16 septiembre 2007

TRAS LA BIBLIA (6): LOS NEFILIM Y EL CAMINO AL DILUVIO (GÉNESIS 6).


El capítulo 6 del Génesis es complicado, porque a la versión original del Yavista se superpuso un extenso fragmento por obra del Sacerdote. Al Yavista pertenece el famoso pasaje de los "hijos de Dios y las hijas de los hombres", muy característico de su cosmovisión en la que Yahveh no es la única criatura sobrenatural, sino que además hay bestias parlantes y ángeles rondando. Estos hijos de Dios son conocidos también como los nefilim. La Biblia habla de "gigantes" y de héroes famosos.

La intencionalidad del Yavista no es clara. Es posible que haya intentado compendiar una serie de material mitológico corriente en su época, quizás influido por la Epopeya de Gilgamesh, reduciéndolo todo a una breve mención (los nefilim). Se le adjudica a este pasaje un sentido moral: la irrupción de los nefilim se corresponde con el aumento de la maldad en la Tierra. Aunque cabe preguntarse si el Yavista tenía esta correspondencia a la vista. Como sea, la historia de los nefilim sirve para entroncar derechamente con el castigo que Yahveh enviará a la Tierra: el Diluvio Universal. Por cierto, nótese que el pecado de los nefilim es, para variar un poco, de carácter sexual: son los nefilim quienes encuentran hermosas a las hijas de los hombres y buscan desposarse con ellas...

Hay también otra interpretación que podríamos señalar como más sociológica. Según ésta, encontramos aquí una velada denuncia de los matrimonios entre clases sociales, ya que los hijos de los nobles y aristócratas ("hijos de Dios") habrían degenerado su propia condición amancebándose con doncellas proletarias ("hijas de los hombres"). Apoya esta interpretación, el hecho de que hablar de "hijo de hombre" en la Biblia es una metáfora para referirse a los propios seres humanos, y por tanto las "hijas de los hombres" serían simplemente las mujeres, el común o vulgo de ellas. Sin embargo, si bien es una explicación atendible, tampoco existen pruebas que la corroboren de manera contundente.

Los versículos 9 a 22 son indiscutiblemente del Sacerdote. Y aunque no lo fueran, es claro que los redactó alguien quien no era el Yavista, porque los versículos 11 a 13 reiteran en parte, de manera innecesaria, lo planteado en los versículos 5 a 7 (la maldad de los hombres crece, y por tanto los hombres deben ser castigados). Además, su redacción tiene una calidad literaria inferior. Y por si fuera poco, el Yahveh de estos versículos da una serie de detalladas instrucciones sobre la forma, estructura y dimensiones del arca de Noé, puntillismo muy propio del Sacerdote.

Por cierto, se ha debatido mucho sobre cómo el Diluvio Universal contradice la bondad de Yahveh, en particular considerando que si Dios es todopoderoso, entonces debió prever que los hombres serían débiles y se tornarían hacia el mal. Pero esto es ver el texto bíblico desde nuestra óptica cristiana, basada en el "Dios es amor". Para el Yavista, autor del texto de base, Yahveh está configurado a la manera de los dioses paganos, que pueden ser muy amables y comprensivos, pero también sumamente duros y despiadados, y todo esto a capricho. Esta concepción es común a la época, y no sólo entre los hebreos, porque se basa un poco en la imagen de los monarcas absolutos como el Faraón o los reyes suméricos y babilónicos, que efectivamente solían gobernar más o menos a capricho. Para el Yavista, Yahveh puede ser misericordioso (a veces), pero no es intrínsecamente bueno. Para el Sacerdote, por su parte, Yahveh es un dios de justicia, no de bondad. Puede que el Diluvio Universal haya sido una despiadada operación de genocidio, pero había justicia en barrer el mal de la Tierra, en concepto del Sacerdote, y por lo tanto es lógico que Yahveh tomara una actitud como ésta.

Terminemos señalando que la fuente del Diluvio Universal es la Epopeya de Gilgamesh, poema babilónico bastante anterior al texto del Yavista (un milenio, al menos). En la Epopeya figura un personaje secundario llamado Utnapishtim, reflejo a su vez de un personaje mítico sumérico aún más antiguo llamado Ziusudra, que fue prevenido por el dios Ea de una futura inundación por parte de los dioses (también para borrar la maldad humana), y que por tanto construye un arca para salvarse. Hay también una versión del Diluvio Universal en la mitología griega, a cargo de Deucalión y Pirra, pero estos personajes parecen casi insertados en el contexto general de los mitos griegos, por lo general bien engrasados unos personajes con otros, por lo que muchos sospechan que el mito de Deucalión y Pirra es una importación tardía desde el Medio Oriente, y no una historia mítica original griega.

09 septiembre 2007

TRAS LA BIBLIA (5): DESCENDIENTES DE ADÁN (GÉNESIS 5).


El capítulo 5 del Génesis no tiene ninguna ciencia. Es un injerto del Sacerdote, falto de todo carácter literario, que no es sino una genealogía de descendientes de Adán. El Sacerdote, obsesionado con el legalismo a ultranza, es aficionado a esta clase de menciones. La intencionalidad es oscura, en particular por haberle asignado a cada miembro de la cadena genealógica edades tan superlativas. Esta era, por cierto, una práctica habitual en el Medio Oriente. Las crónicas babilónicas, por ejemplo, atribuyen a sus reyes más antiguos una longevidad que se cuenta ya no por cientos de años como el relato bíblico, sino de miles, e incluso decenas de miles de años. Aún así, hay cosas que rescatar. Se conserva aquí la mención a Enoc, el primero de los seres humanos en ser llevado por Yahveh consigo (después vendrán Moisés, Elías, etcétera). Este Enoc, hijo de Caín, no debe ser confundido con Enos, el hijo de Set, aunque ambos son nietos de Adán, según la Biblia.

También aparece Matusalén y su récord de longevidad de 969 años, el más largo de toda la Biblia.

Huelga decir que nada del contenido de este capítulo puede ser cotejado con ningún hecho histórico o arqueológico del que tengamos noticia, y por tanto, pertenece al terreno de la pura mitología.

TRAS LA BIBLIA (4): CAÍN Y ABEL (GÉNESIS 4).


El cuarto episodio del Génesis refiere la historia de los hijos de Adán, incluyendo a los célebres Caín y Abel. Caín y Abel se dedican a actividades distintas. Caín se hace agricultor. Abel, por su parte, se hace pastor. Resulta que Yahveh miraba con agrado que le sacrificaran carne y grasa, y le molestaba que le sacrificaran granos, por lo que favorecía a Abel sobre Caín. Por lo que Caín, llevado por los celos, embosca a Abel y lo mata. Al ser confrontado por Yahveh, Caín se ve obligado a emigrar, fundando la primera ciudad. Los descendientes de Caín van fundando progresivamente la civilización: Jabal es padre de los ganaderos, Jubal de la música, Tubalcaín de la forja de metales. El capítulo culmina con la mención del nacimiento de Set, el tercer hijo de Adán y Eva, al cual después vino otro hijo, Enós (que no es el Enoch secuestrado por Yahveh, quien aparece un poco más allá).

Este relato ha originado varias dificultades, en particular porque durante mucho tiempo abonó la posibilidad de la existencia de los "preadanitas", ya que si Adán y Eva eran los primeros progenitores, ¿de dónde salieron las esposas de Caín y Set...? Las leyendas hebreas clásicas lo explicaban diciendo que Caín había tenido relaciones sexuales con Lilith, una mujer demonio, y que de la unión de ambos descendería el género humano, lo que de paso explicaría la naturaleza al menos medio maligna de los humanos. Sin embargo, dicha tradición no fue recogida en la Biblia. Este debate está hoy por hoy superado, claro está, ya que se sabe que los seres humanos no descienden de un mítico Caín que habría vivido hace 6000 años, sino de los primates que vivían en Africa hace unos 20 o 25 millones de años, por medio de un proceso de evolución gradual y de selección natural, y no por acto de creación divina.

Volviendo a la Biblia, la comprensión de este texto es difícil porque su intencionalidad se nos escapa. Hay un eco de la disputa entre ganaderos y agricultores aquí. El agricultor requiere una existencia sedentaria y tiende a poner cercas a sus terrenos. El ganadero es nómade, o seminómade al menos, y las cercas le estorban para llevar su ganado. Históricamente, los ganaderos tienden a ser arrinconados por los agricultores, porque al ser sedentarios, pueden acumular riquezas que se traducen en armas y hombres para la guerra. En el relato bíblico, es Caín el agricultor quien vence a Abel el pastor, y como consecuencia, funda la civilización (él y sus descendientes). Pero a su vez, todo esto es visto como un castigo de Yahveh por el asesinato de Abel. O sea, los "malos" fundan la vida en civilización, y el "bueno" es el pastor... Es posible que esto tenga algo que ver con el hecho de que los primeros hebreos eran precisamente pastores, probablemente salidos del Desierto de Arabia, y que este relato sea una versión de una leyenda aún más antigua. La idea de la civilización como castigo conecta bien con el bíblico "ganarás el pan con el sudor de tu frente", que el Yavista ha puesto en boca de Yahveh dirigiéndose a Adán. (Génesis 3:19).

02 septiembre 2007

RELIGIÓN EN EVOLUCIÓN (10.000 AC): FIN DE LA EDAD DE HIELO Y SURGIMIENTO DE LA AGRICULTURA.


[IMAGEN SUPERIOR: Representación de la "Mahadevi", la Gran Diosa de las creencias hindúes. La Gran Diosa puede presentarse en varias facetas distintas, sea como la bella y benigna Lakshmi, o sea como una destructiva fuerza natural bajo la advocación de Kali. Por debajo de estas manifestaciones, la Mahadevi es en realidad una sola diosa, o mejor dicho, es uno con Brahma, su contraparte masculina. La Mahadevi es asociada también con los rituales de fertilidad, una prerrogativa que ha conservado desde los tiempos de la adoración irrestricta de la Gran Diosa Madre en toda Eurasia].

Probablemente, el evento más importante de toda la historia humana sea el inicio del Holoceno, hacia 10.000 AC, fecha en la cual los glaciares se retiraron de la faz de la Tierra, con la excepción de dos grandes focos (Groenlandia y la Antártica). Durante mucho tiempo se creyó que esto favoreció un medio ambiente más favorable, pero hoy en día dicha tesis suele ser discutida. Parece que las alteraciones climáticas subsiguientes originaron sequías y cambios en la población de animales para ser cazados, lo que obligó a recolectores, cazadores y pescadores a buscar nuevos medios de subsistencia. El gran paso se dio cuando el ser humano dejó de ir a buscar simplemente el alimento a la naturaleza (recolectándolo, cazándolo o pescándolo), para producirlo mediatne su propia tecnología y en condiciones más o menos controladas. Este método fue la agricultura, y su implantación provocó a la larga una serie de cambios sociales, que arrojaron al ser humano por el camino de la civilización, con todo lo bueno y lo malo que esto conlleva.

En el plano religioso, el culto debió ajustarse a las nuevas condiciones agrícolas. El agricultor se vio mucho más constreñido al ciclo anual de las estaciones, lo que reforzó la idea de un dios o una diosa supremos que se revelan a sí mismo en la naturaleza. Además, al surgir la posibilidad de la acumulación material de riquezas, por obra del sedentarismo, los hijos y el linaje pasaron a tener mayor importancia, y con ello, las mujeres que los parían. El resultado de esto fue toda una ironía, porque a medida que las mujeres se hacían más valiosas, surgieron una serie de normas y regulaciones para que los hombres pudieran encadenarlas. El matrimonio surge en esta época, y no tiene nada que ver con el romanticismo, sino con la necesidad de crear un contrato legal que otorgara legitimidad jurídica a ciertos hijos, aquellos que provenían del matrimonio, por encima de los ilegítimos o bastardos, para así de esta manera concentrar las fortunas en la descendencia propia y descartar a quienes no son descendientes carnales de los varones. Como correlato de este proceso, los dioses masculinos empezaron a cobrar mayor importancia, y principió así el eclipse de las diosas femeninas.

El dios masculino asumió primeramente la forma del Dios Muriente. El dios masculino es presentado como hijo y amante de la diosa, y muere trágicamente para simbolizar la llegada del invierno. Pero la piedad y el amor de la diosa lo resucitan, lo que simboliza la llegada de la primavera, y con ello el ciclo vuelve a empezar. Poco a poco, los dioses masculinos irían ganando nuevas cotas de poder, y con ello, la Gran Diosa Madre iba a quedar más y más relegada a un segundo plano.

TRAS LA BIBLIA (3): LA CAÍDA (GÉNESIS 3).


Todo el mundo cree que conoce bien la trama de este pasaje. Lo increíble es que la gente hace una serie de asunciones que no se corresponden en absoluto con el detalle de lo que aquí refiere la Biblia. Veamos.

La Serpiente se dirige a Eva y, tras una breve conversación, la convence de morder el fruto prohibido. Eva cae en la trampa ("sereis como dioses"), y no sólo hace caso, sino que además, convence a Adán de hacer lo propio. En respuesta se les abren los ojos, descubren su propia desnudez, se esconden, y por eso Dios descubre lo que ha pasado. En su rabieta, decide expulsar a Adán y Eva del Paraíso Terrenal.

Como decíamos, es increíble la cantidad de asunciones que la gente hace sobre la historia. En primer lugar están los detalles anecdóticos. Siempre se simboliza el fruto prohibido como una gran y rozagante manzana. Sin embargo, de leer atentamente el texto bíblico se desprende no sólo que no se menciona ninguna manzana por parte alguna, sino que además, dicho fruto prohibido quedó vedado para siempre al ser humano, en el Paraíso Terrenal, y por ende no puede ser ningún fruto que conozcamos.

En segundo lugar, ¿quién es el Tentador? La respuesta de la Iglesia Católica es clara: Satanás. Y sin embargo, si se lee atentamente este pasaje, se descubre que no es así. La Serpiente es simplemente la Serpiente. ¿En dónde se menciona que la Serpiente es Satanás disfrazado? Sospechosamente hay un solo autor bíblico que relaciona a ambos personajes, y éste no es el Yavista, quien redactó la versión original de esta historia. Este autor bíblico es Juan el Anciano, escritor del Evangelio de Juan y del Apocalipsis, quien identifica explícitamente a la Bestia (la del número 666, para entendernos) con Satanás y... la serpiente antigua (véase Apocalipsis 20:2). El punto es que Juan el Anciano escribió su texto casi un milenio después del Yavista, en un contexto cultural completamente diferente... por lo que la identidad de la Serpiente con Satanás no puede achacársele al Yavista, en ninguno de cuyos textos, por otra parte, aparece Satanás como personaje (el Yavista escribió en el siglo VIII a.C., y Satanás ingresó a la mitología hebrea por influencia de Babilonia durante el Cautiverio, en el siglo VI a.C.). Por ende, afirmar que la Serpiente es Satanás no es más que una dolosa manipulación intelectual cristiana.

La Serpiente, desde antiguo, debido a su forma, y a su capacidad de mudar la piel, es símbolo de regeneración y resurrección. De ahí que se la asociara desde antiguo a la Gran Diosa Madre. Quizás su infiltración en la Biblia es una caricatura machista: una manera de decir que el símbolo de la Diosa Madre (identificada en Canaán con Aserah, en Fenicia con Astarté y en Babilonia con Ishtar) es la que perdió a la Humanidad protegida por Yahveh, el dios masculino y patriarcal. No debe olvidarse que el Yavista escribió en tiempos de la consolidación de la tradición profética, y una de sus consecuencias fue el surgimiento de la rampante misoginia que caracteriza a la mayor parte de los textos bíblicos.

Por otra parte, el esquema bíblico no es en absoluto exclusivo. En numerosas otras tradiciones míticas se presenta la tríada Creador - Criatura - Embaucador. El Embaucador no necesariamente es un dios, pero es alguien que por celos o envidias, provoca la perdición del hombre. En algunas tradiciones míticas norteamericanas, por ejemplo, este papel corresponde al Coyote. En los mitos griegos, la embaucadora es Pandora, que esparce los males sobre la Humanidad, como contraste a Prometeo el benefactor. Entre los germanos, el papel de embaucador le cabe a Loki, el dios del fuego, quien mediante engaños consigue la muerte de Balder, el dios de la luz. Como se desprende, el embaucador puede ser un dios (Loki), una criatura sobrenatural, pero no un dios (Pandora), o una simple bestia parlante (el Coyote o la Serpiente). Lo importante es su rol: el embaucador impide la inmortalidad del ser humano, y por tanto garantiza la entrada del mal en el mundo.

Otro detalle curioso es que no había uno sino DOS árboles prohibidos. Uno de ellos es el Arbol del Conocimiento del Bien y el Mal; de éste comieron Adán y Eva. El otro es el Arbol de la Vida. Yahveh reflexiona explícitamente, al expulsarlos, que por suerte no comieron del segundo, o habrían llegado a ser inmortales (Génesis 3:22).

Finalmente, mencionemos que en un bello pasaje de su libro "El miedo a la libertad", el psicólogo Erich Fromm toma el mito de la caída de Adán y Eva como metáfora del instante de la infancia en que el ser humano deja de ser uno con el mundo, y pasa a tomar conciencia de sí mismo.

26 agosto 2007

RELIGIÓN EN EVOLUCIÓN (30.000 AC): EMERGE LA GRAN DIOSA MADRE.


[IMAGEN SUPERIOR: Venus de Willendorf. Descubierta en 1908 en las cercanías de la localidad austríaca de Willendorf. Tiene una antigüedad estimada de 22.000 a 24.000 años].

La primera gran religión conocida con seguridad, es el culto de la Gran Diosa Madre. Sus orígenes son nebulosos, y suele asociarse con la irrupción de las "venus", estatuillas femeninas paleolíticas de diverso tamaño, que aparecen en Europa y el Medio Oriente hacia 30.000 AC. Sin embargo, sus últimos coletazos, derrotada por los dioses patriarcales, aún siguen entre nosotros. La evidencia documental e iconográfica permite probar hoy en día con bastante certeza que María, la Virgen madre de Jesús, es descendiente directa de la Gran Diosa que fue adorada en el Medio Oriente bajo los ubicuos nombres de Afrodita (Grecia), Arinna (Hatti), Aserah (Canaán), Astarté (Fenicia) e Ishtar (Mesopotamia), sirviendo como intermediaria la diosa frigia Cibeles. Como las venus aparecen hacia 30.000 AC., puede decirse que la religión de la Gran Diosa Madre tiene una aparición contemporánea, aunque esto pertenece en buena medida al campo de la especulación.


Se ha comprobado, por el estudio antropológico de las sociedades primitivas, que en ellas la mujer suele desarrollar un rol mucho más activo que en las sociedades patriarcales históricas conocidas. Esto se debe fundamentalmente a que ellas son las encargadas de la mantención de la comunidad, a través de la parición de nuevos hijos, y también por las redes y lazos que generan con la crianza de éstos. Además, al tener ellas el misterioso don de dar la vida, adquieren un estatus especial que se refleja en una preponderancia religiosa. Así es como en culturas del más diverso contexto, la encargada de intermediar con el ultramundo suele ser mujer: entre los mapuches este rol le correspondía a la machi, y entre los hebreos hay testimonios en sus tiempos primitivos de juezas mujeres (la jueza Débora, por ejemplo). También a esto responden instituciones antiguas tan peculiares como la prostitución sagrada, o el hecho de que desde antiguo se conozcan las "mujeres separadas", consagradas a la religión, como las "vírgenes del sol" incaicas, las vestales romanas o las actuales monjas católicas (si bien las "mujeres separadas" son de aparición posterior, y asociadas al surgimiento de las religiones patriarcales).

Por ende, los pueblos más antiguos tendieron a concebir el principio divino supremo con forma de entidad femenina: una Gran Diosa Madre, que al "parir" da la vida al universo entero. Parecía natural, porque un Dios masculino no es capaz de parir, y por tanto, no sería capaz de crear al universo entero. Después, los hombres inventarían un nuevo mecanismo para sus dioses masculinos, la "creación por la palabra", pero esto en el Paleolítico era aún desconocido.

Testimonio de este culto es la aparición de numerosas estatuas rupestres con formas femeninas, y con los rasgos propios de la fertilidad (pechos y vientre) abultados. Son las llamadas "venus", que se reparten por todo el continente europeo a lo largo de milenios.

TRAS LA BIBLIA (2): EL PARAÍSO TERRENAL (GÉNESIS 2).


El relato del segundo capítulo del Génesis tiene un tono muy distinto al primero. Se menciona que en el día de la Creación, Dios crea todas las cosas, y al final de las cuales, crea al hombre, a Adán, por el consabido método de moldearlo en barro e insuflarle el aliento de la vida. Luego, para que culmine el trabajo de la Creación, manda llamar a todos los animales, a los cuales Adán pone nombre. Sin embargo, como no se encuentra a ninguno capaz de igualarse con Adán, Dios crea a Eva, a partir de la celebérrima costilla, ante lo cual Adán dice feliz que "será llamada varona, porque del varón ha sido tomada"... (en hebreo, la palabra utilizada es el femenino de "hombre", por lo que la expresión no puede ser vertida fielmente al castellano).

Aquí empiezan a surgir los problemas de interpretación sobre la Biblia, porque la verdad es que el texto contradice en numerosos puntos al capítulo anterior. No hay creación por la palabra, sino que Dios recurre al pedestre método de moldear a sus creaciones en barro y meterles la chispa de la vida, como una divinidad grecorromana cualquiera (de hecho, eso es lo que hace Prometeo, entre los griegos). También contradice al capítulo anterior cuando señala que los animales fueron creados después que el hombre, mientras que en el texto anterior fue al revés. Y finalmente, después de todo eso, es creado Eva, mientras que el capítulo primero daba a entender que ambos habían sido creados al mismo tiempo. ¿Qué ha pasado...?

Como comentábamos, es probable que Esdras, o al menos alguien cercano al entorno de Esdras, un escritor conocido en los círculos académicos como el Sacerdote o la Fuente Sacerdotal, escribiera el capítulo 1. ¿Quién entonces, escribió el capítulo 2? Por descontado que no fue el Sacerdote. El estilo literario de ambos choca visiblemente, porque el escritor del capítulo 2 es florido y poético, mientras que el Sacerdote es seco y legalista. La única explicación posible es: ambos textos son de autores distintos, y fueron refundidos en uno solo, sin omitir las contradicciones.

¿Quién escribió el texto del capítulo 2? Hay algunas pistas rastreando los otros capítulos que son su responsabilidad en el Génesis y los libros subsiguientes. El autor del capítulo 2 era una persona versada en mitología, y debía conocer muy bien la Epopeya de Gilgamesh, un antiquísimo poema épico de Sumeria, anterior en a lo menos mil años a las partes más antiguas de la Biblia. En la Epopeya se describe a los dioses con un estilo que calza a la perfección con los métodos de alfarero que usa Dios para crear a Adán y a Eva (la historia del Diluvio de Noé, que mencionaremos después, está calcada de un episodio de la Epopeya, el Diluvio de Upnapishtim). Este autor, por tanto, adaptó una leyenda sumérica que ya era antigua en sus días, y que debía conocer porque la religión sumérica era conocida en todo el Medio Oriente. Sabemos esto porque se han encontrado tablillas con fragmentos de la Epopeya de Gilgamesh en toda la región, y además porque hay numerosos dioses que tienen nombres parecidos en la región: así, la sumérica Ishtar se corresponde con la Astarté fenicia, con la Arinna hitita, y con la Aserah cananea (la Arinna hitita, a su vez, dio origen a la Cibeles frigia, que pasó a la mitología griega, y después a la romana bajo el nombre de Rea, e inspiró a los cristianos para modelar, a su imagen y semejanza, a la Virgen María).

Se desconoce quien fue este autor, pero por su manera de trabajar el hebreo, mucho más arcaica que el Sacerdote, se piensa que vivió a lo menos unos 400 o 500 años antes, quizás hacia el año 900 u 800 AC. Su empresa parece haber sido la de escribir una historia del Pueblo Elegido, desde la mismísima Creación en adelante. Así, el actual capítulo 2 del Génesis habría sido el inicio de su historia.

La identidad de este autor permanece desconocida. Sin embargo, se sabe que a partir del episodio de la Zarza Ardiente contenido en el Exodo, llama a Dios por el nombre YHVH (Yehú o Yahu, que pasó hasta nosotros como Yahveh), por lo que se lo llama académicamente el Yavista, o bien la "Fuente J". El primero que escribió sobre su posible existencia, fue un erudito francés llamado Jean Astruc, en 1753. El Yavista escribió en el tiempo de crisis de los hebreos (cuando estaban divididos en dos reinos, Israel al norte y Judá al sur), y su relato es proclive a los intereses de Judá, en particular repasando su abigarrada historia política con el vecino reino de Edom. Se asocia al Yavista con el sacerdocio de Aarón y el santuario de Jerusalén (volveremos sobre esto más adelante, en particular cuando entre en escena su gran rival, el Eloísta).

Estamos entonces ante uno de los relatos más antiguos de la Biblia, escrito por un autor que no conocemos, y al que llamamos Yavista, y que busca escribir una historia del pueblo hebreo desde el origen más remoto de los tiempos. Su historia parte con este capítulo 2, en donde describe a Dios y Adán en términos que cualquier estudio mesopotámico de la mitología hubiera celebrado como bastante ortodoxos. Nos volveremos a encontrar en lo sucesivo al Yavista, así como al Sacerdote, en varias otras ocasiones y contextos.