y Rama y Krishna en la hindú, resucitan y traen con ello la victoria definitiva sobre las fuerzas del Mal. Cuando el héroe no muere, pero ha sufrido una gran agonía, esta resurrección aparece atenuada, en la forma de un "regreso a casa": Frodo vuelve a la Comarca, Luke se reune con sus amigos, etcétera.
Con todos estos patrones ofrecidos, el propio lector puede ponerse a buscar entre su bagaje literario e histórico, para descubrir o detectar otros héroes solares que anden rondando por ahí. Se llevará una sorpresa: son más de lo que uno cree. Piense usted por ejemplo en las películas de duros como Schwarzennegger o Stallone, en donde el héroe está a punto de morir al final en una gran explosión, pero no muere. ¿De dónde sale este final tan estereotipado para esas películas? La respuesta: de un bagaje mítico tan viejo como lo es la Humanidad civilizada. De otra manera, algo que se repite tantas veces no funcionaría.

2 comentarios:

N1kkyt4 dijo...

Hola, acabo de publicar un extenso articulo sobre los heroes solares, quizas te interese leerlo porque hay muchos detalles que quizas no conoscas, y de los que conoces quizas algunos esten en desacuerdo con lo que escribi, si se da ese caso quizas te gustaria mencionarme cuales son jejeje gracias de antemano. Mi blog es http://n1kkyt4.blogspot.com/

Juan Camilo Cruz dijo...

En Frodo me parece más cuando cae por las heridas de la araña y renace ayudado por la elfa...