28 enero 2007

EL JUICIO CONTRA GALILEO GALILEI.

Uno de los más famosos y emblemáticos momentos de la historia religiosa de todos los tiempos, es el juicio seguido por la Iglesia Católica contra Galileo Galilei. Consagrado por años como una rebelión intelectual del pensamiento libre contra el escolasticismo y el dogmatismo de la Iglesia Católica, se ha construido toda una mitología en torno a dicho juicio. Y sin embargo, no todo es como lo pinta la tradición. El Ojo de la Eternidad refiere los entretelones de uno de los episodios más polémicos en la historia científica y eclesiástica.


[IMAGEN SUPERIOR: El juicio contra Galileo Galilei. Ante la Santa Inquisición debió retractarse de sus afirmaciones].

LA LEYENDA DE GALILEO CONTRA EL OSCURANTISMO.
El juicio a Galileo Galilei, celebrado en el año 1633, ha pasado a la historia de la religión como un baldón o infamia de la Iglesia Católica. Galileo ha sido considerado como el defensor del secularismo frente a una Iglesia Católica completamente inflexible y terca en sus afirmaciones. De esta manera, el juicio tiene por sí mismo un valor mítico que supera a los hechos históricos.
Y sin embargo, los hechos históricos son, como de costumbre, un poco más complicados de lo que parece a simple vista. Decir que la Iglesia Católica obró en el vacío y tronando desde lo alto es en realidad una exageración, y por otra parte, también Galileo se extralimitó en la defensa de un modelo heliocéntrico que, contra la creencia generalizada de las gentes en la actualidad, no estaba ni de lejos perfectamente probado en ese tiempo.

LA VISIÓN OFICIAL DEL UNIVERSO SEGÚN LA IGLESIA CATÓLICA.
Durante la Edad Media, la Iglesia Católica había asumido una actitud bastante reacia a la ciencia. Por definición, la ciencia busca interrogar a la naturaleza mediante la experimentación, y por tanto no se fundamenta en verdades sagradas o absolutas. Por ende, la religión miró desde siempre el desarrollo científico con sospechas. Ya en 1292, la Iglesia llevó a juicio al sacerdote Roger Bacon, por sus incipientes experimentos científicos.
Pero como la Biblia no era especialmente informativa sobre la estructura del mundo, la Iglesia Católica se apoyó en una serie de textos griegos que parecían concordar con la visión bíblica del mundo. En Astronomía, el texto clave era el "Almagesto" de Claudio Ptolomeo, un matemático griego que vivió en Egipto en el siglo II dC. Llevando la contraria a otros griegos como Aristarco o Pitágoras, por ejemplo, Ptolomeo sostenía que la Tierra era el centro del universo, y todos los otros cuerpos celestes, incluyendo al Sol, giraban en su torno. Esto se encuentra en consonancia con la Biblia, concretamente con Josué 10:12-14, ya que se señala que Yahveh detuvo el Sol sobre el valle de Gabaón. Además, el que Dios cree primero el firmamento primero y el Sol después (Génesis 1:6-8 y Génesis 1:14-19) parece presuponer un Sol subordinado a la Tierra, en particular porque Génesis 1:7 presupone no un cielo vacío y abierto hasta el infinito, sino una especie de gigantesco océano de aguas, más allá de la bóveda celeste rellena de aire, en donde están los cuerpos celestes.
El problema que ya habían detectado los antiguos griegos, es que los planetas no se mueven de la manera en que deberían, si el universo fuera de esa manera. Concretamente, los planetas hacen unos rizos muy extraños en el cielo. Para explicar esto, los astrónomos tuvieron que desarrollar un complicado sistema de órbitas que se mueven en círculos dentro de círculos, llamados epiciclos y deferentes, para salvaguardar el principio de que los planetas, por ser cuerpos celestiales y por ende perfectos, no podían moverse de otra manera que no fueran en círculos, que a juicio de los filósofos y teólogos era la figura perfecta. Y más de alguien empezó a preguntarse si no habría una manera más simple de entender el mundo.

IRRUMPE EL MODELO HELIOCÉNTRICO.
En el siglo XVI, un médico polaco llamado Nicolás Copérnico se dedicó a hacer una serie de observaciones, y publicó un libro destinado a hacer revolución: postulaba que no era la Tierra, sino el Sol, el centro del universo. Consciente de que aquello podía ofender a la Iglesia Católica, esperó décadas antes de publicar sus ideas, y cuando el libro vio la luz en 1543, Copérnico estaba ya en su lecho de muerte, a la edad de 70 años.
Pero las nuevas ideas no ofendieron a la Iglesia, al menos en principio. Copérnico presentaba su modelo como un simple artificio matemático para facilitar los cálculos astronómicos, y no como una verdad sobre la estructura del cielo. Esto tranquilizaba a las mentes católicas. Incluso Tycho Brahe, observando una supernova en el año 1572, pudo poner en tela de juicio el dogma de la inmutabilidad de los cielos sin problemas, aunque trabajaba para el cristianísimo Emperador de Alemania. Pero el panorama se puso más oscuro cuando un filósofo llamado Giordano Bruno, aprovechando las últimas ideas astronómicas de su tiempo, dijo que el universo quizás era infinito en el tiempo y en el espacio. Como esta idea contradecía el dogma de la creación ex nihilo (de la nada) que postula el Génesis, Bruno fue juzgado por la Inquisición, y finalmente quemado en la hoguera en 1600.
Algo más tarde, la disputa se tornó más espesa. En 1610, el astrónomo Galileo Galilei, a la sazón el científico oficial de la corte del Gran Duque de Toscana, dirigía por primera vez un telescopio al cielo. Entre sus hallazgos estaban las fases de la Luna y de Venus, así como las manchas solares y los cráteres lunares. Galileo se convenció entonces de que el modelo heliocéntrico era correcto, y lo defendió como una verdad de hecho en un escrito que fue finalmente condenado por la Inquisición en 1616. Contra la convicción popular, la verdad de las cosas es que en ese entonces toda la prueba acumulada sobre el modelo heliocéntrico era meramente circunstancial. La primera prueba empírica irrefutable sobre el heliocentrismo se obtendría recién a comienzos del siglo XVIII, esto es, unos ochenta años después de la muerte de Galileo, cuando se realizaran observaciones en Júpiter tendientes a descubrir un tema tangencial, cual era el valor de la velocidad de la luz.

GALILEO CONTRA LA INQUISICIÓN.
La verdad de las cosas es que Galileo eligió una mala época para defender el modelo heliocéntrico. La Iglesia de comienzos del siglo XVII se había visto profundamente influida por el espiritualismo y el ultramundanismo propios del Concilio de Trento (1545-1563), que a su vez era respuesta a la Reforma Protestante que Martín Lutero había iniciado en 1517. La Iglesia Católica de la segunda mitad del siglo XVI, y el siglo XVII, buscaba así reafirmar la ortodoxia a rajatabla, como una manera de lidiar con los rebeldes cismáticos del norte que acusaban a la Iglesia Católica de no ser lo suficiemente fieles a las Sagradas Escrituras, algo que entonces y ahora es en realidad cierto. No por casualidad, tanto Copérnico como Brahe provenían de países lejanos a la férula pontificia, ya que eran polaco uno y alemán el otro. Para colmo, en 1618 había estallado la Guerra de los Treinta Años, en la que el católico Emperador de Alemania trataba de aplastar a los rebeldes príncipes protestantes. La guerra pronto se embrolló hasta el punto que el Papado tuvo que elegir entre dos facciones igualmente católicas, la Francia del Cardenal Richelieu o el Sacro Imperio Romano Germánico. En ese clima, para la Iglesia defender la ortodoxia católica no era sólo cuestión doctrinal, sino incluso de supervivencia política.
Todas estas consideraciones pesaron a la hora de tratar con Galileo Galilei. Cuando se le prohibió defender el sistema heliocéntrico en 1616, Galileo aceptó sumisamente, pero las cosas cambiaron en 1623, porque un antiguo amigo llamado Maffeo Barberini fue elegido como Papa Urbano VIII. Urbano VIII tenía una visión moderna de las cosas, y descreía un tanto de la tradición, pero "visión moderna" significaba también cálculo maquiavélico, y si eso significaba sacrificar a un amigo para salvar la posición política de la Iglesia en el complicado mapa diplomático internacional del minuto, iba a hacerlo sin vacilar.
Pero Galileo, ajeno a consideraciones políticas, tomó el nombramiento de Urbano VIII como una buena noticia, y escribió un diálogo llamado "Diálogo sobre los dos principales sistemas del mundo". En él se presentaba a un interlocutor que defendía el sistema geocéntrico de Ptolomeo, y a otro que defendía el sistema heliocéntrico de Copérnico. Con esto se pretendía argumentar que el sistema heliocéntrico era presentado sólo como hipótesis, pero en verdad, era una defensa desembozada del Heliocentrismo. No costó mucho que los sacerdotes convencieran a Urbano VIII de que Galileo había abusado indignamente de la confianza de su antiguo amigo, y entonces la Inquisición citó a Galileo a Roma. El Gran Duque de Toscana, protector de Galileo, estaba en una posición comprometida, y no pudo defenderlo, por lo que Galileo no tuvo más remedio que acudir ante el tribunal.
Contra la leyenda popular, no hay evidencia alguna de que Galileo Galilei haya sido torturado, aunque sí estuvo en prisión. El procedimiento inquisitorial era simple. Si el acusado abjuraba, se le condenaba como pecador, pero podría conservar la vida. Si negaba, tendría que probar su inocencia, algo bien difícil cuando la Inquisición ya de alguna manera había tomado una decisión sobre su culpabilidad, y si la Inquisición condenaba, el castigo sería la hoguera. Galileo sabía que iba en serio: después de todo, habían quemado a Giordano Bruno por razones más o menos similares. Por lo que en ese año 1634, Galileo se decidió a abjurar. Dice la leyenda que Galileo murmuró: "E par si muove" ("y sin embargo se mueve"), refiriéndose a la Tierra, pero no hay evidencia de esto.
Galileo fue condenado a prisión en los calabozos de la Inquisición a discreción de ésta, pero esto se transformó después en arresto domiciliario de por vida. Falleció en su hogar ocho años después, en 1642. Había quedado ciego mucho antes, probablemente debido a sus muchas observaciones dirigidas hacia el Sol. Su último libro, sacado clandestinamente por amigos a Holanda, versaba no sobre Astronomía, sino sobre Mecánica.
Como puede apreciarse, los entretelones del juicio a Galileo son bastante más complicados de lo que leyenda negra reza. La Iglesia Católica se comportó de manera intolerante, es cierto, pero no es menos cierto que estaba bastante presionada en aquellos años. Por otra parte, el modelo heliocéntrico que Galileo defendía con tanto ardor no estaba ni de lejos completamente probado, y a su manera, al defenderlo como una verdad establecida, Galileo se comportó de manera tan dogmática como la propia Iglesia Católica. Pero después vino la Ilustración, y en el siglo XVIII, buscando héroes seculares que lucharan contra los sacerdotes y su odioso oscurantismo, los ilustrados reivindicaron la figura de Galileo Galilei como un defensor de la libertad de pensamiento, algo que era, pero sólo hasta cierto punto.

21 enero 2007

OSEAS Y EZEQUIEL.

Hace un año atrás, cuando salió la encíclica "Deus caritas est" de Benedicto XVI, señalamos que los profetas más citados en ella fueron Oseas y Ezequiel, y destacamos su visión perversa del sentimiento amoroso. Y quedó pendiente la explicación de esto. ¿Fueron verdaderamente Oseas y Ezequiel profetas de Dios? ¿O por el contrario, fueron personalidades psicológicamente anormales que consiguieron hacer pasar su palabra como la de Dios? El Ojo de la Eternidad analiza a dos controvertidos profetas bíblicos, para determinar la verdad detrás de ellos.


[IMAGEN SUPERIOR: Ilustración de Julius Schnorr para el pasaje de Ezequiel 1:26, en el cual se aparece Yahveh a Ezequiel para llamarlo a su misión profética].

LOS PROFETAS DE LA BIBLIA.
Desde siempre el ser humano ha sentido la necesidad de conocer el futuro, y los hebreos no fueron la excepción. En tiempos véterotestamentarios, los profetas fueron una verdadera institución. Lejos de ser personas enclaustradas en la vida espiritual, estos profetas muchas veces se metían en asuntos de alta política, y eran una fuerza social de temer. Lo que les daba su poder era el supuesto contacto que tenían con Yahveh, el haber sido supuestamente elegidos por éste para ser sus mensajeros. Y sin embargo, muchas veces se ha expresado dudas sobre la verdadera capacidad profética de estos hombres. En primer lugar, muchas de sus profecías son condicionales ("SI no se convierten...", "SI no se arrepienten..."), lo que deja bastante malparada a la omnisciencia divina. En segundo lugar, la exactitud de muchas profecías ha llevado a los investigadores a la conclusión obvia de que muchas de ellas fueron redactadas después de los eventos transcurridos, achacándoselas a los profetas más viejos. En la actualidad, siguiendo las diferencias de estilo y referencias internas, se sabe que muchos libros "unitarios" de la Biblia han sido escritos por dos y hasta tres personas, siendo Isaías el ejemplo más claro de ello (los capítulos 1 a 39 son de Isaías, pero desde el 40 al 54 son de un autor anónimo llamado convencionalmente el Segundo Isaías o Deuteroisaías, y los capítulos 55 a 66 de un Tercer Isaías o Tritoisaías).
Entonces, ¿qué credenciales pueden tener los profetas bíblicos para hablar en nombre de Dios? Quizás la respuesta más simple sea: probablemente no eran personas con la psique en todos sus cabales.

OSEAS.
El profeta Oseas predicó en el siglo VIII aC. Le tocó vivir los días finales del Reino de Samaria, y profetizó insistentemente su ruina. Sin embargo, en esto Oseas no decía nada nuevo, que una persona normal y corriente no fuera capaz de darse cuenta en ese tiempo, como lo sabemos por la lectura comparada del Segundo Libro de Reyes.
Lo realmente novedoso en Oseas es plantear esto a través de la metáfora del matrimonio: Israel ha sido como una esposa infiel, y por eso Yahveh perderá a Israel, así como el esposo engañado repudia a la esposa infiel.
El elemento significativo, y que hace dudar de la estabilidad mental de Oseas, es la manera por la cual llegó a esta metáfora: "Cuando Yahveh comenzó a hablar por medio de Oseas, le dijo al profeta: Anda y cásate con una de esas mujeres que se entregan a la prostitución sagrada y ten hijos de esa prostituta. Porque el país se está prostituyendo al apartarse de Yahveh" (Oseas 1:2). El capítulo 2 íntegro es el discurso de Oseas a su mujer, para repudiarla por ser una prostituta. Y después, Yahveh ordena a Oseas abuenarse con su esposa prostituta (Oseas 3:1).
Si eliminamos a Yahveh y lo consideramos como un mero resorte psicológico, así como Homero utiliza a los dioses griegos como una metáfora del comportamiento psicológico de sus héroes, queda un cuadro harto deprimente. Resulta que Oseas se ha casado con una prostituta, a sabiendas de lo que era, y después la repudia por ser tal, sólo para regresar con ella. Y de todo esto no se responsabiliza a sí mismo, sino a Dios. Al revés: hace pasar todo esto como un mandato divino para representar la "prostitución" de Israel frente a Dios, con lo que él mismo se coloca en el papel de un dios traicionado. Es probable que si un psiquiatra de hoy en día se topara con un paciente así en la consulta, no le quedara otro remedio que diagnosticar una psicosis con componentes mesiánicos, o alguna afección mental similar.

EZEQUIEL.
Ezequiel es considerado un profeta "complicado", ya que su obra está llena de alegorías y metáforas diversas. En realidad, no está claro quien escribió el libro de Ezequiel, en particular considerando que el capítulo 24 parece cerrar el libro, y todo lo posterior (capítulos 25 a 48) podría ser un añadido posterior, escrito por alguien que tratara de imitar conscientemente el estilo de Ezequiel.
Ezequiel sigue más o menos el mismo patrón que Oseas, aunque sin el componente mórbido de una relación sadomasoquista con una prostituta. Sin embargo, en Ezequiel son mucho más vívidas y poderosas las visiones. Mucho de la fuerza literaria de Ezequiel viene de la descripción de estas visiones.
La megalomanía de Ezequiel queda de manifiesto en una enorme cantidad de pasajes. Casi a cada rato, Ezequiel habla de como es "arrebatado" por la fuerza divina, con la falsa humildad propia de los iluminados. Esta falsa humildad se muestra como lo que es en el capítulo 3, cuando Yahveh dice a Ezequiel: "Hijo de hombre, te he puesto como centinela de la casa de Israel, así que estarás atento a las sentencias que salgan de mi boca, y los aconsejarás de mi parte. Cuando yo diga al impío: 'Morirás', si tú no lo reprendes ni le adviertes que deje su conducta perversa para que pueda vivir, él morirá por su maldad, pero a ti te pediré cuenta de su vida" (Ezequiel 3:17-18). Esta "casa de Israel", por cierto, Ezequiel no pierde tiempo en aprovechar la metáfora de Oseas, que compara a dicho pueblo con una prostituta, aunque parece ser que en este caso se trata sólo de una figura literaria tomada en préstamo (Ezequiel 16 y 23).
Aún así, no puede decirse de Ezequiel que fuera una persona afectuosa. Así, al morir su esposa, Ezequiel tuvo la reacción propia de una persona sin emociones (Ezequiel 24:15-27).
Se ha argumentado que Ezequiel, o al menos la persona que protagoniza el Libro de Ezequiel, sería un epiléptico. Algunas formas de epilepsia parecen cuadrar bien en la sintomatología descrita. Las visiones forman parte de un cuadro epiléptico, pero también los delirios mesiánicos, y también otros síntomas más sutiles, como por ejemplo la hipergrafía o manía de escribir (algo que contribuiría al extremado detalle en la descripción de sus visiones, y a su tendencia a reiterar ideas). Otro rasgo propio de muchos epilépticos, y que Ezequiel también presenta, es el mutismo. Llevado a una forma extrema, conduce a la mudez, algo que Ezequiel en efecto padeció (Ezequiel 3:22-27), pero por otra parte, Ezequiel no parece en ningún minuto sostener una conversación normal, alternando los silencios con discursos que Ezequiel mismo no siente como propios, sino procedentes de otra parte (de Yahveh). Y eso, a pesar de que su conducta invitaba a interrogarle: se tragó un libro (Ezequiel 3:1-2), se puso a jugar como un niño pequeño con soldaditos de juguete (Ezequiel 4:1-3), se puso a apilar leña y cocinar de manera aparatosa (Ezequiel 24:1-14), etcétera. Otro rasgo propio de los epilépticos es la extraordinaria meticulosidad que ponen en todo lo que hacen, y que los lleva muchas veces a ser excelentes organizadores, y Ezequiel en efecto es muy meticuloso con su dieta (Ezequiel 4:10-12), por no hablar de sus descripciones, llenas de dimensiones y medidas.

DEJARSE GUIAR POR LOS PROFETAS.
La fuerza de sus convicciones, nacida de una alteración psicológica, hace a los profetas personalidades muy fuertes, y eso lo saben bien quienes han tenido que lidiar con mesías autoproclamados de todo tipo. De ahí que personalidades tan evidentemente anormales como Oseas o Ezequiel hayan pasado a ser modelos de "santos varones", en vez de ser tomados como lo que con toda probabilidad fueron, es decir, seres mentalmente insanos y con concepciones desviadas sobre muchas cosas. Por eso resulta paradojal que el sadomasoquismo de Oseas y la megalomanía de Ezequiel sean tomados por Benedicto XVI como modelos para explicar el significado del amor, en "Deus caritas est".
Pero no se agota ahí. En la actualidad, las personas con comportamientos psicológicos anormales reciben tratamiento psiquiátrico, pero muchos que consideran a esas personas como verdaderamente inspiradas por Dios, persisten en seguirlos y tomarlos como guía. Ezequiel en particular, gracias a sus visiones, es frecuentemente citado tanto por quienes esperan el Apocalipsis, como por fanáticos de la teoría "ángeles ayer, extraterrestres hoy". A veces la gente no se resigna a lo más obvio y lógico, y hambrienta de darle un significado a sus vidas, caen en la trampa. Y el único remedio para evitar ésta es, simplemente, el sentido común.

14 enero 2007

POR QUÉ EL CREACIONISMO SE EQUIVOCA.

A pesar de los imparables avances científicos que se vienen produciendo desde el siglo XVIII en los campos de la Geología y la Biología, la verdad es que extensos sectores de la Humanidad siguen apostando por una visión rígidamente bíblica sobre los comienzos del mundo. Para defender ésta y desacreditar a la ciencia, dicen que la Evolución es sólo una teoría, y no lo suficientemente sustentable como verdad científica. El Ojo de la Eternidad refiere por qué la Evolución no es sólo una teoría, sino un hecho científico, y en donde es que los creacionistas se equivocan.


[ILUSTRACIÓN SUPERIOR: Difolosaurio. La existencia del registro fósil ha sido la peor cruz de los creacionistas, quienes han tenido que hacer enormes malabares para explicar su presencia].

LA PERSISTENCIA DEL CREACIONISMO.
Durante muchos siglos, la Biblia fue tomada como el libro supremo, más allá del cual no había verdad posible de averiguar acerca del mundo y su pasado. Esta actitud reverente, en todo caso, se desplomó cuando en el siglo XVIII, los filósofos de la Ilustración le volvieron la espalda a la Iglesia Católica, y en nombre del racionalismo, trataron de encontrar nuevas verdades para el mundo. Fue entonces que los científicos descubrieron que la historia del mundo era harto diferente a como la narraba la Biblia, que los 6000 años transcurridos desde el origen del mundo habían sido en verdad unos cuantos más, y que las especies no habían sido puestas en un jardín paradisiaco en el primer alba del mundo sino que habían evolucionado a lo largo de una friolera de millones de años.
Sin embargo, a pesar de la cada vez más aplastante evidencia a favor de un mundo cuya historia contradecía a la Biblia, muchos grupos siguieron sosteniendo que era la ciencia quien se equivocaba, y no la Biblia. Surgió así el Creacionismo, una doctrina que propugnaba una visión histórica del mundo rígidamente vinculada al relato bíblico. El Creacionismo a la antigua llevaba esta posición al extremo, pero a medida que se ha hecho cada vez más insostenible el dogma de la creación según el texto bíblico, los creacionistas cambiaron de táctica, y aceptaron a grandes rasgos la versión científica de la historia del mundo, pero aprovechando los huecos y rellenos para cuestionar a la ciencia y postular a un creador, o "Diseñador", que lo ha hecho todo. El Creacionismo clásico devino así en "Diseño Inteligente", que plantea la imposibilidad del mundo tal y como es, sin un Supremo Diseñador que lo explique. Pero el Diseño Inteligente no es sino otra forma de Creacionismo, más avanzada y sofisticada, desapegada de la Biblia, pero tan falaz como el Creacionismo de viejo cuño.

LA EVOLUCIÓN ES UN HECHO Y NO UNA MERA ESPECULACIÓN.
Uno de los caballos de batalla favoritos de los creacionistas es cuestionar la evolución. Según ellos, Dios creó todas las especies, o al menos una buena cantidad de ellas, y éstas han evolucionado poco o nada, acorde al relato bíblico. La versión del Diseño Inteligente sostiene que aunque pudo haber evolución, el primer paso no puede haberse producido "porque sí", y presupone una inteligencia superior (no se atreven a llamarla derechamente "Dios" para no pasar por creacionistas) que debió haber dado el puntapié inicial.
Desgraciadamente, la evolución es más que un simple conjunto de especulaciónes. Los hechos están allá afuera para cualquiera que desee examinarlos.
Uno de los argumentos favoritos contra la evolución es el "eslabón perdido". Según los creacinoistas, existen muchos huecos y lagunas en el registro fósil, eslabones perdidos que nunca serán encontados porque no existen: Dios creó las especies sin intermediarios posibles.
La verdad es que esto es falso. En los días de Darwin, cuando se popularizó la expresión "missing link" (eslabón perdido), debido a la escasez de investigaciones, podía tener algún sentido sostener eso, pero hoy en día eso es imposible. Hemos encontrado tal cantidad de fósiles, que podemos reconstruir casi íntegramente la evolución de numerosos linajes animales, incluyendo al caballo, y al elefante, así como hacer mapas bastante aceptables de la transición entre peces y anfibios, entre reptiles y aves, etcétera. Incluso la ascendencia del ser humano está tan investigada, que aunque los investigadores peleen los detalles, ni el más obtuso de ellos se atrevería a cuestionar el parentesco entre el actual Homo Sapiens y los antropoides superiores (gorila, chimpancé, orangután), ni con especies fósiles extintas como el australopiteco o el Homo Erectus. Cierto que aún muchos detalles del proceso evolutivo de muchas especies son desconocidos, en particular cuando son invertebrados y por ende sus posibilidades de fosilización son menores, pero eso no da pie para sostener que no podemos investigar más allá porque Dios lo impide. Después de todo, eso mismo podría haberse dicho antes de descubrir al Ichtiostega, al Iguanodonte o al Kenyapiteco, y sin embargo los descubrimos y pudimos seguir avanzando en la investigación, ¿verdad?
Atribuir por su parte la extinción masiva de especies antiguas al Diluvio Universal, es un anacronismo que no se sostiene, porque los fósiles extintos siguen patrones geológicos bien conocidos, que son los esperables si se hubieran extinguido a lo largo de períodos de millones de años, y no todos de una sola vez en una catastrófica inundación hace unos cuantos milenios. Además, las extinciones masivas dejan registros fósiles bien claros, en los llamados "cuellos de botella" evolutivos, ya que se producen transiciones entre estratos inferiores (más antiguos) con una gran riqueza fósil, y otros inmediatamente superiores (más recientes) que son un relativo marasmo paleontológico. La transición más conocida de éstas es el llamado Límite K-T (Cretácito-Terciario), que marcó la extinción de los dinosaurios. Y ningún cuello de botella semejante ha aparecido en el último milón de años, cuando el ser humano existía sobre la Tierra, aunque sí hay otros más antiguos.
Por otra parte, en la época de Darwin se sabía poco sobre cómo cambian las especies en el tiempo. Sin embargo, la actual investigación genética y la teoría de las mutaciones proporciona una explicación meridianamente clara sobre los procesos que llevan al cambio de una especie en otra, a lo largo del tiempo. Se discute el detalle fino del mecanismo evolutivo, pero la noción gruesa de selección natural de individuos con genomas mejor equipados para la reproducción, es algo que ningún biólogo serio discute hoy en día.

EL DISEÑADOR INTELIGENTE.
Ya que el Creacionismo clásico no puede sostenerse, ha llegado al rescate la teoría del Diseño Inteligente. Como decíamos, ésta postula que los huecos y vacíos en la Teoría Evolutiva son tales no por falta de evidencia, sino porque son actos directos de creación por parte de un Diseñador Inteligente, una inteligencia cósmica que se encargó de llevar adelante el proceso.
La falacia de este argumento es sencillísima, y se reduce a lo siguiente: tenemos vacíos en el registro fósil, y por tanto no sabemos cómo pudo producirse un fenómeno evolutivo determinado. Por tanto, debemos presuponer que un Dios lo hizo. Esto se parece al chiste de los Simpsons, en que le preguntan a Lucy Lawless cómo es que Xena hace tal o cual cosa, y ella responde: "cada vez que vean una incongruencia, un mago lo hizo".
La falacia del argumento queda al descubierto cuando ponemos de relieve que, en el fondo, se trata del viejo argumento del Diseño, en su versión tomista vulgar. Para probar la existencia de Dios, Santo Tomás de Aquino sostenía entre otros argumentos el siguiente: el universo entero es complejo y tiene una rara perfección, y como tal ordenación de cosas no puede ser productor del azar, debe deduciarse que alguien lo hizo. Sin embargo, si podemos explicar ciertos fenómenos complicados por meras leyes físicas (por ejemplo, la circulación de la sangre, o la caída de las lluvias), no hay razón para presuponer que no se puede hacer lo mismo con el resto de los fenómenos complicados para los cuales aún no hay explicación. Por supuesto que la existencia de vacíos en el registro fósil no es una prueba CONTRA la existencia de un Diseñador Inteligente, pero tampoco es una prueba a A FAVOR, porque lo único que este vacío prueba es: no sabemos, no hemos encontrado, el estado actual de nuestros conocimientos no alcanza para decidir. Si aceptamos el Diseño Inteligente, deberíamos aceptar que nuestro estado actual de conocimientos alcanza para decidir sobre un vacío en el registro fósil, y ese conocimiento, ¿de dónde sale? ¿De las convicciones personales de alguien creyente? ¿Del texto bíblico? ¿Y con que autoridad el creyente o el texto bíblico se atreven a pronunciarse sobre un tema en que los propios estudiosos del tema no pueden declarar a favor o en contra por falta de evidencia...?

RAZONES PARA LA FSUPERVIVENCIA DE UN FÓSIL INTELECTUAL.
El Creacionismo es en verdad un fósil intelectual, un celacanto teológico que ha sobrevivido desde la Edad Media, desde el tiempo de la interpretación bíblica del mundo. ¿Por qué entonces hay tanta gente que se niega a ver y se cierra ante la evidencia?
En el fondo, la razón es bien simple, y tiene que ver con algo que ya hemos señalado en otras ocasiones, a propósito de la fe o de la tolerancia religiosa. La ciencia conoce "de abajo hacia arriba", infiere verdades provisionales que pueden o no cambiar después, con nuevas observaciones), a partir de los hechos concretos y particulares que investiga. La religión, en cambio, procede "de arriba hacia abajo", postulando algunos grandes axiomas o dogmas que explican la totalidad del mundo, y luego haciendo encajar al mundo dentro de esos axiomas. Los creacionistas siguen el texto bíblico por fe, no por ciencia. Por ende, cuando la ciencia desmonta la verdad bíblica, los creacionstas buscan argumentos para decir que "la ciencia no sabe", y rellenar estos huecos con la religión. Eso es fácil, porque la ciencia no pretende saberlo todo: sólo reconoce honestamente que sabe algunas cosas, y otras permanecen en el misterio. La ciencia asume que ese misterio puede ser investigado y lo investiga para ver hacia donde lleva. La religión, en cambio, ya lo da por explicado, porque los dogmas religiosos sirven para explicar absolutamente todas las cosas, y por eso tratan de imponerle a la ciencia una serie de verdades que ella no puede aceptar legítimamente sin investigar los hechos.
Esto queda bien de relieve en el problema del "missing link". Los científicos dicen: "hay un eslabón perdido, pero investigaremos para ver si aparece y poder explicar de mejor manera este proceso evolutivo". La religión dice "hay un eslabón perdido, y esto es porque Dios creó el universo tal como lo conocemos, según él mismo nos lo reveló en un texto sagrado". Esa clase de fanatismo que no atiende a razones, sino que se aferra tercamente al dogma, es lo que le ha dado su enorme poder de supervivencia, ya que pone al creacionista en un dilema de "luchar o morir" por una verdad que puede ser errónea o no, pero que es SU verdad. En definitiva, ser creacionista tiene algo que ver con la arrogancia de los supuestos elegidos en creerse más listos que el resto de la Humanidad.

07 enero 2007

TLACAELEL Y EL "DESTINO MANIFIESTO" AZTECA.

El que una religión sea utilizada para justificar la expansión militar de un imperio ha sucedido varias veces en la historia. Pero quizás nadie llevó esto a los extremos macabros de Tlacaelel, el medio hermano y "primer ministro" del emperador azteca Moctezuma I. El Ojo de la Eternidad refiere la reforma religiosa que impulsó Tlacaelel y sus tenebrosas consecuencias políticas, incluyendo la creación de la que probablemente calificaría como la religión más sangrienta de todos los tiempos.


[IMAGEN SUPERIOR: Reconstrucción del Templo Mayor de Tenochtitlán. Este fue, al mismo tiempo, la mayor muestra de poderío militar y político azteca, y la culminación de una religión que llevó a los aztecas a una de las más sangrientas guerras religiosas de todos los tiempos].

LOS AZTECAS.
Cuando se piensa en América Precolombina, la mente viaja inmediatamente hacia los "tres grandes": los mayas, los aztecas y los incas. Sin embargo, en la actualidad se sabe que la historia precolombina de América no es tan simple. Estas tres culturas, presentes en América a la llegada de los españoles, no fueron sino la última fase de desarrollo de frondosos linajes culturales, que llevaban existiendo en ese minuto entre dos y tres milenios, lo que equivale a la distancia que nos separa a nosotros de los tiempos de Cristo, e incluso de la Guerra de Troya.
Sin lugar a dudas, el rasgo más llamativo de la cultura azteca es su sangrienta religión. Y resulta aún más llamativo corroborar que ésta surgió a contrapelo de la tradición cultural mexicana de la época. Es cierto que entre los pueblos mexicanos existía una larga historia de obsesiones en torno a la idea de la muerte, como lo prueban los muchos relieves que nos han legado, pero ninguna otra cultura de la región llevó esta fijación morbosa hasta los límites genocidas de los aztecas.

EL PAPEL DE LOS AZTECAS.
Toda la región que se extiende entre lo que actualmente es México, Guatemala y Honduras, es conocida por los arqueólogos como Mesoamérica, y durante cerca de tres milenios fue la patria de una enorme cantidad de culturas, cuya irradiación cubrió toda Centroamérica por una parte, y se adentró hasta bien profundo en lo que actualmente es Estados Unidos, por la otra. La más antigua de estas culturas parece haber sido la de los olmecas, que surgió en la costa del Golfo de México. Cuando ésta se extinguió, dos ramas surgieron de la misma. En su tiempo se pensaba que ambas ramas habían corrido por separado, aunque ahora están probados los contactos entre ambas, pero en lo esencial, siguen siendo dos tradiciones culturales distintas, aunque con rasgos comunes. Una de ellas es el mundo maya, que surgió en la jungla de Chiapas y Guatemala. La otra es la cultura de los mexicas, que llegó a su máximo desarrollo en el Valle de Anahuac (donde actualmente está la Ciudad de México, y antaño patria de pueblos como Teotihuacán o los toltecas), y el Valle de Oaxaca, donde antiguamente estuvo el gran asentamiento zapoteca de Monte Albán, y floreció después la cultura mixteca.
La destrucción del Imperio Tolteca, hacia el siglo XIII, creó en el Valle de México un enorme vacío de poder, que generó cerca de dos siglos de guerras entre distintos reinos. El relativo triunfador fue una ciudad llamada Azcapotzalco. Pero la gloria de ésta sería efímera, ya que para ese tiempo un pueblo llamado los tenochas, se había instalado en las islas del Lago Texcoco (actualmente desecado, para dar paso a la Ciudad de México). Estos tenochas iniciaron su carrera política como mercenarios de Azcapotzalco, pero hacia el año 1430 aproximadamente, su rey Izcóatl se rebeló contra dicha ciudad, la arrasó, y proclamó la independencia. Nació así el Imperio Azteca ("aztecas" es el nombre que le darían los españoles a los tenochas, y significa "gente del país de Aztlán").
Si hemos de creer a las leyendas tenochas, o aztecas, éstos vinieron desde el norte. Formaron parte, pues, de las migraciones de pueblos chichimecas, tribus norteñas semicivilizadas que periódicamente se precipitaban sobre el Valle de México, cuando en éste no había ninguna autoridad capaz de contenerlos. Los tenochas, por tanto, no portaban consigo ninguna cultura propia, y asumieron en forma integral, aquella que recibieron desde Teotihuacán y los toltecas. Pero para la siniestra derivación de la misma, faltaba aún un poco más.

TLACAELEL Y LA REFORMA RELIGIOSA.
Hacia el año 1440, asumió el poder un rey llamado Moctezuma I (que no debe ser confundido con Moctezuma II, quien gobernó el Imperio Azteca en vísperas de la llegada de los españoles). Este Moctezuma I tenía un hermano llamado Tlacaelel, quien fue un verdadero ministro en las sombras. Desgraciadamente, los antecedentes sobre este Tlacaelel son mínimos: no podemos adjudicarle la autoría de ningún texto, político o literario, y las crónicas sobre su biografía personal son escasísimas. Sin embargo, tenemos a la vista la poderosa transformación que impulsó.
Hacia la época, el Imperio Azteca había heredado la hegemonía de Azcapotzalco, pero no era ni de lejos la poderosísima estructura política que llegaría a ser. Su cultura tampoco difería notablemente de la mexica. La manera que encontró Tlacaelel para fortalecer a los aztecas y convertirlo en un gran imperio, fue utilizar la religión. La política de Tlacaelel fue directa y brutal, y sus métodos fueron mortíferamente eficaces.
Lo primero que Tlacaelel hizo, fue rediseñar por completo el pasado azteca. Para eso, fraguó numerosas crónicas en las cuales los aztecas descendían del Imperio Tolteca, algo que según la evidencia moderna es una falsedad manifiesta. Como un Führer cualquiera, Tlacaelel ordenó sostener esto como una "historia oficial", impulsando la destrucción de todo texto que refiriera un origen diferente para los aztecas.
En este origen mítico, los aztecas llegaron desde una tierra lejana llamada Aztlán, guiados por el dios Huitzilopochtli. Esta migración, verdadera versión precolombina del Exodo, es una "prueba" de que los aztecas son un Pueblo Elegido. De esta manera queda establecida la relación entre Huitzilopochtli y los aztecas. A la sazón, el mencionado Huitzilopochtli no era hasta la fecha sino un dios menor, y fueron los aztecas quienes le otorgaron un rango supremo.
El rasgo más mortífero fue la creencia de que los dioses debían ser alimentados con sangre humana. La tradición del sacrificio humano y el culto de la muerte no eran desconocidos en Mesoamérica, pero la idea de una industria sistemática del sacrificio humano fue llevada por los aztecas hasta el máximo posible. Según esta innovación de Tlacaelel, si los aztecas dejaban de hacer sacrificios para los dioses, nada menos que el universo entero se acabaría. He aquí entonces la justificación para las guerras de conquista, la llamada "guerra florida": si los aztecas no hacían prisioneros, no habría sacrificios, y por tanto, el universo entero moriría.
El plan de Tlacaelel tuvo un éxito macabro. En medio siglo, los aztecas se convirtieron de un reino más, en los señores de todo México. Hacia 1486 o 1487, es decir, uno o dos años antes de la muerte de Tlacaelel, fue inagurado el famoso Templo Mayor de Tenochtitlán, y en éste se sacrificaron, según las crónicas, no menos de ¡60.000 personas! en tres o cuatro días. El escalofriante procedimiento de sacrificio industrial incluía tomar al prisionero vivo, rajarle el pecho con un afilado cuchillo de obsidiana y extraerle el corazón aún palpitante, para ofrecerlo a los dioses, así como su sangre, arrojando después el cuerpo escalinatas abajo, a la muchedumbre.
Pero también los aztecas se ganaron el odio eterno de los otros pueblos precolombinos. Cuando Hernán Cortés conquistó el Imperio Azteca, buena parte de su éxito se debió al apoyo de todos aquellos pueblos que odiaban a muerte a los aztecas.

¿EL ÚLTIMO DE LOS POLÍTICOS JIHADISTAS...?
Darle sanción religiosa a la alta política no es truco nuevo, y son legión las civilizaciones que adoran a sus reyes como dioses. Los reyes que utilizan la religión como herramienta política para consolidar su poderío también son varios, y entre ellos están Tutmosis I en Egipto, Pachacútec en el Imperio Inca, Suryavarman II en el Imperio Khmer, Akbar en la India, y un largo etcétera que quizás algún día refiramos. Una consecuencia lógica de esto es identificar a un pueblo con un "Pueblo Elegido" o una "Raza Elegida", y por tanto, justificar la guerra religiosa como "la voluntad de Dios". El listado de "guerras santas" cubre la Jihad de Mahoma y sus sucesores, las guerras de los Macabeos en el Judaísmo, las libradas por el zoroastriano Imperio Sasánida, las Cruzadas cristianas, la "guerra justa" de los españoles contra los "paganos" de América, las campañas de Aurenzgeb en la India del siglo XVIII, etcétera. Determinadas doctrinas geopolíticas que hacen énfasis en la condición de "nación especial" también pasan aceptablemente por guerras santas, y por tanto, deberíamos incluir la "sagrada misión del hombre blanco" de llevar la "civilización" al resto del mundo, en el Imperio Británico, o el intento por constuir un Lebesraum ("espacio vital") para el Tercer Reich. Las guerras libradas en nombre del Destino Manifiesto, con sus raíces protestantes y masónicas, también ingresan en esta categoría, y no es casualidad que la campaña actual para llevar la "libertad" y la "democracia" a Irak y a todo el Oriente Medio, sea llevada a cabo por un hombre tal "devoto" y "religioso" como el cristiano renacido George W. Bush.
Pero pocos pueblos han llevado esto hasta el extremo de los aztecas. En su cosmovisión, los aztecas no libraban la guerra sólo para el triunfo de la verdadera fe. Para ellos, se trataba nada menos que de la salvación del universo completo. Semejante megalomanía es única en toda la historia, y ni los judíos se atrevieron a llegar tan lejos: al menos ellos estimaban que habría un triunfo final para su causa, y además, históricamente ofrecieron la opción de convertirse a sus conquistados, sin sacrificios humanos de por medio. Es una lástima que no conozcamos más de la psicología o pensamiento político de Tlacaelel, porque este casi por completo desconocido político azteca es, sin lugar a dudas, para bien o para mal, uno de los más peculiares personajes históricos existentes jamás.

31 diciembre 2006

EL MATRIMONIO Y LA RELIGIÓN.

Para los católicos, la ecuación entre matrimonio y religión no debería resultar una sorpresa. Después de todo, el matrimonio es uno de los siete sacramentos reconocidos por la Iglesia Católica. Sin embargo, la simbología en torno al matrimonio es mucho más rica y más profunda, y sus formas sociales han ido cambiando acorde no sólo a las necesidades de cada tiempo, sino también merced al espíritu religioso humano. El matrimonio es una columna vertebral para cualquier sociedad, y de ahí el extraordinario interés de las religiones por regularlo y santificarlo. Como una manera especial de despedir el año 2006, El Ojo de la Eternidad cuenta la historia religiosa del matrimonio.


[IMAGEN SUPERIOR: "Festín de las bodas de Caná". Oleo de Paolo Veronese, pintado el año 1563, refleja el polémico episodio evangélico que recoge el Evangelio de Juan].

EL MATRIMONIO.
Sin lugar a dudas, una de las instituciones más extendidas por toda la Tierra es la del matrimonio. Prácticamente no hay cultura, desde los pueblos más primitivos hasta las civilizaciones más sofisticadas, que no haya conocido esta forma de relación entre personas. Y allí donde éste no se podía dar, hubo que inventarlo: así, por ejemplo, los esclavos romanos, al no poder contraer matrimonio porque éste sólo estaba reservado para las personas (es decir, para los hombres libres). podían acceder a una versión módica llamada el connubio. No es raro entonces que las religiones se hayan preocupado de regularlo y reglamentarlo con tanta prolijidad, y que éstas hayan puesto el grito en el cielo cuando las sociedades seculares intentaron introducir la novedad del matrimonio civil. El cual, por cierto, conserva muchos caracteres propios del matrimonio religioso, en muchas partes. Pero vamos paso a paso.
El matrimonio fue un invento necesario, en particular frente a los problemas que se produce con los bienes de un muerto, a la hora de repartirlos entre los herederos. También está en juego la cuestión de la legitimidad de los hijos, algo sumamente importante en particular en las culturas primitivas (civilizadas o no), ya que en ellas, son los hijos quienes deben cuidar de los adultos mayores, ya que no existe seguro social ni jubilación.
Parece ser que el matrimonio se desarrolló en íntima ligazón con el tema sexual. Cuando se descubrió que el hombre tenía que ver con la procreación, las mujeres pasaron a ser objeto de apoderamiento, como fábricas de algo que los propios hombres no podían proveerse por sí solos: hijos. El medio legal inventado para ello fue, justamente, el matrimonio. Esta idea de que el matrimonio es un contrato, persiste hasta el día de hoy, sin perjuicio de la opinión de la Iglesia Católica, que lo considera no como tal, sino como un sacramento.

Y ENTONCES LLEGARON LAS RELIGIONES.
No está clara la manera en que el concepto de matrimonio evolucionó a través del tiempo. Es claro que se trata de un contrato, para muchas culturas, ya que en éstas debía pagarse un precio por la novia: la dote (en algunos casos es al revés). En no pocos casos, el que podía permitirse el lujo de comprar más de una esposa, lo hizo, surgiendo de esta manera la poligamia, cuya manifestación más espectacular son los harenes. A pesar de que se asocia el harén con el Imperio Otomano u otras potencias musulmanes, no fue ni con mucho éste el único: han pasado también a la fama las concubinas del Emperador chino y sus intrigantes eunucos, o los grandes harenes de los faraones egipcios, o las famosas 300 esposas y 700 concubinas que la Biblia menciona como pertenecientes al rey Salomón (1-Reyes 11:1-3). Generalmente, la poligamia involucra a un hombre con varias mujeres (poliginia), pero la situación inversa de una mujer con varios maridos (poliandria) no se ha dado en casi ninguna sociedad civilizada, lo que es una prueba más de que el matrimonio como contrato implica "apoderarse" de la mujer.
Las religiones vinieron en muchos casos a dar sanción religiosa a todo este régimen. Las más de las veces, esto sucede de manera indirecta. Por ejemplo, el celebérrimo Código de Hamurabi contiene varias normas relativas al matrimonio (¡y al adulterio!), y el Código en masa ha sido sancionado nada menos que por Shamash, el dios del Sol, según el propio Hamurabi, por supuesto. El Corán, por su parte, basado en la situación histórica de que Mahoma tuvo cuatro esposas, consagró el derecho de todo buen musulmán, varón por supuesto, a tener justamente esa cantidad de esposas, esto no obstante la tolerancia hacia el concubinato con más mujeres, base de los famosos harenes orientales.
En cuanto al Cristianismo, la Iglesia Católica considera al matrimonio como un sacramento, no meramente como un contrato. Y esto tiene consecuencias. Un contrato es, en principio, disoluble por voluntad de ambas partes, algo que la Iglesia Católica no permite respecto del matrimonio (sin perjuicio del no muy santo negocio de las nulidades eclesiásticas). En el Derecho Romano se permitía incluso el repudio, esto es, despedir a la esposa sin mayores contemplaciones, algo que también tiene que ver con la naturaleza contractual del matrimonio entre los romanos, algo que la Iglesia Católica combatió desde siempre.
En el fondo, todo esto no es más que una gran maraña de intereses que podríamos llamar "corporativos". La institución del matrimonio permitía a los grupos encumbrados hacer negocio, enlazando fortunas familiares casando a los herederos respectivos, o bien trabando enlaces dinásticos. La mujer se transformó así, bajo sanción religiosa, en objeto de intercambio, en moneda social. El matrimonio por amor era, en aquellos años, algo impensable.

EL SIMBOLISMO DEL MATRIMONIO.
Irónicamente, a pesar de este carácter de mecanismo social de distribución y negociación de riquezas, el matrimonio desarrolló en torno suyo toda una iconografía como la sublimación de los más grandes y puros amores. Y a través de esto, como símbolo de la unión entre el hombre y Dios.
En la Mitología Griega, esto encuentra concreción en la idea del "matrimonio por rapto". Siendo todos los matrimonios generalmente acordados, la única manera de casarse con alguien a quien se amara en verdad era raptando a la novia. De ahí la larga retahila de raptos que recuerda la Mitología Griega, y que en verdad acaban en matrimonio, o al menos en amoríos.
Fuera del rapto de Helena, esposa de Menelao, por Paris, el príncipe troyano, incidente que desencadenó la Guerra de Troya, el más emblemático de éstos es el rapto de Perséfone por Hades. Para los cánones modernos puede parecer repelente la noción de que el dios del Infierno busque esposa raptándola por la fuerza, pero situados en el contexto griego, esto es lo más semejante a una historia de amor. En el matrimonio de Perséfone y Hades (o Proserpina y Plutón, en la nomenclatura romana) está presente todo el simbolismo del matrimonio y el amor identificados con la muerte: Perséfone goza de su doncellez e inocencia en el mundo exterior, en la pradera, jugueteando con flores, cuando es raptada por Hades y llevada a los infiernos, lugar en el cual contraerá matrimonio y pasará a ser la princesa de los avernos.
Esta relación entre matrimonio y muerte es muy característica de muchas culturas, pero también el matrimonio, como unión de contrarios, el principio masculino y el femenino, ha sido usado como simbolismo de la unión cósmica, de la trascendencia suprema y del encuentro del hombre con su Creador.
Así es como, por ejemplo, pasó el libro "Cantar de los Cantares" desde la tradición judaica, en donde era un poema de delicado erotismo entre una novia y un novio, hacia la tradición cristiana, que se empeña en leerlo como una alegoría de la relación entre la Iglesia y Cristo.
Ideas similares han sido desarrolladas con posterioridad por otros autores, quienes de una manera u otra han usado el simbolismo del matrimonio como una metáfora sobre una forma de unión más trascendente con la realidad, que la meramente sensorial. Esta es la razón por la que el concepto de matrimonio aparece tan vinculado a obras de carácter ciertamente oscuro o esotérico, como es el caso de "Las bodas alquimísticas de Christian Rosenkrautz", o "El matrimonio del cielo y del infierno" de William Blake.

SECULARIZACIÓN.
No es raro entonces que, cuando se produjo la Revolución Francesa, con su arrolladora corriente secularizante, una de las primeras víctimas fue el matrimonio religioso. Fue en este tiempo que surgió el matrimonio civil, y volvió a hablarse en la Cristiandad de divorcio, institución existente en otras culturas, pero que la Iglesia Católica ha repudiado vivamente (salvo el hecho de las nulidades eclesiásticas, insistimos). Tan libre fue este régimen, que en la Francia de la última década del siglo XVIII, el divorcio se puso literalmente de moda. La idea de que el matrimonio es un contrato, y no una institución sacra o religiosa, es algo que los revolucionarios franceses tomaron de los romanos, por supuesto, como muchas otras cosas.
Pero a la larga, esta arremetida secularizadora quedó un tanto a medio camino. La idea de que el matrimonio es algo más, quizás algo sagrado, está demasiado arraigada en la gente como para que ésta lo abandone de buenas a primeras. En ese sentido, el matrimonio, a pesar de sus prosaicos orígenes como un simple mecanismo de negociación económica, se las ha arreglado para sobrevivir, y no es descabellado suponer que así seguirá siendo en el futuro.

24 diciembre 2006

EL NACIMIENTO DE JESÚS.

Casi no conocemos antecedentes biográficos sobre Jesús de Nazaret. Sobre su nacimiento, que es recordado en la fiesta de Navidad, no se sabe absolutamente nada, y las historias sobre este hito están trufadas de manipulaciones. ¿Por qué se celebra la Navidad el 25 de Diciembre? ¿Es verdadero el relato bíblico sobre el nacimiento de Jesús? Y si no es así, ¿por qué los evangelistas se tomaron la molestia de falsificarlo? El Ojo de la Eternidad explora los misterios en torno al nacimiento de Cristo, el mismísimo epicentro de una cronología que se mide por años "antes de Cristo" y "después de Cristo".


[IMAGEN SUPERIOR: "La Sagrada Familia con Santa Ana", pintura de Peter Paul Rubens, realizada aproximadamente entre 1626 y 1630. Ana es, según la tradición bíblica, la madre de María, y por tanto, abuela de Jesús. El tema de la Sagrada Familia ha sido muy socorrido en pintura, con motivos pietistas, y además, por dar la ocasión de representar a una familia en actitud tranquila y serena].

EL JESÚS QUE FUE Y EL JESÚS QUE CONOCEMOS.
Como hemos insistido varias veces en El Ojo de la Eternidad, sobre el Jesús histórico es poco y nada lo que se sabe, hasta el punto que una escuela de historiadores positivistas a ultranza llegaron a dictaminar que Jesús nunca había existido en realidad, sino que era una invención de los primeros cristianos. En la actualidad se piensa que Jesús de Nazaret sí existió en verdad, aunque su vida tuvo que haber sido por fuerza, dadda la época y la cultura de su entorno, bastante diferente a cómo la refieren los Evangelios, o cómo los cristianos tratan de hacerla aparecer.
Una de las historias que más dudas siembran sobre Jesús, es la de su nacimiento milagroso. Los datos sobre el particular ya ni siquiera son mínimos, es que ni siquiera existen, y por tanto, no hay nada que corrobore el testimonio de Mateo y Lucas, los dos evangelistas que recogen la historia (sintomáticamente, ni Marcos ni Juan se refieren al particular). Pero esto no es inconveniente para que los investigadores, escudriñando una y otra vez los textos bíblicos y comparándolos con nuestros conocimientos históricos, geográficos, mitológicos y sociales, hayan podido llegar a algunas extrañas conclusiones sobre el particular.

LA FECHA Y EL LUGAR DE NACIMIENTO.
Para empezar, no hay seguridad ni de la fecha, ni del lugar de nacimiento de Jesús. Todos los relatos bíblicos señalan que Jesús procedía de Nazaret, por lo que su nacimiento en Belén es una pequeña aberración, en una época con escasa movilidad geográfica. Para esto hay dos opciones: la familia de Jesús era de Belén y se movió a Nazaret, o la familia siempre fue de Nazaret, y nació en Belén por circunstancias extraordinarias.
Mateo parece inclinarse por la primera alternativa. Cuando refiere el regreso desde Egipto, señala que prefiere no regresar a Judea, sino marchar a Galilea, a la ciudad de Nazaret, para escapar de Arquelao, el hijo de Herodes [Mateo 2:22]. Además, Mateo se empeña en demostrar una genealogía davídiva para Jesús [Mateo 1:1-17], y localizándolo en Belén, el hogar ancestral del rey David [1-Samuel:16-1]. Pero para todos era evidente que Jesús era no judío de Judea, sino galileo, por lo que tenía que darle explicación a esto.
Lucas, por su parte, se inclina por la segunda. Plantea sin ambages que la ciudad familiar de Jesús era Nazaret [Lucas 2:1-5], y achaca el nacimiento en Belén a una orden imperial, cumplida a través del censo de Quirino.
O sea, Mateo dice que Jesús era de Belén, y creció en Nazaret por razones políticas. Y Lucas, que siempre fue de Nazaret, y su nacimiento en Belén fue puramente accidental.
Todo esto tiene su motivo, por supuesto. En la época de Jesús, los galileos eran "judíos nuevos", ya que sólo hacía algo más de un siglo que habían sido incorporados a la judería, después de que Galilea fuera conquistada por los reyes Macabeos. En ese sentido, que Jesús fuera de Galilea y no de Judea, era una especie de descrédito, ya que no era "judío antiguo". El hacerlo nacer en Belén, nada menos que la ciudad del rey David, era clave entonces para hacer a Jesús un poco más respetable, a los ojos judíos.
El problema es que ambas historias son espúreas. Mateo justifica el viaje Belén-Egipto-Nazaret por la persecusión de Herodes, la famosísima Matanza de los Inocentes, pero por muy manchadas que tuviera Herodes las manos con sangre, lo cierto es que no hay testimonios históricos contemporáneos de tal evento. Ni siquiera lo registra Flavio Josefo, el historiador judío que describió en varios tomos, con minuciosidad maníaca, los sucesos del mundo hebreo de aquel tiempo. En cuanto al censo de Quirino, si bien éste es histórico (Flavio Josefo lo registra), no lo es en cambio la orden de que cada uno se empadronara en su propio lugar de nacimiento, lo que hubiera originado unos cuantos problemas para todos aquellos viajantes, como comerciantes y caravaneros, que hubieran debido dirigirse a sus lugares de nacimiento. En vez de ello, hubiera bastado con preguntarles directamente. Por lo tanto, ambas historias carecen de base real, en lo que a justificar el nacimiento de Jesús en Belén se refiere. Por lo que el lugar del nacimiento de Jesús, suponiendo que no haya sido en verdad Nazaret y que los evangelistas hayan querido ocultarlo, es una incógnita.
En cuanto al tiempo, es otro enigma. Herodes el Grande, padre de Arquelao, murió en 4 ¡antes de Cristo! Y el censo de Quirino, por su parte, fue en 5 después de Cristo. Suponiendo que ambas historias tuvieran alguna relación con el nacimiento de Cristo, cosa que es dudosa, aún quedarían al menos unos diez años entre una fecha posible y otra.

EL PESEBRE, EL PORTAL Y OTRAS COSAS RELACIONADAS.
Cayéndose ambos relatos evangélicos por la base, es poco lo que queda. Los evangelios apócrifos, en realidad, no aportan mucho más de interés histórico. Algunos de ellos, en verdad, no son sino cuentos piadosos sobre el evento. Pero no por ello deben ser menospreciados. Historias como el "Protoevangelio de Santiago" son claros antecedentes de muchas tradiciones navideñas, incluyendo la presencia de los animales en el pesebre, entre otras cosas.
La iconografía tradicional incluye reyes magos, pastores, estrellas, animales, etcétera. Si ni siquiera los cronistas evangélicos conocían bien claramente la historia de Jesús (o acaso conociéndola, decidieron alterarla), ¿de dónde salió entonces todo esto?
La respuesta es: de la mitología. No se debe olvidar que en esa época, el Medio Oriente era un gigantesco caldo de cultivo de cultos, ideas, mitos y religiones, debido a la omnipresencia del Imperio Romano, que aseguraba el contacto pacífico entre numerosas culturas y tradiciones diferentes. El asociar a los grandes personajes con estrellas es cosa vieja, y casi al mismo tiempo del nacimiento de Jesús, el poeta romano Ovidio, de manera completamente independiente, afirmaba que Julio César, al morir, se había transformado en una estrella. La base mitológica para afirmar la existencia de una Estrella de Belén estaba ahí, entonces.
El retrato del nacimiento de Jesús, por su parte, reproduce varios motivos propios del Sonnenmensch, del héroe solar cuya función mítica es redimir a la Humanidad. Así, está presente el nacimiento virginal y por intervención divina, prueba de la calidad divina, o al menos sobrehumana, del héroe, que es común a Cristo, Rama, Buda, Perseo, Isaac y Sansón. También está la persecusión por parte de un poder maligno, que en el caso de Cristo es Herodes, y que es común a Moisés, Sargón, Ciro, Rómulo y Remo, Perseo, etcétera. La presencia de hadas o protectores, tales como la loba de Rómulo y Remo, o los pastores que salvan a Ciro, también aparece, aquí emblematizado por los Reyes Magos. Es decir, el nacimiento de Jesús ha sido diseñado conforme a una densa labor de ingeniería mitológica.

¿POR QUÉ TODO ESTO?
De manera que sobre el nacimiento de Jesús no hay datos históricos concretos, y en reemplazo, los Evangelios han tejido una trama que han permitido configurar a Cristo como un Sonnenmensch. Esto era tan evidente incluso para los mismos contemporáneos de los evangelistas, que algunos maliciosos no tardaron en inventar la pintoresca leyenda (nunca comprobada como histórica, por cierto), de que la leyenda del embarazo virginal de María pretendía encubrir en verdad que ella había sido violada por un centurión romano llamado Pantera, y que por ende, Jesús era un mestizo, hijo de romano y de judía. Pasando estas curiosas tradiciones, ¿cuál es la razón que movió a los evangelistas a inventarse todo un relato fantástico sobre el nacimiento de Jesús?
Lo primero que debe tenerse en cuenta, es quién redactó los Evangelios, para qué, y para quién. Los evangelistas no eran cronistas históricos ni pretendían serlo, a la manera como lo era su contemporáneo Flavio Josefo. Su intención era, principalmente, hacer propaganda de las nacientes ideas asociadas al Cristianismo. La mentalidad de la época podía aceptar esto, con la misma tranquilidad con la cual se acepta hoy por hoy que la publicidad de los detergentes mienta sobre su propio producto ("¡el mejor detergente del mercado, lava más blanco que cualquier otro!"). En esa época, el mundo grecorromano era un gran caldero de religiones entremezcladas que luchaban fieramente por ganar prosélitos, a veces riñéndose y a veces entremezclándose unas con otras. De ahí que la necesidad de obtener publicidad fuera tan angustiantemente vital. Nada había de malo, para la mentalidad de la época, en inventarse que el profeta particular de uno fuera en realidad un héroe solar. En verdad, si no lo hubieran hecho, nadie hubiera hecho caso de un predicador con tan pocas "credenciales divinas". Entonces, como ahora, la gente se deja convencer más por argumentos emocionales que por el peso de la razón. Las ideas del Cristianismo quizás fueran o no magníficas, pero serían seguramente un fracaso si no iban envueltas en los colores alegres y vivaces de un héroe solar que las defendiera, así como en publicidad un producto tiene más aceptación cuando es promovido por una modelo o un futbolista, que por una persona común y corriente.
De ahí que los evangelistas, para ocultar su ignorancia, o acaso para limar los aspectos menos confesables de su héroe, se decidieran, con perfecto espíritu de publicidad del siglo XX, a transformar al Jesús histórico, que con toda probabilidad tuvo un nacimiento normal como cualquier otro hijo de vecino, en un festival de prodigios y tradiciones varias.

10 diciembre 2006

BENEDICTO XVI EN TURQUÍA: ENTRE MUSULMANES Y ORTODOXOS.

La semana pasada, Benedicto XVI emprendió una breve gira por Turquía. Como siempre, hubo una buena serie de gestos ceremoniales, en este caso haciendo guiños al ecumenismo. Pero Benedicto XVI ha destacado precisamente por rehuir de las tendencias ecuménicas. ¿Es que acaso el mundo está al revés? El Ojo de la Eternidad ofrece algunos antecedentes que ayudan a explicar lo que acaba de suceder en Turquía... si es que cabe explicar eso de alguna manera.


[IMAGEN SUPERIOR: El Papa Benedicto XVI y el Patriarca Bartolomé I hacen una declaración conjunta, durante el viaje del primero a Turquía].

EL VIAJE DE BENEDICTO XVI A TURQUÍA.
Después de su apoteósica y nazistoide aparición en Alemania, el resto de los viajes apostólicos de Benedicto XVI han pasado casi desapercibidos. Estos fueron un viaje a Polonia, otro a España, y un segundo viaje, esta vez de carácter más privado, a Alemania, concretamente a Baviera. El viaje a Turquía prometía ser otro más, sin demasiada relevancia mediática, pero una serie de sucesos le dieron mayor relevancia.
En primer lugar están las tensas relaciones entre Turquía y el Vaticano. Es sabido que desde hace mucho tiempo se está negociando el ingreso de Turquía a la Unión Europea, operación política que el Vaticano ha resistido con firmeza, bajo el argumento (falaz, por supuesto) de la "raiz cristiana de Europa". Aunque el Vaticano, utilizando la sibilina mezcla de diplomacia y Teología que le es tan característica, no ha aludido directamente a Turquía, es claro que no quiere influencias contaminantes extranjeras en un continente mayoritariamente cristiano, al cual el Vaticano por lo mismo considera como su propio patio trasero.
En segundo lugar, están las tensas relaciones entre Benedicto XVI y los musulmanes. Durante la invasión de Estados Unidos a Irak, Benedicto XVI exigió con firmeza destemplada que se respetara a la minoría cristiana de dicho país (aunque ésta no es católica sino jacobita). Después sobrevino el infortunado discurso de Ratisbona, con el cual consiguió irritar a una buena fracción de musulmanes. Y es que Joseph Ratzinger tenía antecedentes, antes de ser Papa, de intolerancia religiosa, los cuales fueron plenamente confirmados por sus actuaciones posteriores.
En ese sentido, el viaje de Benedicto XVI a Turquía tuvo algunos resultados desconcertantes. En lo político, realizó una serie de actos fraternales hacia Turquía, y pareciera ser que admite ahora la posibilidad de que ésta se incorpore a la Unión Europea. En cuanto a las otras confesiones religiosas, se mostró conciliador hasta un punto que nunca antes había alcanzado: el gesto más espectacular fue, por supuesto, la declaración conjunta que emitió con Bartolomé I, Patriarca de Constantinopla, pero también hubo gestos hacia la Iglesia Armenia, encabezada por el Patriarca Mesrob II, y también hacia los musulmanes. ¿A qué se debe esta espectacular voltereta? ¿O ésta no es tal...?

EL PROBLEMA ECUMÉNICO.
La primera cuestión, y quizás la más trascendente, es el asunto de la separación entre la Iglesia de Oriente y Occidente. La historiografía occidental denomina a esta separación el "Cisma de Oriente", dando a entender que es la Iglesia Ortodoxa la que se habría separado del Papado, y sería por tanto "cismática". Como suele suceder, el asunto no es tan simple. En realidad, en el año 1054 (fecha de la separación) ninguna de las dos iglesias, la de Constantinopla o la de Roma, podía arrogarse la primacía sobre la otra. El cisma se consumó, de hecho, mediante excomuniones mutuas, que era la única manera que tenían de castigarse una a la otra, toda vez que no cabía tomar medidas disciplinarias distintas, ya que no había subordinación jerárquica entre éstas. Desde el ángulo "oriental", incluso, es claro que los cismáticos son los católicos, algo que reafirman con su título oficial de "Iglesia Ortodoxa", o sea, defensora de la ortodoxia, de la verdadera fe.
Por lo tanto, resolver el problema de la separación entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa no es tan simple. Esto implica nada menos que determinar el problema de la primacía: ¿debe predominar Roma sobre Constantinopla, Constantinopla sobre Roma, o ambas deben mantener primacías paralelas? Por supuesto que la tercera solución no soluciona nada en absoluto, porque significa mantener el actual status quo. En cuanto a las otras dos soluciones posibles, implicaría una enorme renuncia para cada una de ellas. Desde luego que la arrogancia de Benedicto XVI no soportaría reducirse al papel de segundón de Constantinopla, pero por la otra, no hay razones ni teológicas ni prácticas por las cuales debería ser Bartolomé I quien diera ese paso.
La consecuencia de esto queda expresada en la Declaración Común que emitieron Benedicto XVI y Bartolomé I, la cual puede ser leída en el sitio del Vaticano (versión en inglés, aquí). Detrás de la retórica pomposa, el único acuerdo que ambos alcanzan es simplemente que ambos desean un acuerdo. Esta señal de unidad puede parecer vigorosa, pero es importante en este discurso lo que no hay presente: no hay renuncias mutuas o unilaterales, no hay definiciones doctrinales o disciplinarias, ni hay bases sólidas para ningún acuerdo. La Declaración Común, por tanto, contiene sólo gestos de buenas intenciones, sin ahondar en las cosas verdaderamente importantes para resolver el dilema.

LOS MUSULMANES FRENTE AL PAPA.
El problema más delicado era, por supuesto, el de los musulmanes. Se llegó a discutir si el Papa debería usar un chaleco antibalas, ante la eventualidad de un atentado, pero éste rechazó usar uno (oficialmente, al menos). Poco después de la llegada de Benedicto XVI a Turquía, hubo hondas manifestaciones en su contra.
Pero el Papa esta vez se cuidó mucho de ofender a los musulmanes. En la propia Turquía siguió el ritual clásico de los visitantes, de hacer una visita al Mausoleo de Atatürk, el fundador de la Turquía moderna.
Una hábil jugada fue defender la libertad religiosa en Turquía. Aunque oficialmente Turquía es un estado laico, en la práctica los musulmanes son la inmensa mayoría, y las leyes están cargadas en su dirección. La protesta de Benedicto XVI le permitió erigirse una vez más como el campeón de la libertad y la tolerancia religiosa (algo que nunca ha sido, pero que trata de aparentar), sin posibilidad de que le contestaran alguna cosa.
El momento clave fue su visita a Santa Sofía. Esta Basílica, inagurada por Justiniano en el año 537 y convertida después en mezquita (en 1453), se convirtió en centro de algunos musulmanes fanáticos que consideraban ofensivo que un cristiano pisase lo que alguna vez fue un templo musulmán (como si ellos no hubieran hecho lo mismo, a la inversa, medio milenio atrás). Pero el Papa rezó con el rostro mirando hacia La Meca, con gestos y actitudes de un musulmán en oración, y con eso limó algunas asperezas.

EN RESUMEN...
¿Hubo resultados prácticos del viaje de Benedicto XVI a Turquía? Probablemente no. Como puede observarse, fue un viaje cargado de gestos simbólicos de toda clase, pero que no hicieron sino tocar puntos tangenciales a los verdaderos problemas. La operación ecuménica no puede tener éxito porque ni el Papa ni el Patriarca cederán en sus respectivos primados, y el acercamiento a los musulmanes tampoco puede tenerlo en tanto Benedicto XVI siga tensando la cuerda como lo hizo en Ratisbona, y calmándola como en Turquía. Por otra parte Turquía, a pesar de ser una nación musulmana en la práctica, tiene un régimen político de inspiración laica, europea y occidental, y por ende, no es una nación musulmana típica.
Entonces, ¿por qué tanto alboroto? Probablemente por el morbo de ver a Benedicto XVI y los musulmanes ajustándose cuentas entre sí, por el Discurso de Ratisbona. Lo que abre una nueva e inquietante pregunta: ¿no habrá el viejo zorro de Ratzinger ofendido intencionalmente a los musulmanes, para generar un escándalo artificial que le diera relevancia mediática a su por entonces inminente viaje a Turquía...?